¿“Elecciones” como con Walker y Somoza?

Es condición imprescindible de las elecciones, para que sean auténticas, que se realicen en condiciones de plena libertad y vigencia de las garantías y derechos de los ciudadanos, consagrados en la Constitución Política y en los convenios internacionales.

Sin libertad puede haber votaciones, pero no son elecciones, que para ser consideradas y respetadas como tales tienen que ser libres y transparentes.

Las elecciones son la base de la democracia. No representan toda la democracia, pero sin ellas no hay un sistema democrático. La democracia existe solo cuando los que ejercen el poder son elegidos popularmente en una campaña política abierta y libre por la toma del poder.

Los teóricos y expertos electorales Dieter Nohlen y Mario Fernández Baeza, indican que el sistema político, el gobierno y los liderazgos personales, solo son legítimos si emanan del voto libre de los ciudadanos en elecciones competitivas. Y además, señalan que las elecciones son el medio insustituible para realizar y verificar la participación política de los ciudadanos, de manera individual y colectiva.

El 7 de noviembre de 2021 habrá elecciones en Nicaragua. Así lo disponen la Constitución y la Ley Electoral. Pero no hay libertad política en el país. Todas las garantías constitucionales y electorales están vigentes en el papel, pero no existen en la realidad mientras la dictadura mantiene un estado policial represivo sistemático y permanente.

A los dirigentes y activistas de la oposición la Policía Orteguista no les permite ir a los territorios a organizar las estructuras de participación electoral, mucho menos realizar manifestaciones públicas proselitistas. Y no se ve ninguna señal de que la dictadura vaya a poner fin al Estado de Sitio de facto y permitir que los partidos y los ciudadanos se organicen y participen sin impedimentos en una campaña electoral.

Al parecer Daniel Ortega quiere hacer “elecciones” como la que hizo el caudillo filibustero estadounidense William Walker, en 1856, cuando tenía ocupado militarmente el país y se proclamó “presidente” de Nicaragua.

O como las de Luis Somoza Debayle, en febrero de 1957, cuando levantó el Estado de sitio un día antes de la farsa electoral mediante la cual se hizo “elegir” presidente de Nicaragua. El Estado de excepción fue impuesto a raíz del asesinato del general Somoza García, el 21 de septiembre de 1956, y estuvo vigente durante todo el período previo a las votaciones del 3 de febrero de 1957, durante el cual solo el somocismo hizo campaña política proselitista.

En aquella pantomima electoral la oposición representada por el Partido Conservador de Nicaragua proclamó la consigna “¡Basta ya!”, y llamó al pueblo a la abstención. Pero el somocismo creó un contrincante de zacate al que llamó “Partido Nacionalista Conservador”, que lo acompañó en la farsa electoral. De esa manera nació y se formalizó el zancudismo político en Nicaragua.

Probablemente Daniel Ortega está estudiando la experiencia de las falsas elecciones de Walker y Somoza, para montar una farsa igual o parecida en noviembre de 2021, sin libertades ni garantías para la oposición.

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