LA PRENSA/Archivo.

Ajuste del salario mínimo: en algunos sectores ni con dos salarios se pueden cubrir los costos alimentarios

¿Tienen motivos los trabajadores para celebrar el nuevo ajuste salarial? Un economista y un sociólogo analizan el tema

Para que una familia en el sector agropecuario de Nicaragua pueda comprar todos los productos y servicios de la canasta básica, valorada en enero último en 14,951 córdobas, tiene que juntar 3.4 salarios mínimos. Con el nuevo ajuste, de tres por ciento, que se aplicará desde marzo, la paga mínima de ese sector será de 4,414.91 córdobas.

Otros trabajadores que están en similar condición son los de la micro y pequeña industria artesanal y turística nacional, que solo recibirán uno por ciento más de ajuste salarial. La paga mínima en su caso será de 4,651.47 córdobas. Así que, para que una familia de este otro sector pueda adquirir los 53 productos y servicios de la canasta básica, necesita 3.2 salarios mínimos.

En otras palabras, ni entre dos miembros de un hogar que trabajan en cualquiera de esos dos sectores reúnen el dinero suficiente para comprar los productos básicos de alimentación, que tuvieron un costo de 10,115 córdobas en enero pasado.

La cesta de productos básicos se compone de tres partes: alimentos básicos; productos y servicios del hogar; y vestuario. Si bien para algunos se podría prescindir alguna vez de la última parte, en las dos primeras están los productos y servicios básicos de cada hogar nicaragüense.

Pero, al sumar el costo de los bienes alimentarios (10,115 córdobas) de la cesta de productos básicos del país, con el de los productos y servicios del hogar (3,094 córdobas), se llega a la cifra de 13,209 córdobas, la que solo se podría pagar juntando tres salarios mínimos.

¿Qué pasa con los otros sectores? Los trabajadores con mejor salario mínimo en el país son los de los sectores “electricidad, agua, comercio, restaurantes, hoteles, transporte, almacenamientos y comunicaciones” y “construcción, establecimientos financieros y seguros”, los que necesitan juntar desde 1.5 hasta 1.8 salarios mínimos para adquirir todos los productos de la cesta de bienes básicos.

Otros sectores, como el de la pesca, la industria manufacturera, zona franca y el gobierno central y municipal, necesitan desde 2.2 hasta 2.7 salarios mínimos para cubrir el costo de los 53 productos y servicios básicos. ¿Qué han ganado entonces los trabajadores con un ajuste del tres por ciento (1 % en el caso de la micro y pequeña industria artesanal y turística nacional) en el salario mínimo y qué tienen que celebrar?

Actividades económicas Salario vigente desde septiembre de 2020 Nuevo salario a partir del 1 de marzo de 2021 Aumento absoluto
Agropecuario 4,286.33 4,414.91 128.58
Pesca 6,517.50 6,713.02 195.52
Minas y canteras 7,698.07 7,929.01 230.94
Industria manufacturera 5,763.44 5,936.34 172.9
Micro y pequeña industria artesanal y turística nacional 4,605.42 4,651.47 46.05
Industrias sujetas al régimen fiscal* 6,926 * vigente este año 0.00 0.00
Electricidad, agua, comercio, restaurantes, hoteles, transporte, almacenamientos, almacenamientos y comunicaciones 7,861.99 8,097.84 235.85
Construcción, establecimientos financieros y seguros 9,592.40 9,880.17 287.77
Servicios comunitarios, sociales y personales 6,008.97 6,189.23 180.26
Gobierno central y municipal 5,345.25 5,505.60 160.35

Para el sociólogo y economista Cirilo Otero, estos no tienen nada que celebrar, pese a que el régimen Ortega Murillo y los sindicalistas oficialistas lo presenten como un gran logro, en un año electoral.

En tanto, el economista Maykell Marenco advirtió que el ajuste salarial aliviará momentáneamente la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores que se rigen por el salario mínimo, pero no será por mucho tiempo.

