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El presidente del Zoológico Nacional de Nicaragua y también veterinario, junto a un tigrillo margay que se encuentra en el Centro Nacional de Rescate Vida Silvestre. LA PRENSA / R. FONSECA

El presidente del Zoológico Nacional de Nicaragua y también veterinario, junto a un tigrillo margay que se encuentra en el Centro Nacional de Rescate Vida Silvestre. LA PRENSA / R. FONSECA

Más que un centro de rescate, la segunda oportunidad para la vida silvestre de Nicaragua

El Zoológico Nacional es solo la cara bonita y salvaje de un proyecto que busca rescatar, rehabilitar y liberar especies que se han enfrentado al más grande depredador: el hombre. Con ustedes, el Centro Nacional de Rescate de Vida Silvestre

Dos monitos sin sus madres permanecen en la sala de mamíferos neonatos. Un par de guatusas con heridas y la mitad del cuerpo pelado se alimentan en un espacio compartido. Un mapache y al menos cuatro pizotes están en sus jaulas de recuperación; tienen marcas visibles en sus cuerpos de cuando los tenían atados, sometidos como mascotas domésticas. Todos son parte de los actuales ingresados en el Centro Nacional de Rescate de Vida Silvestre, ubicado en el Zoológico Nacional de Nicaragua, a 16 kilómetros de Managua.

De este centro pocos conocen, aunque ahora estén mucho más activos en su cuenta de Facebook, donde comparten y hacen llamados de conciencia a la población sobre la importancia del cuido de la fauna silvestre que sigue siendo víctima de la explotación, abuso y maltrato de humanos, pero también está expuesta a accidentes o se ve afectada por la explotación de su hábitat natural.

Aquí llegan las denuncias, se movilizan a traerlos o los reciben cuando algún buen samaritano lleva al animal herido o rescatado para que lo atiendan; los captan, curan sus heridas, los alimentan y rehabilitan. Les dan toda la atención necesaria hasta que están completamente recuperados y cumplen su misión final: liberarlos en un entorno natural seguro al que pertenezcan para que se reinserten.

Suena fácil y rápido, pero es un proceso largo, complejo y que requiere de mucho dinero para brindarles toda la atención veterinaria, alimentos y rehabilitación que necesitan. De esta labor se encargan los directores y colaboradores del zoológico, junto al equipo especializado del Centro de Rescate, pero para este trabajo diario requieren de todo apoyo monetario posible.

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El Centro de Rescate comenzó a funcionar en paralelo cuando Marina Argüello y el veterinario Eduardo Sacasa se hicieron cargo del Zoológico en 1997, pero la inauguración oficial del sitio fue hasta en junio de 2011 con el apoyo financiero de Humane Society Internacional. Su lucha inició principalmente por la conservación de la fauna del país. Han pasado los años y la labor se ha mantenido en pie a pesar de las adversidades, la principal siempre ha sido la económica, según los administradores.

Dos guatusas se encuentran en el Centro de Rescate del Zoológico en rehabilitación. LA PRENSA / R. FONSECA
Dos guatusas se encuentran en el Centro de Rescate del Zoológico en rehabilitación. LA PRENSA / R. FONSECA

Mucho trabajo, pero pocos recursos

Lejos de la vista del público, en un traspatio del Zoológico Nacional, se encuentran animales heridos y enfermos en procesos de recuperación. Durante el 2020, el Centro de Rescate recibió y albergó a 183 animales silvestres entre aves, mamíferos y reptiles.

El terreno del Zoológico tiene aproximadamente 2.7 manzanas, sin embargo alquilan 2.5 manzanas más para el Centro de Rescate, donde albergan a animales decomisados, donados o que los mismos ciudadanos llevan enfermos y golpeados por maltrato.

Actualmente, para que el zoológico funcione necesita cada año 14.5 millones de córdobas, el Estado a través de la Asamblea Nacional, solo destina 4.6 millones de córdobas. El resto de fondos necesarios se gestiona a través de donativos económicos, venta de artículos alusivos al Zoológico y por donaciones de alimentos o insumos.

Las necesidades son múltiples y van desde medicinas y alimentos hasta reparación y mantenimiento de las jaulas. Cada año tanto el zoológico como el Centro de Rescate logran subsistir con el dinero que generan las entradas al zoológico y de donaciones, pero el último año sufrieron los estragos de la pandemia que afectó también las visitas al lugar. Además que a criterio de Argüello este lugar es “la cara desconocida del Zoológico, de la cual nadie habla o ni siquiera conocen“, pero que necesita del apoyo de la comunidad que valora la fauna nacional.

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“Son muchas las necesidades que pasamos y lo que tenemos que hacer para poder cubrirlas. Por ejemplo, las botas hemos tenido que parcharlas con pedazos o trozos de neumáticos. El equipo que tenemos para el Zoológico es el mismo que asiste el centro de rescate, que no está completo porque nos hace falta muchísimo, pero no tenemos más presupuesto”, sostiene Argüello, actual directora del Zoológico.

