Liberalismo conservador vs. FSLN

No se sabe en realidad de dónde, quiénes han lanzado y respaldan a cada uno de los tantos candidatos o precandidatos aspirantes a la Presidencia de la República. Se identifican como una parte de la oposición que meses atrás no pudo organizar un bloque monolítico opositor, dejando claro al pueblo nicaragüense y a su vez el pueblo nicaragüense en su mayoría los dejó también muy claro que no los respaldó y que no son la oposición entera. Si hubiese habido aquel respaldo, estaríamos frente a una oposición nacional y compacta, y es lo que no se ve ni existe.

Cierto es que por no ser miembro de un grupo u otro de los que promueven candidaturas se deja de ser opositor en Nicaragua. Postularse como candidato o precandidato opositor a un cargo de elección popular es un derecho ciudadano. Pero para ello se necesita respaldo partidario y hay deficiencias partidarias tan abismales en nuestro país que en su recorrido pasan por haber adormecido, decepcionado a la mayoría de los nicaragüenses que en encuestas varias reflejan que no votarán en noviembre, no siente el 70 % de los votantes preferencia alguna por ningún partido político opositor, existe una desesperanza política instalada en el país ocasionada por el desgaste de los pleitos, las desavenencias entre grupos opositores, la falta de unidad, cerrando con la desalentadora realidad que todos los partidos políticos opositores son zancudos-colaboracionistas del presente gobierno y no logran por ello captar más del 5 % de los votos. Y con esto 1) no se compite y 2) no se gana una elección.

Uno de los miembros de la Comisión de Buena Voluntad de ciudadanos de avanzada edad que trata de unificar esa parte de la oposición, expresó a LA PRENSA el 29 de septiembre del 2020, acerca de estos grupos, que “de todos no se saca uno”; y el otro miembro es un destacado y conocido exembajador del FSLN en Washington DC y ministro de Educación de Daniel Ortega en los ochenta. Sumado a lo anterior, la inclinación por algunos de los candidatos surgidos les han causado notables desventajas. Así es nuestro ambiente.

Examinando con consultores nacionales y directivos de ProVoto, hemos alertado a la oposición nicaragüense que perderán las elecciones si no surge de inmediato una fuerza emergente política y robusta en forma de un nuevo tejido ciudadano demócrata y creíble de partido que catapulte y seleccione candidatos, que lance y presente nuevos programas de gobierno que entusiasmen al pueblo demócrata votante para que dejen sus casas y lugares y vayan a las Juntas Receptoras de Votos a depositar su voto en noviembre. A mayor abstención, menor oportunidad para la oposición de salir triunfante; a menor abstención, las probabilidades aumentan. Esta fuerza robusta debe emerger, aunque otros partidos existentes participen en las elecciones dividiendo el voto democrático o porque reclaman ese derecho.

Ese tejido ciudadano debe tener una inspiración ideológica, filosófica. Sin ambigüedades, la única existente que es latente y que con fuerza se puede oponer al FSLN es la del liberalismo y la de un liberalismo conservador en asuntos sociales, económicos, políticos y éticos. Es el liberalismo conservador que reacciona favorable a los símbolos de la bandera roja sólida y a la Hermosa Soberana en Nicaragua. No se asusten. Es la realidad política actual. Se debe proyectar como una variante moderna del liberalismo clásico de amplio espectro que engloba la de centro-derecha del liberalismo como la derecha conservadora tradicional. Valores liberales con posturas conservadoras en políticas públicas, derecho de familia, reproductivos y sexuales. Estado mínimo, reducido con defensa enérgica del orden democrático, del orden jurídico, de relaciones internacionales, unidad centroamericana, de bajos impuestos, regulaciones escasas, donde el Estado intervenga para asegurar el marco creador de empleos del sector privado, mercado libre, valores religiosos, propiedad privada y trato igual para todos en el país y en el exterior. La desigualdad social siempre va a existir, se sabe es inevitable pero hay que marcar con decisión en el liberalismo conservador el orden social, los valores de la moral tradicional y que todos somos iguales ante la ley.

La nueva fuerza emergente y robusta combinada con la filosofía política ideológica del liberalismo conservador abrirá la mente entusiasta del votante y si ha funcionado en Chile y Brasil, Nicaragua no será la excepción.

Pero eso sí, más importante que en la oposición se llegue a entender o se entienda este planteamiento y que alguien o algunos lo pongan en práctica, es que el proceso electoral en noviembre sea claro, justo, transparente y observado, previas reformas electorales para ello.

El autor es abogado y presidente de ProVoto.

Opinión Daniel Ortega FSLN archivo

COMENTARIOS

  1. Hace 5 años

    En general el escrito esta bien porque es la utopia que la mayoria de Nicas quieren, pero poner de ejemplo a Brasil donde hay un aprendiz de dictador es absurdo.

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