En este mi primer artículo del 2021, decidí parafrasear la frase “Es la economía, estúpido”, frase que fue ideada por James Carville, asesor del entonces gobernador de Arkansas, Bill Clinton, durante las elecciones presidenciales estadounidenses en las que venció a George Bush (padre) en 1992. Durante el último trimestre del 2020, se especuló que el gobierno estaba tratando de revivir el pacto con la empresa privada (Cosep), pacto que en su momento le permitió consolidar su dictadura. El regreso a la arena política de Bayardo Arce en los últimos días del año pasado, confirma de alguna manera dicho rumor, pues es de sobra conocido que Arce se ha desempeñado como el asesor de la dictadura en asuntos económicos.
Que el régimen trate de revivir el pacto con el Cosep, no me extraña, ya que en este año que recién comienza, solo pueden ofrecernos más desempleo, más deterioro de la economía y más represión a la oposición, todo en su infructuoso afán de preservar un poder que se les escapa de las manos producto de la galopante corrupción y del afán de controlar todos los ámbitos de la vida de los nicaragüenses. Los tres últimos adefesios jurídicos que pretendieron convertir en ley por medio de su chanchera (nombre con que bautizó Edén Pastora a la Asamblea Nacional) al finalizar el año y que han sido repudiados nacional e internacionalmente nos lo confirman.
En este nuevo año, el régimen tiene solamente dos opciones para intentar mantenerse, la primera: embaucar nuevamente al Cosep, invitándolo a asistir a un diálogo con la infantil idea de retornar a la normalidad mediante otro acuerdo económico. La segunda: agenciándose uno que otro partido colaboracionista (zancudo) para que lo acompañen en otra farsa electoral y acallar de esa manera las exigencias de democracia que le hace la comunidad internacional. En el caso de haber una tercera, esta podría ser una reedición del gobierno de los ochenta y en vez de dirección nacional ordene, obligarnos a brincar repitiendo la frase comandante Daniel y compañera Rosario ordenen. Perdonen si no comento sobre los posibles resultados de esta, pues la última vez que lo intentaron nos costó más de 50,000 vidas y un atraso económico del que todavía cuarenta y un años después no hemos podido salir.
Esas son las razones por las que decidí titular mi primer artículo del año con la frase “Es la política, estúpidos”. Pues sin importar lo que intenten ni como lo intenten, la única solución a la falta de empleo, al retorno del turismo internacional y la inversión extranjera, es un acuerdo político, que solo puede alcanzarse el día que comiencen a cumplir lo mandatado por la última reunión de cancilleres de la Organización de Estados Americanos (OEA). No existe ninguna otra solución pacífica, cívica o como quieran llamarle.
Podrán intentar más de una estratagema para seguir oprimiéndonos y mantenernos sojuzgados, pero entre más represión implementen, mayor será la resistencia del pueblo y más dramático será el final de la dictadura. Un sandinista me comentó que en El Carmen están convencidos que el recién electo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, es un viejo que tratará de hacer una administración tranquila, sin sobresaltos y sin meterse en las políticas internas de otros países, algo de lo que personalmente no estoy muy convencido. Pero, aunque así fuera, todavía nos quedan otros países y organizaciones comprometidas con la causa de nuestra democracia, como Canadá, la Unión Europea y la OEA. Tampoco podemos olvidar a nuestros hermanos centroamericanos, estos últimos sentirían en sus economías el tener que convivir nuevamente con un vecino gobernado por una dictadura. Por donde quiera que la vean y sin importar los subterfugios que intente el régimen, la solución es política y por política entiéndase: elecciones legítimas, con libertad de reunión, de movilización, sin presos políticos y observadas por organismos internacionales creíbles. Cualquier otro intento de solución, es una soberana estupidez.
El autor es comentarista político.