Sacasa aseguró que el 2020 fue un año duro para el centro que se mantiene con lo que generan las entradas al Zoológico: cada persona paga menos de un dólar —30 córdobas en efectivo— y se pagan 20 córdobas adicionales para entrar al Mariposario. Pero todo fue en picada por la pandemia del Covid-19.

Marina Argüello, directora del Zoológico Nacional comenzó a criar a una tigrita bengala por allá en 1997. LA PRENSA / R. FONSECA
Marina Argüello, directora del Zoológico Nacional, comenzó a criar a una tigrita bengala en 1997, desde entonces no ha parado su labor al cuido de los animales. LA PRENSA / R. FONSECA

Su primera cría

A sus 66 años, Marina Argüello rebobina entre sus recuerdos y menciona que su primera labor como rescatista de animales silvestres fue hace 23 años, cuando le tocó criar a una tigrita de bengala, hija de dos felinos hermanos de Colombia: nació enferma y sufrió el rechazo de su madre.

“Al rechazarla, nos dio pesar y nosotros la llevamos a la casa. Fue la primera felina, costó muchísimo, porque era bien delicadita (…) Así fuimos aprendiendo, la traíamos todos los días al Zoológico. Son 23 años en los que hemos logrado criar una cantidad incalculable de animales”, comentó con la voz entrecortada tras el recuerdo de Nieve, la tigresa de bengala que nació en cautiverio en el Zoológico de Nicaragua. A pesar de los dedicados cuidados de Argüello, Nieve falleció a los quince días de nacida producto de complicaciones respiratorias. La satisfacción de cada liberación exitosa de animales recuperados es igual de enorme que el dolor cuando alguno de ellos no logra salvarse.

Los huéspedes

Todo el que llega “es ave de paso”. Entran para recuperarse y volver a su hábitat, ese es el objetivo. En el centro se encuentran más de 70 aves como tucanes pico iris, tucanes picos de navaja,  tucán bicolor, chocoyos, loras, cotorritas, gavilanes, querques y palomas que llegaron con sus alas dañadas, mal cortadas e incluso golpeadas. El último rescate fue a una pareja de jaguares en el Caribe Norte.

También hay más de 50 mamíferos entre guatusas, monos carablanca, mapaches, pizotes, conejos, ardillas, jabalíes y monos araña que por meses e incluso años fueron domesticados, algunos maltratados y ahora permanecen en rehabilitación.

Más de 12 tucanes pico navajas se encuentran en rehabilitación en el centro de rescate, para posterior ser liberados. LA PRENSA / R. FONSECA
Más de 12 tucanes pico de navaja se encuentran en rehabilitación en el Centro de Rescate, para posteriormente ser liberados. LA PRENSA / R. FONSECA

“Alguien tenía que hacerse cargo de ellos”

Desde hace 23 años el matrimonio Sacasa Argüello ha dedicado su vida a rescatar y rehabilitar animales silvestres. Ante la pasividad e ineficiencia de las autoridades del Gobierno y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), a quien le corresponde velar por la conservación de las especies, ellos decidieron hacerse cargo.

Ahora el Centro de Rescate está equipado con dos salas de neonato para aves y mamíferos; cuatro módulos conformados por 36 jaulas, una gran jaula de prácticas de vuelo en forma de L, una jaula grande para la última etapa de rehabilitación de monos, y 25 jaulas movibles de malla de un metro de largo, además de una clínica, recepción y jardines que son utilizados para brindarles atención integral.

La directora del Zoológico explicó a LA PRENSA que el proceso del rescate se realiza de manera formal a través de una ficha de donación donde la persona les otorga potestad y tutela a los directores quienes deciden si el animal se puede rehabilitar, reintroducir o reproducir. Aclaró que ellos no tienen la autoridad de decomisar los animales aunque incluso tengan conocimiento de maltrato animal.

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Una vez recibidos, el veterinario —Eduardo Sacasa— revisa en qué condiciones se encuentran los animales y de acuerdo con el diagnóstico los mandan a las áreas de neonato o rehabilitación, algunos pueden pasar meses e incluso años de cuidados dependiendo del estado. Otros casos leves se liberan de inmediato tras confirmar que están bien.

“Las personas que vienen a dejar a los animalitos tienen que entender que nunca más lo volverán a tener, no son un objeto, que no crean que acá es un hotel donde se curan y después se los lleven. La autoridad para decomisar a los animales es de Marena, pero ahora la gente se ha sensibilizado un poquito más y compra animales en la calle para rescatarlos y nos los traen, de acuerdo a su condición se rehabilita”, detalló Argüello.