Un tema muy complejo

Para los economistas, el tema del salario mínimo y su relación con la satisfacción de las necesidades básicas de la población es complejo. No es un problema nuevo, pero tampoco se puede decir que no tiene solución. Lo que pasa en Nicaragua, de acuerdo con los estudiosos, es que prevalece el aspecto político y populista por encima de un análisis meramente técnico para acabar con esa desigualdad.

El sociólogo y economista Otero explicó que el salario mínimo lo que hace es una valoración de la fuerza de trabajo y la definición del precio a pagar, pero, según él, el peor método para definirlo y ajustarlo es a través de una “valoración apreciativa”, y no meramente técnica. “Esta es la primera cosa grave que se hace aquí, porque eso se suele hacer en los pueblos pobres, dependientes y con gente ignorante”, criticó.

Indicó que el salario mínimo tiene que definirse de acuerdo con la complejidad del trabajo, la capacidad o preparación para la actividad laboral que se realiza y las exigencias y habilidades tecnológicas de la mano de obra del país, pero esos aspectos no cuentan en la realidad nicaragüense. Por el contrario, aseveró, el régimen y los empresarios tratan de que el ajuste sea el menor para evitar la inflación, porque Nicaragua tiene una economía altamente especulativa. “Aquí la gente oye decir que el salario mínimo subió tres por ciento e, inmediatamente, ya le suben 10 córdobas a cada cosa. Es grave, porque es una economía que no está sujeta a la producción versus precio”, indicó.

Para el economista Marenco, el tema del salario mínimo es complejo porque tiene diferentes perspectivas: la del trabajador, la del empleador y la del Gobierno.

Pero en este momento, recordó, la situación es aún más compleja, porque Nicaragua ha pasado por tres años de recesión económica, una reforma tributaria en 2019, el impacto de una pandemia y dos huracanes que provocaron desastres en algunas zonas del país. Al tomar en cuenta este contexto, para el estudioso, con el nuevo ajuste salarial no se está resolviendo “en nada” el problema medular de la relación desigual entre el salario y la satisfacción de las necesidades básicas de la población.

“¿Qué es lo que sucede con la negociación tripartita del salario mínimo? Que es una decisión política la que se toma. No necesariamente está tratando el problema medular, que tiene que ver con el poder adquisitivo de las personas”, advirtió Marenco, coincidiendo con Otero.

Lea además: ¿Estás sin empleo? Estos son los sectores que siguen contratando personal pese a la recesión en Nicaragua. Todo lo que debés saber para conseguirlo

Señaló que con ese ajuste más bien se está empeorando más el problema, porque los trabajadores nicaragüenses recibirán un aumento nominal, que no variará con relación al impacto que tendrá esa decisión en la economía del país.

“Cuando hablamos de salario mínimo en Nicaragua, tendemos a pensar que las que van a pagarlo son las grandes compañías, pero la verdad no es así. Las grandes empresas por lo general pagan por encima del salario mínimo. Esto va dirigido más bien a las micro, pequeñas y medianas empresas, y en Nicaragua las microempresas representan el 95 por ciento del tejido empresarial del país (…) Dicho esto, significa que esa medida política (del ajuste salarial) va dirigida a un sector productivo vulnerable y que ha estado más vulnerable en los últimos años”, analizó el economista.

Agregó que, cuando eso se da, las empresas toman la decisión de incorporar ese ajuste en sus costos operativos, lo que a su vez genera aumento de precios sectoriales. Por otro lado, Marenco señaló que, cuando las empresas no pueden introducir el ajuste como parte de sus costos operativos, lo que hacen es recortar personal o jornadas laborales, lo que redunda en desempleo, una mayor informalidad o un deterioro del salario real.

“Entonces, con este ajuste, el trabajador obtiene una leve mejoría en sus ingresos, pero puede quizás quedar en el mediano plazo en una situación peor, porque se da un desincentivo del empleo y una posibilidad de aumento de precios sectoriales. Y esto no lo estoy inventando yo. Lo indica la teoría económica”, sostuvo Marenco.

Ocho sectores económicos recibirán el ajuste salarial desde el 1 de marzo.
LA PRENSA/ ARCHIVO.

