Dos poetas precursoras

La edición N°20 de El hilo azul, revista literaria del Centro Nicaragüense de Escritores (CNE), rinde homenaje a dos extraordinarias precursoras de la poesía escrita por mujeres: Mariana Sansón Argüello, poeta, pintora, escultora y diseñadora, y María Teresa Sánchez, poeta, narradora, ensayista, pintora y promotora cultural.

Mariana Sansón Argüello, de cepa leonesa, fue artífice de una poesía que, por su originalidad, es difícil de encasillar en una determinada corriente literaria. Suele afirmarse que su poesía es surrealista o post-surrealista y hay quienes la emparentan con la poesía de Alfonso Cortés, aunque son distintas. Ambas fueron más allá del vanguardismo y del mismo surrealismo. Pablo Antonio Cuadra aseguraba que: “Mariana encontró un nuevo camino para su lírica: abordar el lado oculto de las cosas”.

Eduardo Zepeda-Henríquez advierte que Mariana “ha encontrado una poesía extraña: un juego de luces y sombras, donde la palabra es solo balbuceo”. Daisy Zamora, en su estudio sobre la poesía escrita por mujeres dice, de ella que “se yergue solitaria, como la única escritora heredera auténtica del surrealismo, de quien yo, hasta ahora tenga noticia”.

Desde el primer momento, la palabra fue el conjuro mágico de la poesía de Mariana. Las palabras fueron las provocaciones de su canto, que brotaba espontáneo y casi subconsciente ante el misterio que en ellas se agazapa en espera de una poderosa intuición poética que les hiciera surgir y que Mariana poseyó en alto grado. De ahí que don Pablo Antonio Cuadra nos advierta que Mariana Sansón “es un caso absolutamente sorprendente y femenino de la relación del poeta con la palabra”.

La propia Mariana nos lo dice en sus Confesiones que, a manera de prólogo, preceden Las horas y sus voces y otros poemas: “Por lo general, hay una palabra que al leerla, golpea mi cerebro y produce un desencadenamiento de voces y de ideas, que inmediatamente se sincronizan con mi mano y empiezo a escribir versos, como una serie, hasta que la energía interna que los produce, cesa”.

Sobre sus esculturas, tan apreciadas por su originalidad por el maestro Rodrigo Peñalba, fueron catalogadas por Carlos Martínez Rivas como “creaciones estereoplásticas”. Mariana Sansón Argüello también fue pintora poseedora de una estética muy personal e imaginativa. Como diseñadora sus famosas cotonas bordadas hicieron época en la sociedad nicaragüense de la última mitad del siglo pasado.

La otra voz poética femenina, a quien está dedicada esta nueva entrega de El hilo azul, es María Teresa Sánchez (1918-1994), “pionera de su sexo en la poesía nicaragüense” y pionera como promotora cultural en las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, con su Círculo de Letras “Nuevos horizontes”, que fue una especie de Ministerio de Cultura no gubernamental, que editaba una revista y organizaba tertulias literarias, conferencias y recitales de poetas jóvenes, entre ellos Carlos Martínez Rivas, Ernesto Mejía Sánchez, Manolo Cuadra, Ernesto Cardenal y Pablo Antonio Cuadra.

María Teresa Sánchez es, hasta ahora, el único intelectual que en Nicaragua ha ganado cuatro veces el Premio Nacional Rubén Darío. En 1945, lo hizo con sus poemas Certeza, El Soldado del Amor Desconocido y Las Madres de Ellos; el Premio Nacional Rubén Darío de Ensayo lo ganó en 1948, con su obra Poesía Nicaragüense – Antología; el Premio Nacional de Cuentos en 1957, con su obra El Hombre Feliz y otros Cuentos; y luego, en 1958, obtuvo el Primer Premio Centroamericano de Poesía Rubén Darío, con Canto amargo. Finalmente, en 1985, recibió la Orden de la Independencia Cultural Rubén Darío.

María Teresa Sánchez es una de las mejores poetas intimistas de nuestra literatura. Su poesía es un canto que alcanza gran altura lírica y emotiva, tiene un sello muy personal y una reconocida calidad. En ella predominan los temas del amor, la pesadumbre, la tristeza y la soledad.

El Centro Nicaragüense de Escritores, para rescatar del olvido a esta figura de la literatura nicaragüense, publicó bajo el título Huésped del olvido una breve colección de composiciones en verso y en prosa, escritas en los últimos años de su vida, tan pródigos en tristeza y abandono, dominados por el inevitable presentimiento de la muerte.

El autor es jurista y catedrático.

Opinión Centro Nicaragüense de Escritores archivo
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