La presencia del príncipe Felipe de Edimburgo será extrañada en los eventos deportivos del Reino Unido. A pesar de haberse retirado de la vida pública en 2017, debido a su edad, aún asistía a algunas citas deportivas. Y es que la imagen de Felipe, quien falleció ayer a sus 99 años de edad, siempre estuvo ligada a los mayores acontecimientos deportivos del reino británico. Desde grandes torneos de Wimbledon hasta finales de Copa del Mundo de futbol; además, de ser él protagonista en el deporte del polo o de carruajes, sin olvidar Juegos Olímpicos.
Su pasión nunca fue el futbol, deporte rey de Inglaterra y Europa, tampoco el tenis; pero por su matrimonio con la reina Isabel II lo invitaban a presenciar como invitado de honor grandes citas del mejor torneo de tenis mundial, como lo es Wimbledon. Además de presenciar desde un sitio privilegiado la prestigiosa final que protagonizaron Inglaterra y Alemania en el único Mundial de Futbol que se ha celebrado en Inglaterra. En aquella Copa del Mundo de 1966, Felipe saludó uno a uno a los campeones ingleses y presenció desde primera fila como su esposa entregaba el trofeo que coronaba a los locales.
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Como aficionado, el deporte del príncipe de Edimburgo era el cricket, además del polo, deporte por el cual sí compitió en su juventud, y que incluso le llevaron a cruzar continente para encuentros internacionales. Su talento siempre fue reconocido en el mundo del polo, deporte que era su mayor pasión. Fueron varias las ocasiones en las que Felipe rechazó varios compromisos importantes debido a este deporte. Su amor por los caballos lo llevó después al mundo del hípico, más específico, en las conducciones de carruaje, donde representó al Reino Unido en seis campeonatos del mundo y tres de Europa. En este deporte, hizo su última participación, de forma competitiva, en 2005.
Entre sus mayores actos representativos a nivel general, se encuentra la inauguración de los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. Representando a su esposa, quien era la nominal jefe de Estado de Australia, Felipe declaró en aquella gran cita el inicio de las Olimpiadas. No sería la única vez que el máximo representante de Edimburgo se acercara a uno de los eventos deportivos más visto a nivel mundial, puesto que su hija, la princesa Ana, fue olímpica en Montreal 1976, participando en el equipo ecuestre británico. Y posteriormente, su nieta, hija de Ana, fue medallista en las Olimpiadas de Londres 2012, en la misma disciplina deportiva.
Felipe también fue presidente de dos federaciones deportivas de Inglaterra. Primeramente, a finales de la década de los años 50, presidió la Federación de Futbol; y desde 1964 hasta 1986, fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.