Teatro y populismo

Otero calificó como “un teatro” o “un circo de mala muerte” la negociación del salario mínimo en Nicaragua, en la cual los negociadores pasan reuniéndose cada jueves, durante ocho semanas, para discutir un ajuste salarial que, en su opinión, se define con una decisión política, tomada por el régimen.

“Todo lo que hubo ahí fue un teatro, y un circo de mala muerte. Lo monta el sandinismo con los sindicalistas de los llamados sindicatos blancos. Pasan ocho semanas en reunión y la ministra del Trabajo ya sabe con anticipación hasta dónde va a llegar la cosa (el ajuste salarial)… Todo está miserablemente amarrado desde el principio. Aquí no hay un análisis del salario por la vía técnica, sino que se hace por la vía apreciativa y de carácter político”, criticó Otero.

Por otro lado, refirió que el régimen mantiene una política de dádivas para sus allegados, con lo que cree que complementa la falta de un verdadero y justo salario de los trabajadores. “Como este gobierno es populista, le da por debajo a la gente que un saco de comida, uniformes, cosas para los hijos, cuadernos y mochilas con fotos de los policías, entre otras bandidencias. Pero ese populismo no es correcto. La gente debe comprender que con su salario debe sufragar sus necesidades”, explicó el sociólogo y economista Otero.

Lea también: Gobierno de Ortega dice que creó 58,870 empleos en el 2019 a base de «economía creativa». Esta es la realidad detrás de esos puestos y su riesgo

Un problema estructural, pero se puede resolver

El economista Maykel Marenco aseveró que este problema planteado sobre el salario mínimo y la falta de satisfacción de las necesidades básicas de la población se puede resolver, aunque admitió que es un problema estructural y que se necesita voluntad política para lograrlo.

“Primero, lo que se debe hacer es generar confianza en el sector privado, y la confianza deriva de la credibilidad y estabilidad política. Es decir, mientras el problema político del país no esté solucionado, tampoco lo estará el problema económico. A partir de ahí, se deriva también la confianza de los consumidores y las personas tienen más motivos para quedarse en el país, antes que de escapar. Al incentivar los niveles de consumo y la oferta laboral, también se incentiva la inversión extranjera directa. Estos son capitales que, por lo general, están direccionados a generar empleos con un nivel mayor de calidad y salarios más competitivos”, explicó el economista.

Por otra parte, señaló que las políticas públicas y decisiones deben dirigirse a reducir la informalidad en el mercado laboral y que las unidades productivas se transformen: “Se debe buscar que los empresarios crezcan y migren a otras estructuras: los micro a pequeños, los pequeños a medianos y los medianos a grandes”. Eso se logra, de acuerdo con el economista, reduciendo la presión tributaria, resolviendo los cuellos de botella que existen para hacer negocios, como el de los altos costos de la energía eléctrica.

Le puede interesar: ¿Dónde va a parar el dinero que se ahorra en la factura petrolera? En 2020 tuvo un alivio de al menos US$336 millones

En Nicaragua se estima que la informalidad anda por el 75 por ciento y el subempleo por el 46 por ciento. En este sector de la población, según el economista, la problemática es más complicada, porque apenas consiguen llegar al 25 por ciento del salario mínimo promedio con sus ingresos.

“No llegan a reunir ni el salario mínimo completo (que en promedio es de alrededor de 6,000 córdobas). Entonces, imagínate si podrán cubrir el costo de la canasta básica”, refirió Marenco.

Voluntad política

Para el economista Marenco, en este momento se ve como una utopía pensar en esa serie de cambios y decisiones que permitan mejorar las condiciones salariales de la población; sin embargo, insistió en que la clave está en la voluntad política.

“Por supuesto que se ve como utópico porque sabemos que no existe voluntad política en este aspecto, pero supongamos que viene un nuevo gobierno, con una nueva perspectiva. ¿Cuál sería el supuesto en este caso? Por ejemplo, puede regular el tema de las ineficiencias en el mercado de la energía eléctrica y reducir la presión tributaria. Son dos cosas que se pueden hacer, porque solo se requiere de voluntad política. Y eso generaría flexibilidad en el mercado laboral, incentivando a que las empresas que están en la informalidad pasen a la formalidad”, sostuvo el economista.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí