A lo largo de mi carrera como pelotero de Grandes Ligas siempre vi a algunos jugadores agresivos, otros más pasivos, relajados, había entusiastas, optimistas desmedidos y hombres de muy poca fe. Era como si cada jugador lo trajera en el ADN, algo muy difícil de cambiar con el tiempo, pero tampoco imposible, así como veía distante apartarme del alcoholismo y sin darme cuenta, esa decisión extendió mi carrera a 23 años en Las Mayores, sin haber tomado ese paso tampoco tuviera un Juego Perfecto ni una familia estable. Cambiar a veces es un dilema, un paso difícil de conseguir. Para muchos puede asemejarse a una hazaña, una gesta. Por eso, cuando veo que el pueblo de Nicaragua está cambiando su forma de protestar y presionar por sus derechos me recorre un sentimiento de optimismo y me sumo a esa lucha.
Parecía que los nicaragüenses estábamos hechos para las guerras, ver sangre derramada y solucionar nuestros problemas con violencia. Sin embargo, en 2018 los jóvenes empezaron a hacer historia, uniendo a todo un pueblo a ser parte de esa epopeya sin darnos cuenta. Elegir la lucha cívica, es la de un rebelde con cultura, de una persona que quiere al prójimo y sobre todo a su país, aun cuando parece que cierto grupo quedó estancado en el pasado tratando de tentar a esa tragedia. Estoy admirado por tanta resistencia de forma pacífica, eso será inolvidable. Esa valentía tendrá un peso inmenso en el futuro. Ahora no se cree en la violencia, en la guerra, en el caos. Nicaragua ha dado un salto importante de querer un cambio y ser ejemplo de esa transformación. Por eso es que cada vez se suman más ciudadanos a apoyar aunque sea en silencio. Mientras un lado suma, el otro solo resta con atropellos, asesinatos, acusaciones falsas, mentiras, en síntesis, destruyendo a un país y a quienes lo conforman, no se puede aumentar seguidores.
No hay que obviar el sufrimiento de muchas personas, aquellas que han perdido a alguien, que tienen a un familiar preso injustamente o que les han quitado sus medios de trabajo. Lo fácil sería responder al ojo por ojo, lo difícil es tragar saliva, tener fe, pedir justicia y esperar un cambio. Debido a ello, los líderes tienen un reto enorme en este 2021, porque la historia los va a juzgar como los que guiaron la cruzada de la transformación de Nicaragua o los que echaron a perder una etapa inolvidable: el punto de inflexión para establecer las bases de una nueva nación.
Ahora me siento más representado que nunca por esos nicaragüenses que actuaron demostrando ser una generación educada, que rompió esa herencia de violencia y a pesar de las provocaciones, resiste honorablemente, haciendo historia sin darse cuenta.