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Las presiones del presidente saliente de Estados Unidos, Donald Trump, quien no reconoció su derrota electoral durante 65 días, e insistía en un fraude, que incluso desembocó en el incendiario discurso del miércoles que desencadenó el asalto al Capitolio, en Washington, no socavaron las instituciones del país norteamericano, que funcionan bajo el principio de independencia y separación de los poderes, claves para una sana democracia republicana.
Los funcionarios e instituciones como la Corte Suprema de Justicia, la mayoría republicana en el Senado, el secretario de Estado de Georgia, y hasta el vicepresidente lograron sortear las presiones del presidente Trump y mantener el equilibrio, la autonomía y la importancia de la independencia de los poderes de esta nación. Un contraste con lo que ocurre en Nicaragua, donde la separación de los poderes del Estado es nula, la justicia está parcializada y el sistema electoral carece de credibilidad.
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La capacidad de las instituciones democráticas de resistir la presión del jefe del Ejecutivo es más destacable porque en el caso del Senado, del secretario de Estado de Georgia y, obviamente la vicepresidencia, están bajo el control del partido republicano que llevó a Trump a la presidencia; mientras que la Corte Suprema cuenta con una mayoría de jueces conservadores, seis frente a tres liberales, y tres de esos jueces fueron nombrados por Trump.
Estas son algunas diferencias de cómo los funcionarios y las instituciones de Estados Unidos responden a las presiones de su presidente y cómo se resuelve este tipo de crisis políticas en Nicaragua:
La Corte Suprema
En Estados Unidos, la Corte Suprema de Justicia rechazó, con argumentos jurídicos convincentes y con base en todas las revisiones y auditorías de los resultados electorales, la demanda presentada por el fiscal general del estado de Texas para desestimar los resultados de los comicios en los estados de Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, y así anular suficiente votos del Colegio Electoral para arrebatar la victoria a Joe Biden en noviembre pasado. Los magistrados de la Corte resolvieron rechazar los argumentos de Texas porque «no ha demostrado un interés judicialmente reconocible en la manera en que otro estado lleva a cabo sus elecciones».
En cambio en Nicaragua, la Corte Suprema de Justicia (CSJ) amparó a Daniel Ortega para que este participara en las elecciones de 2011, reeligiéndose por tercera vez, pese a que el artículo 147 de la Constitución Política (vigente en ese tiempo) prohibía expresamente la reelección contínua. De manera expedita, todo el proceso tomó tan solo una semana, los magistrados sandinistas acogieron el recurso de amparo presentado por un abogado de Ortega, y establecieron en una sesión de la Sala Constitucional a la que solo asistieron magistrados sandinistas, que no permitirle ser candidato presidencial «violentaba los derechos humanos» del actual dictador, todo esto por encima de lo que establecía la Carta Magna.
El secretario de Estado de Georgia
Uno de los estados tradicionalmente republicanos que Trump perdió por menos de 12 mil votos fue Georgia. Con esa derrota se le fueron de las manos 16 votos electorales. Durante 60 días Trump mantuvo una fuerte presión sobre el gobernador republicano de ese estado, pero sobre todo en el secretario de Estado, republicano Brad Raffensperger. El secretario de Estado es el funcionario encargado de organizar las elecciones. Trump alegó fraude en ese estado, en esencia estaba afirmando que miembros de su propio partido la habían hecho fraude.
Según reportes de los medios de comunicación de Estados Unidos, el mismo Trump realizó 18 llamadas directas a Raffensperger, quien logró evitar ponerse al teléfono 17 veces. La última vez no pudo evitar la llamada directa de Trump, quien le pidió que «encontrara 11,700 votos» y alegó fraude una y otra vez. El funcionario se preparó y además de desmentir cada una de las afirmaciones del presidente, lo grabó y filtró la grabación para que no quedara duda de la presión.
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En 2010 en Nicaragua, cuando la Sala Constitucional de la Corte Suprema, conformada ilegalmente, falló a favor de Ortega, el entonces presidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, afirmó que «el fallo estaba escrito en piedra». El CSE desde el 2008 ha acomodado las reglas de cada elección para satisfacer los deseos e intereses de Daniel Ortega. ¿Qué funcionario nicaragüense, en qué dependencia del Estado podría decirle que no a Ortega o a su esposa? Es impensable siquiera que no se pongan al teléfono después del primer timbrazo.
La Vicepresidencia
Trump culpó a su vicepresidente Mike Pence del caos generado en Washington por no haberse arrogado poderes, que no le otorga la Constitución, para intentar revocar la victoria electoral de Joe Biden. No obstante, luego de la ajetreada y violenta jornada de ratificación en el Congreso, fue el propio Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos y presidente del Senado, quien en la madrugada del jueves dijo que su supervisión en la revisión de los votos debe ser «una declaración suficiente» para determinar la victoria de Joe Biden como nuevo mandatario. La presión de Trump sobre Pence creció y llegó a acusarlo de «no tener coraje suficiente» en uno de sus temidos tuits, a pesar que Pence fue un vicepresidente fiel durante los cuatro años que sirvió con Trump. Pero la fidelidad de Pence no llegó hasta el punto de violentar la ley para satisfacer los caprichos de su jefe.
En cambio Ortega convirtió la administración de Nicaragua en un asunto familiar. En 2016 anunció la postulación de su esposa, Rosario Murillo, como candidata a la Vicepresidencia, resultando electos en unos comicios marcados por el abstencionismo y la falta de transparencia. Siendo Murillo la esposa del dictador, no es posible esperar independencia alguna en su gestión y es ella quien lleva la conducción del gobierno en el día a día.
