Bernardo Pilatti

Chocolatito vs. el Gallo: el peso de las urgencias y el trabajo en equipo, “como en la F1”

"No hay nada más acompañado que un solitario piloto de Fórmula 1". Esa frase no está en ningún lado, termino de inventarla al imaginar la arquitectura previa a la pelea del 13 de marzo

«No hay nada más acompañado que un solitario piloto de Fórmula 1». Esa frase no está en ningún lado, termino de inventarla al imaginar la arquitectura previa a la pelea del 13 de marzo. La de Román «Chocolatito» González y Juan Francisco «Gallo» Estrada. Los dos, cada asalto, estarán inexorablemente solos, solos contra su rival y solos contra sus propios fantasmas. Son pilotos de sí mismos, la mente dirige y el cuerpo es el bólido que deben conducir. Tienen paradas en los pit stops, trabajo de mecánicos en la esquina y órdenes del director del equipo. Podría ser acelerar en una curva para ganar una posición temprano o, por el contrario, perder dos posiciones al comienzo para cuidar las gomas, preservar el rendimiento del motor y llegar entero a las vueltas finales. O sea, la pelea corta o la pelea larga es una fascinante lucha donde es un engaño imaginar que hay un solo responsable de la derrota o de la victoria. Eso es el juego de equipos. Tanto cuenta lo que hace tu piloto como cuenta lo que hace el piloto de ellos. Y de eso se trata la vaina de este enfoque: identificar en el trabajo del equipo las señales que podrían iluminar un posible pronóstico.

Y en ese juego, entre un equipo mexicano que dirige un entrenador de apellido Caballero y un equipo nicaragüense que dirige un entrenador de apellido Caballero, ya hay señales. En las casas de apuestas arrancó adelante el Gallo Estrada. En la paz y la normalidad de cada campamento, arrancó adelante Chocolatito González. Lo primero implica confianza de un sector importante de la fanaticada, los apostadores son estudiosos del boxeo, analizan factores, escuchan a los expertos y luego manejan su apuesta como expertos. O sea, fundamentan el gasto y no es para menos: es su dinero. Que ellos elijan a Estrada es señal de algo. Seguro confían en el poder de su pegada, en la efectividad de su contragolpe, en su juventud y hasta en la motivación de quién persiguió esta pelea por años.

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Lo segundo, aquellos factores que benefician a Román González no son poca cosa. Un campamento normal, con el clima adecuado, en el mejor lugar, con la logística adecuada y con el tiempo necesario para compaginar todas sus partes: corte gradual de peso, acondicionamiento físico y el tiempo necesario para ensayar una y otra vez cada plan de pelea, es ganancia. Me podrían alegar que en la otra vereda Estrada ha tenido lo mismo y eso no hace diferencia. Sin embargo, sí lo hace y aquí llegamos a la metáfora del título: el peso de las urgencias y la labor en equipo.

El equipo de Estrada tiene urgencias inevitables, de esas que provocan una presión abrumadora y colocan el temple emocional a prueba. Estrada perdió su primera pelea con González, hace ya largos ocho años. El 13 de marzo, será como si esa derrota fue ayer, porque la estadística es cruel y obligará al Gallo a subir sabiendo que no hay mañana para una segunda derrota: debe ganar. Con todo lo que ello implica de agobio mental. Su entrenador, Alfredo Caballero, viene de perder de mala manera en su última pelea, la de su otro pupilo estrella: Miguel Berchelt. Ese combate contra Oscar Valdez y sobre todo contra la esquina de Valdez (Eddy Reynoso) dejó duras consecuencias. Consecuencias de tal magnitud que no aceptan un segundo descalabro en poco más de quince días. La esquina, el equipo de Estrada, vive y vivirá esta pelea atormentado por esa presión, por esas urgencias. Todo lo contrario, al equipo de Chocolatito.

¿Y cómo esto repercutirá en el resultado? Lo probable es que lo acelere. Estrada podría apostar a los riesgos de consumir combustible y gomas de manera temprana para sacar ventajas. Se traduce en lastimar temprano, sorprender temprano, para evitar problemas mecánicos. Léase, “que le falle su lesionada mano derecha”. Por ejemplo. O podría apostar a lo contrario, la carrera larga, imaginando que sean reales las previsiones de que esta revancha se decide como la primera: en las tarjetas. Eso lo decidirá el equipo, bajo nervios, presión y sabiendo que no pueden fallar.

Chocolatito parece tener decidida su estrategia: carrera larga y ritmo de carrera consistente: léase el mismo ritmo de pelea y mismo volumen en cada asalto, mediante esos mil golpes prometidos. O sea, la misma pelea de principio a fin y luego sobresalir en las tarjetas.

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Es cierto que son dos grandes equipos y puede ganar cualquiera esta carrera. No obstante, en la F1 la regularidad en el ritmo del piloto facilita el trabajo de su equipo, aleja la posibilidad de errores y basta revisar las claves en los triunfos de los mejores pilotos para comprender que no gana quien busca apurar en la corta, el que suma más victorias es el aquel que cuida el poder de su motor, para que no le falle en la recta final. Si alguien lee la pelea imaginando esa analogía, pues, está claro que el equipo de Chocolatito, ya partió en la delantera.

Deportes Román González archivo

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