Canal Interoceánico

En vez de este siembro de maíz, deberían estar pasando los barcos que cruzarían el país con el Canal Interoceánico. LAPRENSA/R.FONSECA

La Fonseca y el espejismo del Canal Interoceánico que amenazaba con arrasar poblados

Este 22 de diciembre se cumplen seis años que se dieron por iniciadas las obras constructivas del canal Interoceánico que Wang Jing vendió a Nicaragua

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Siembros de maíz, quequisque, malanga, algo de café y ganado pastando es lo que hay en La Fonseca, en Nueva Guinea. Verdor hasta donde pega la vista. En una realidad paralela, donde se cumplen las promesas y fantasías políticas, estarían buques de gran calado atravesando lo que hoy son potreros y maizales. Habría un canal «más grande que el de Panamá», como prometió Daniel Ortega, su comisión del Gran Canal y el empresario Wang Jing en 2014. «Eso sí fue un cuento chino», zanja Ramón Urbina, campesino de la zona y uno de los que alzó la voz contra un proyecto que amenazaba su forma de vida sin darle garantías mínimas. Él anduvo en marchas y es la voz de varias canciones anticanal. Lograron frenar – hasta ahora – un megaproyecto en papel. Pero aún se sienten amenazados.

Él también recuerda que el 22 de diciembre de 2014 se dieron por iniciadas las obras constructivas del megaproyecto en la finca Miramar, ubicada en el Pacífico nicaragüense y que también es parte de la ruta canalera, pero donde tampoco hay infraestructura. En unos días se cumplirán seis años y ni siquiera hay rastro de los chinos que colocaron mojones, mientras el gobierno pregonaba que cambiaría el país para siempre, con un crecimiento económico sin precedentes que sepultarían la pobreza.

«Desde que en 2014 inauguraron la construcción, eso ahí se ha quedado estancado, no ha pasado a más en parte porque el pueblo no lo ha permitido porque es algo que empezaron sin tomar en cuenta a la sociedad», indica Urbina. Pero reconoce que pese a no verse avance de las obras ni funcionarios chinos por ningún lado, no está tranquilo.  El que siga vigente la Ley 840, aprobada por el orteguismo en la Asamblea Nacional para junio de 2013, es una amenaza latente en papel de que en cualquier momento, y bajo la excusa del megaproyecto, lleguen a expropiarlos.

La misma preocupación la tiene Lucrecia Fernández , dueña de 53 manzanas en La Fonseca, mismas que divide entre siembra de quequisque y uso para la ganadería que poco a poco ha podido desarrollar. «Mientras no deroguen la Ley 840 y no deshagan esos compromisos, no voy a estar tranquila», señala. Aquí volvió una relativa calma, pero están siempre expectantes a cualquier aparición de forasteros en el lugar.

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«Yo fui tan pobre y llegar a adquirir un pedacito de tierra y que el gobierno venga y me quite ese pedazo de tierra que me costó aguantando hambre, pasando desvelos. Tantas cosas que tuve que pasar para poder lograr ese pedazo de tierra. No es justo», cuenta Fernández, mientras palmea tortillas ante un fogón en un bajareque al lado de la trocha por donde pasan hombres y mujeres a caballo, en moto y una que otra camioneta.

En estos días en el pueblo de La Fonseca todo transcurre con tal normalidad que se pudiera pensar que aquí nunca ha pasado nada extraño o que sobresalte a sus pobladores. Pero basta con acercarse a la casa de la líder campesina Francisca Ramírez, para percatarse que el orteguismo no ha dejado del todo en paz este lugar. La vivienda está abandonada porque ella y toda su familia tuvieron que exiliarse en Costa Rica para estar a salvo de las persecuciones y acoso policial y parapolicial al ser la líder campesina que salió de La Fonseca liderando un mar de gente que se plantó en la capital para decir que no querían ningún canal en sus tierras. También otros campesinos que la acompañaron tuvieron que huir y dejar abandonadas sus tierras, sus casas, aunque solo la de ella tenga muestras de vandalismo y un «ijueputa» al lado de la desvencijada puerta.

Canal Interoceánico
En deterioro. Así está la casa de la líder campesina Francisca Ramírez, exiliada en Costa Rica. LAPRENSA/R.FONSECA

«Queremos seguir trabajando la tierra, que nos dejen en paz. No queremos volver a ver a los chinos por acá. La Fonseca es una de las zonas más productivas del país y el campesinado no abandonará la lucha, no señor», manifiesta otro campesino que no brinda su nombre y habita en el camino que conduce a la comarca Esperancita 1, donde se llega luego de cruzar el río Punta Gorda.

Silencio con el proyecto faraónico

Después de abordar el tema del Canal Interoceánico en foros y otras actividades públicas, el orteguismo ahora no se refiere del todo al proyecto. Tampoco lo hace la empresa HKND y su presidente  Wang Jing no ha dado la cara en el país. En estos seis años tampoco pudo conseguir los 50,000 millones de dólares en que se calculó el valor de su construcción.

El Canal, llamado «la obra de ingeniería más grande del mundo», tendría una longitud de 278 kilómetros. Los barcos entrarían por Punta Gorda, avanzarían Nueva Guinea y El Tule, desembocaría en el lago Cocibolca y después entraría por el río Las Lajas que cruza la Carretera Panamericana Sur, el río Brito hasta salir al Pacífico. Una parte del comercio internacional tomaría esta ruta y otra quedaría siempre por Panamá.

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