El Senado
El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, y uno de los más fieles aliados de Trump a lo largo de su presidencia reconoció la victoria de Biden y rechazó el intento de Trump de revertir los resultados electorales. «Si esta elección fuera revertida por simples alegaciones del lado perdedor, nuestra democracia entraría en una espiral de muerte», dijo.
En Nicaragua, la Asamblea Nacional dirigida por Gustavo Porras es una institución dominada por el régimen de Ortega a través de la aplanadora sandinista que cuenta con 71 de los 92 diputados. En la actualidad, desde enero de 2017 Porras se sienta en la silla presidencial de la Asamblea imponiendo la agenda y aprobando las leyes que son dictadas por su partido y su jefe, Daniel Ortega y que en su mayoría son enviadas sin necesidad con «carácter de urgencia» por lo que pasan directo a votación, sin discusión ni enmiendas.
¿Cuál es la lección?
El analista político y exembajador de Nicaragua, Mauricio Díaz, es claro en afirmar que en Nicaragua ocurre exactamente lo contrario que en Estados Unidos. «Tenemos que aprender que desgraciadamente en Nicaragua vimos a la vista y paciencia de todos, partidos políticos, de la empresa privada, de la Iglesia católica, evangélica, con la complacencia de las fuerzas armadas, etcétera, cómo demolieron la institución democrática. Cómo partidarizaron los poderes del Estado, cómo impusieron la bandera de un partido a la orilla de la bandera nacional, pretendiendo sustituirla. Esto es algo inverosímil en un país en pleno siglo XXI», expresó.
Pero sobre todo, señaló que quienes tenían capacidad de frenar a Ortega que instaurara la dictadura que hoy domina al país, no lo hicieron. «Fueron sus cómplices y me refiero al gran capital especialmente, a los organismos internacionales, a la misma OEA que estuvo acompañándonos en el 2016, que vio que se había armado un gran fraude y que alegremente aceptó como normales esas elecciones. Aquí todos hemos sido corresponsables de que se haya demolido la institucionalidad democrática, que se haya permitido una concentración brutal de poder en dos personas», agregó Díaz.
Dictaduras del mundo satisfechas
Por otro lado, el exembajador de Nicaragua en Alemania, José Dávila, manifestó que ante los incidentes ocurridos en el Capitolio de EE.UU., la tarde de este miércoles, las dictaduras del mundo, o los países izquierdistas como Nicaragua, deben estar viendo con satisfacción estos hechos. No obstante, destacó que la misma madurez del sistema político norteamericano va a solucionar esta crisis de acuerdo con las leyes y consenso político, como lo han hecho a lo largo de la historia.
«Estos problemas que se han dado en una democracia madura y estable como la de Estados Unidos no es muy normal. Sin embargo, llega el momento en que pueda suceder, pero la verdad es que ese problema se va a resolver de una manera pacífica, en consenso, y de acuerdo a las leyes», señaló Dávila.
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El exembajador agregó que estos episodios han sido producto de desbordes en una campaña electoral muy polarizada, por situaciones muy dramáticas, entre ellos la pandemia. «Fueron puente de campaña electoral, entonces se ha llegado a esta situación que estoy seguro que el sistema político de EE.UU., va a resolver de la mejor manera. Los únicos que están disfrutando de estos lamentables hechos es Rusia, China, Venezuela, Cuba y todos esos países enemigos de los Estados Unidos», apuntó.
El Congreso de EE.UU. ratificó este jueves 7 de enero la victoria del presidente electo, el demócrata Joe Biden, en las elecciones de noviembre 2020, tras una larga y extraordinaria jornada que incluyó el asalto al Capitolio para interferir en el proceso de confirmación de los resultados.
El mismo presidente saliente (Trump) aceptó este jueves que su Presidencia será de un solo mandato y prometió una «transición ordenada», después de que el Congreso ratificara la victoria electoral del mandatario electo Joe Biden. «Trump ya hoy cedió su reino, aunque dice que no cree en los resultados. Pero ya cedió, lo que significa que ya se dio cuenta que nadie de las instituciones más representativas del sistema norteamericano lo van a acompañar en esta aventura. Ya quedó solo», comentó Díaz.
Díaz, también exembajador, coincidió por separado con Dávila, en que todos los gobiernos de izquierda están aplaudiendo el problema que generó el presidente saliente de EE.UU., en este país, incluso Daniel Ortega y Rosario Murillo desde El Carmen.
«Ya vimos cómo se está imponiendo el orden y que figuras ya representativas del prestigio de las instituciones norteamericanas ya se están pronunciando. Esto lo van a superar (EE.UU.) y quienes lo están aplaudiendo son los regímenes dictatoriales. Los rusos, los iraníes, también deben estar de fiesta en Miraflores, Caracas, lo mismo que en El Carmen en Managua», dijo Díaz.
«En todo caso qué puede decir Ortega en Nicaragua, que la democracia norteamericana no sirve. Sí sirve, pero es imperfecta. Lo que pasa es que aquí no tenemos ni el más mínimo piso de un sistema democrático. Nicaragua ya es un sultanato familiar y hay que evitar que esto se consolide. La pelea va a seguir para volver al cauce democrático a través de elecciones», reflexionó el exembajador.
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