German Mercado, uno de los trabajadores más antiguos del Zoológico Nacional en Nicaragua. LA PRENSA / R. FONSECA
German Mercado, uno de los trabajadores más antiguos del Zoológico Nacional en Nicaragua. LA PRENSA / R. FONSECA

Los trabajadores del Centro de Rescate tienen prohibido hablarles o acariciar como mascotas a los animales que se encuentran en rehabilitación. Se limitan a darles de comer y mantener limpias las jaulas, según Sacasa, porque es parte del proceso que busca que “los animales retomen su instinto salvaje y que vean en las personas peligro”.

Argüello coincide con Sacasa y sostiene que los animales “deben huir y odiar al ser humano porque realmente representan peligro para sus vidas y sus hábitats. Lo más esencial para nosotros es la salud y el bienestar de los animales, estamos y vivimos para ellos”.

Hay personas que se oponen a que el Zoológico exista, bajo la premisa de que los animales se mantienen en cautiverio y no en libertad, en su hábitat natural, pero la directora del Zoológico afirma que en estos casos puntuales son especímenes que afuera corren mucho peligro: ser cazados, asesinados e incluso comercializados.

“Están más expuestos afuera que aquí adentro, por ejemplo ¿vas a liberar un tigre de bengala en Nicaragua?, los están matando a ese tipo de especies, imagínese el peligro que atraviesan. Desde chiquita he protegido a los animales, es una tarea muy difícil donde no hay conciencia”, manifestó Argüello.

Misión liberación

Una vez que los animales silvestres son rehabilitados se les da de alta, es decir que son liberados en áreas naturales protegidas privadas debido a que según Argüello “en áreas estatales los mismos guardabosques los venden, los negocian desgraciadamente”.

La directora del Zoológico insiste en el rol fundamental que tiene el Gobierno de Nicaragua y sus instituciones en acompañar y propiciar la liberación segura, como en otros países donde tienen el apoyo incondicional de las autoridades.

Chocoyos, loras y cotorritas llegan al centro con afectaciones en sus alas. LA PRENSA / R. FONSECA
Chocoyos, loras y cotorritas llegan al Centro de Rescate con afectaciones en sus alas. LA PRENSA / R. FONSECA

“Nuestro país está pero ni en pañales. En Guatemala, el Centro de Rescate fue a liberar un guaspalito y cinco tortugas, los acompañó el Ejército, les facilitaron lanchas, y nosotros que hemos tenidos miles de liberaciones aquí —Nicaragua— a nadie le interesa, a nadie le importa y cuando nosotros los anunciamos otros país son quienes valoran la labor”, lamentó Argüello.

En los últimos seis años el centro de rescate ha liberado un total de 7,386 animales entre distintas especies de aves, reptiles, anfibios y artrópodos. Los encargados remarcaron que especies como loras, chocoyos, tucanes y monos son liberados en manadas.

“Son pocos los países en el mundo que rehabilitan y dejan libre a los animales en su hábitat natural, fue un trabajo duro. En este año se sumaron 454 animales entre mamíferos, aves y reptiles. El año pasado celebramos con una liberación de loras nunca antes vista, un total de 47 loras”, detalló el veterinario.

Otra de sus grandes satisfacciones está en que la administración Sacasa-Argüello logró que Nicaragua quedara a nivel mundial como uno de los mayores reproductores en cautiverio del danto o tapir, especie que se incluyó como animal emblema del Centro de Rescate y aparece en el logo y productos que el zoológico tiene a la venta para recaudar fondos.

Zooterapia

El amor que tienen los encargados del zoológico y del Centro de Rescate es enorme, no pierden ningún espacio para fomentar el cuido y la conservación de los animales silvestres en la población. Han promovido en los centros escolares y universidades, sean públicos o privados, las giras educativas.

“Nosotros no queremos llenarnos de especies exóticas, porque la parte educativa de enseñarle a la niñez la fauna nuestra es que lo más importante es protegerlos, no es lo que llame la atención al visitante. Nosotros no pensamos como Zoológico, pensamos en que queremos conservar nuestra fauna y medioambiente, el Zoológico ha sido una vía para poder lograrlo”, declaró Argüello.

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También educan a través de la zooterapia a niños con discapacidades que visitan el Zoológico. “Todos los animalitos que se mueren aquí nosotros los disecamos y los usamos para zooterapia para los niños ciegos, sordos, mudos, todos los niños con capacidades especiales que nos visitan (…) a ellos les encanta, es hermoso ver como los acarician y van conociendo el tipo de animalitos, vamos fomentando el amor hacia ellos”, añadió la directora del Zoológico.

Quienes quieran apoyar a que el Zoológico y el Centro de Rescate continúen funcionando pueden asistir al sitio —respetando la integridad de los animales— o bien convertirse en padrino o madrina de un animal.

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