Las actuaciones y expresiones de los gobernantes parecen indicar la radicalización del régimen; el camino hacia una venezuelización e incluso cubanización del gobierno. Eso conduciría —tarde o temprano— a un rompimiento con la OEA, Estados Unidos y la Unión Europea (quizá también con el SICA), y al cierre de nuestros principales mercados, condenando a los nicaragüenses a una miseria similar a la venezolana y cubana. Sin embargo, cabe la posibilidad de que el gobierno solo esté “subiendo la parada” antes de una negociación (táctica otras veces utilizada). Hay que analizar las posibilidades de que la verdadera oposición concurra a las elecciones, o no.
No concurrir: Algunos opinan no concurrir bajo ninguna circunstancia, aunque se den las garantías óptimas, porque de todos modos el gobierno haría fraude y concurrir solo lo legitimaría. Creen que el gobierno solo puede ser cambiado por la fuerza. Aunque otros aseguran que la oposición no tiene capacidad de enfrentar por la fuerza al gobierno. Que con acciones violentas el costo en vidas sería muy grande y la economía destruida. Que el pueblo sufriría desempleo y hambre. Que las sanciones, además, no cambian gobiernos y —depende de cómo sean— algunas pueden dañar más al pueblo que a los gobernantes. Estos ponen como ejemplo a Venezuela y Cuba cuyos regímenes se mantienen, a pesar de todo, sobre la miseria de sus pueblos, como el sandinismo de los años ochenta.
Concurrir solo con condiciones óptimas: Concurrir con un nuevo Consejo Supremo Electoral (CSE) y renovación de todas las estructuras electorales; una nueva Ley Electoral según propuesta de la oposición; actualización del padrón o una inscripción previa que lo supla; amplia observación de la OEA y la Unión Europea; previa libertad de los presos políticos; previa libertad plena de movilización y manifestación pública; devolución de los medios de comunicación ocupados ilegalmente; eliminación de sanciones impuestas por motivos políticos y un ambiente libre de todo tipo de represión al menos desde nueve meses antes.
Concurrir con condiciones mínimas: Aunque no se logren las condiciones óptimas, algunos piensan que se puede concurrir con una aceptable renovación del CSE, con cambios necesarios en la ley electoral y la estructura electoral nacional, con padrón actualizado y libertad de manifestarse y movilizarse sin represión. Además, con observación de la OEA y la Unión Europea. Esta opción permitiría cierto margen de credibilidad para unas elecciones en que además de presidente y vicepresidente se elegirían autoridades municipales y una nueva Asamblea Nacional que —una vez ganando la mayoría de diputados— podría hacer los cambios necesarios pendientes, incluso con una mayoría suficiente para reformar la Constitución. Quienes sostienen esta opción no descartan hacer todas las presiones para lograr las condiciones óptimas, pero consideran que de no lograrlas se debe concurrir con las mínimas que permitan la posibilidad de que se respete el voto.
Concurrir aún sin condiciones: Es una opción muy polémica, pero hay quienes consideran que la oposición quedaría en la misma situación si concurre y se da un fraude que si no concurre; pero que al concurrir, el fraude quedaría en mayor evidencia y la oposición mejor organizada. Afirman que al evidenciar el fraude no se legitimará al gobierno, sino que se dejaría en mayor evidencia. Que eventos insospechados podrían darse para presionar el respeto a los resultados. Que en Nicaragua las condiciones nacionales e internacionales ahora son diferentes a las que había durante el fraude de 2011, pues desde abril del 2018 el mundo está más pendiente de nuestro país. Algunos aceptan esta opción pero solo con observadores de la OEA y la Unión Europea. Los partidarios de esta opción dicen temer que si no se concurre a unas elecciones el pueblo podría caer en la desilusión, cansancio, apatía, conformismo o acomodo.
Cualquier opción que decida tomar la verdadera oposición pasa primero por definir de una vez qué unidad se conformará (¡y conformarla ya!), para ser la opción democrática del pueblo opositor. Si me permiten una comparación bíblica, ¡se está perdiendo tiempo valioso mientras el rebaño anda como ovejas sin pastor!
El autor es abogado y comentarista de temas políticos y religiosos.
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