Lo que sucedió en la capital de Estados Unidos (EE. UU.) era de esperarse, pero aún fue sorprendente y triste ver. La ciudad de Washington está acostumbrada a presenciar diversas manifestaciones; algunas pueden tornar agresivo y hasta algo violento, pero ¿al nivel de lo que aconteció el 6 de enero? No.
Las redes sociales, los medios y muchos políticos llamarían a este evento —instigado por la retórica divisionista y desafiante del dizque presidente Trump— un acto de sedición e insurrección en contra de la democracia del país… o sea, un intento de golpe de Estado.
Muchas naciones comunicaron lo sorprendido y disgustado que estaban con la falta de civilidad y ejemplo que debería tener una nación que no practica lo que predica. Y otras —como Nicaragua— comunicaron el desacuerdo que tenían con aquellos que intentan interrumpir con la “paz” de una nación.
Pero el gobierno de Ortega —como en todo lo que hace y dice— cae en lo cínico, creyendo que puede comparar lo sucedido en EE. UU. con la rebelión de abril del 2018.
Los que llegaron a asaltar al capitolio en Washington —los “MAGA”, fieles a Donald Trump— se aproximan más a los sandinistas que aún apoyan a los Ortega-Murillo, recetando “PLOMO” a quienes no piensan como ellos. Y Trump, a pesar de que no llegó al nivel de violencia que Ortega ha sido capaz, se cree tan autócrata como lo es Ortega.
La insurrección de abril nació a raíz de tanto abuso y corrupción por parte del gobierno. Nuestro país estaba cansado de ser asonado y violentado por personas que se han adueñado y enriquecido de la nación mientras la población en general seguía empobrecida y sometida a una doctrina debilitante que sigue el día de hoy.
El asalto al Capitolio por parte de los fanáticos “MAGA” fue por el capricho político de un grupo de individuos que están convencidos de que su líder narcisista había sido víctima de un fraude electoral masivo, pero donde no existen pruebas contundentes para defender dicho reclamo; solo la palabra venenosa de un mandatario que rehúsa aceptar su derrota y ceder el poder sin una batalla.
Los “MAGA” no son víctimas de abuso y muerte a como son los que han participado en la lucha desde abril. Son causantes de mucho de lo que sucede hoy en EE. UU. y son casi igual de peligroso que los que recetan “PLOMO” en Nicaragua.
Si Donald Trump fuera presidente de nuestro país, sería una versión “lite” de Ortega, ya que muchas de sus tácticas parecen ser sacadas del manual de dictadores que el “buen gobierno” sigue.
Solo falta que Trump también siga el ejemplo de Ortega al querer “mandar desde abajo” al salir de la presidencia. Algo así fracturaría aún más a una nación sumamente dividida, como sucedió con la nuestra.
No señores… lo que sucedió en el Congreso de EE. UU. no se puede comparar con lo sucedido a raíz de abril. Pero —de cierta manera— los “MAGA” se pueden comparar con los “PLOMO”, ya que vergüenza reconoce vergüenza.
El autor es escritor, autor de los libros Entre rebelión y dictadura y Entre lucha y esperanza.
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