Mencionar el nombre de Carlos Soto Martínez, conocido como la Leyenda, rápidamente remonta a los años de adrenalina, emociones de los aficionados y el ruido de las motocicletas en las competencias que se realizaban todos los domingos en la Avenida Bolívar, Managua.
Soto, de 32 años, considerado el “hombre sin destino” junto a su moto de 600 centímetros cúbicos (cc), conquistó varios campeonatos de motovelocidad y cross en los años 92 y 93. Su agresividad en la pista lo llevó a participar en torneos centroamericanos y panamericanos, también compitió en México y Cuba, donde puso en alto el nombre de Nicaragua.

De la victoria a la muerte
El 5 de septiembre de 1993, después de haber participado en el Campeonato Nacional de Motovelocidad donde Soto ganó la Categoría Libre, se dirigió con su mecánico Julio José López a revisar la moto por algunos desperfectos que presentó, y fue en el sector de la casa Ricardo Morales Avilés, Managua, mientras esperaban el avance de un vehículo, cuando un bus de la ruta 113 los atropelló, causando la muerte inmediata de ambos. La noticia de su muerte entristeció y enlutó al motociclismo, tras perder a una de sus grandes figuras, intrépida y valiente.
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“No hay dolor más grande de una madre que perder a un hijo”, manifestó doña Dora Martínez, de 84 años, quien lloró al momento que revisaba los recortes periodísticos de la muerte de su hijo y lo grande que fue en la pista de competencias.
Carlos Soto siempre llevaba a las competencias a su mejor fan, su hijo, quien se llama igual que él. El niño traía el mismo amor y pasión en la sangre por la motovelocidad. “Mi hijo le compró una moto 50 cc, lo entrenaba y lo llevaba a la pista Bolívar a correr, eran muy felices”, recordó doña Dora Martínez.
Pasaron los años y Carlos Manuel Soto Flores —ahora de 38 años— creció y se convirtió en la principal figura de las competencias de motovelocidad en la categoría 125 y 175 cc. La forma temeraria en la que pilotaba su moto lo hizo conquistar varios títulos, los años 2005 al 2013. En honor a su padre, siempre competía con el último traje que usó su progenitor en la pista.

Accidente arrebata sus sueños
Los sueños de alcanzar las hazañas que hizo su padre en la pista quedaron truncados la noche del pasado 8 de julio de 2013, casi en la misma circunstancia de cómo murió su progenitor, atropellado. Carlos Manuel fue catapultado por un carro en el sector de Galerías, cuando esperaba en su moto el cambio de luz del semáforo.

El vehículo se dio a la fuga y él quedó tendido en el pavimento inconsciente. Del brutal impacto, sufrió múltiples contusiones, fractura en el cráneo con hundimiento y lesión cerebral.
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El joven tenía en ese entonces 30 años, estuvo por varias semanas en Cuidados Intensivos en el Hospital Lenín Fonseca, su diagnóstico era reservado, luchaba por su vida. “Mi hijo murió en un accidente de tránsito y ahora por la irresponsabilidad de otro conductor, me deja a mi nieto en un estado cuadrapléjico”, lamentó su abuelita.
Carlos Soto júnior pudo sobrevivir al diagnóstico poco alentador de los médicos, sin embargo, ahora permanece postrado en una cama sin poder hablar, con el esfuerzo de unos familiares y un tío del joven lo trasladan en silla de ruedas por los corredores de la casa, ubicada en el barrio William Díaz.

“Después del accidente de mi nieto se fueron los amigos, cada vez que había competencia, ellos venían a celebrar a mi casa, hacíamos comida y se divertían, pero ahora en el lecho de enfermo todos ellos desaparecieron, hasta su misma esposa lo abandonó”, enfatizó Martínez.
Doña Dora ha estado al lado de su nieto por más de ocho años, lo baña, lo cambia y le da de comer, ella lo cuida como si fuera un bebé, lamenta que las dos organizaciones, la Federación Nicaragüense de Motociclismo (Fenimoto) y la Comisión Nicaragüense de Motocross (Conimoto), donde competía su nieto, también lo abandonaron.
Terapias han mejorado su condición
Desde hace 7 años, los días lunes, miércoles y viernes llega a la casa de doña Dora un fisioterapeuta del Centro de Rehabilitación Aldo Chavarría, le realiza varios ejercicios en las piernas y brazos. “Mi nieto ya puede agarrar la cuchara, tiene fuerza en sus manos, ha mostrado mucha mejoría, se puede levantar y sostenerse en una ventana de hierro”, expresó Martínez. Júnior no puede hablar, solo balbucea.

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Por cada sesión de terapia que le realizan a Soto, doña Dora debe de pagar 400 córdobas, sumado a esto, gasta casi cuatro mil córdobas quincenales para la compra de la alimentación especial y pañales desechables. Con lo poco que recibe de su pensión de viudez y de lo que le da su otro hijo mayor, ha logrado resolver las necesidades, sin embargo, ahora pide el apoyo de nuestros lectores para continuar brindándole esperanzas a su nieto.
“Espero que mis ojos antes que se cierren definitivamente y me reencuentre con su padre en el cielo, puedan ver a mi Carlos Soto Flores caminar”, finalizó Martínez.

La madre de júnior tuvo que viajar de emergencia a Guatemala cuando Soto tenía 10 años. En su estancia inesperadamente tuvo un accidente y falleció dejando en la orfandad al menor. Su abuela desde ese momento se hizo cargo de su educación y cuido.
Si usted desea colaborar con doña Dora Martínez puede contactarse al número 8363-8342.