Por qué me cuesta tanto salir de una relación violenta

Hagamos un ejercicio de memoria. Recordemos nuestra infancia y nuestro hogar. ¿Quiénes cuidaban de las personas chiquitas y mayores? ¿Quiénes cocinaban, limpiaban, lavaban y planchaban? ¿Quiénes se levantaban de primero y se acostaban de último? ¿Quiénes se sacrificaban por los demás? ¿Se te vinieron algunos nombres? Esas personas, ¿eran hombres o mujeres? La mayoría eran mujeres, ¿verdad?

Un terreno fértil para la violencia machista

El sacrificio y la renuncia son dos cosas que la mayoría de las mujeres aprendemos desde pequeñas, así como la creencia de que el amor duele tanto en el cuerpo como en el corazón. Muchas lo hemos aprendido cuando las figuras de amor y autoridad nos “enderezaban” a punta de palo (castigo físico) o cuando nos “corregían”, humillándonos, comparándonos, silenciándonos o menospreciándonos: “chavala más dunda”, “mirala, igualita a su mamá”, “vos no tenés nada que decir”, “ya te voy a apear los dientes, cipota malcriada”.

Sin darnos cuenta, muchas crecimos escuchando, mirando, sintiendo e internalizando distintas formas de violencia hacia nosotras y hacia otras mujeres.

También nos metieron la idea “romántica” de que solo estaríamos completas, teniendo a un hombre en nuestras vidas, sin importar cómo nos tratara. Lo vimos con las mujeres y los hombres de nuestra familia: él, siendo el rey de la casa; ella, la que le sirve. Él, con otras mujeres; ella, sin dejarlo. Él golpeando, ella aguantando.

Cuando una mujer ha crecido con estas creencias enraizadas en su mente, en su cuerpo y en su corazón, muy difícilmente puede frenar de tajo a un hombre que le grite, la maltrate e, incluso, le pegue. Ella creció aprendiendo que el amor duele y que por amor y por la familia, se debe sacrificar y aguantar todo. Estas creencias tienen mucho poder.

Poderosas acciones para ayudarte a salir de la violencia machista

Si te sentís atrapada en una relación violenta, ya sea porque dependés de él, porque lo querés o porque no sabés qué hacer, te recomendamos cuatro poderosas acciones:

1. No te quedés con esa carga. Buscá a alguien de confianza. Es importante hablar.

2. Empezá a pensar en vos. Cuidar tu salud emocional y física, es un acto de amor.

3. Tratá a tus hijas e hijos con respeto y amor. Recordá que aprenden del ejemplo.

4. Identificá las situaciones que te ponen en mayor riesgo, incluso aquellas que ponen en riesgo tu vida.
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La autora es coordinadora de Alianzas Intersectoriales y Comunicación. Fondo Centroamericano de Mujeres (FCAM).

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