El desarrollo de las capacidades

El desarrollo de capacidades técnicas y profesionales con actitudes y valores humanos que dan sentido al desempeño social y económico de las personas; resultan ser el corazón de las estrategias del progreso de las naciones. Por ello, esta tarea no solo es impostergable para evitar la postración y levantarnos como nación, sino que debe ser prioritaria, ya que de esta forma se imprimirá calidad, equidad e impactos de desarrollo a cualquier estrategia política, social o económica.

De todas las capacidades que impulsan el progreso de un país, las humanas constituyen la pieza clave para implementar, movilizar y hacer que las otras capacidades den fruto. Ejemplo: de nada sirve llevar agua y letrinas a una comunidad, si sus pobladores no toman conciencia y desarrollan hábitos higiénico-sanitarios para hacer buen uso de estos bienes y evitar enfermedades de origen hídrico, como las diarreicas agudas. Tampoco tiene utilidad llevar alimentos nutritivos a un pueblo, si este no se forma en los pertinentes hábitos alimentario-nutricionales para consumirlos. Los puentes y carreteras nuevas deben acompañarse de técnicos y profesionales que dinamicen a los pueblos en su producción, comercio y servicios, para que estas inversiones se potencien.

Igual podemos afirmar del uso de la tecnología, esta mejorará nuestra calidad de vida y contar con herramientas transformadoras de nuestra realidad, si somos entrenados pedagógicamente para hacer uso inteligente y responsable de celulares, laptops, televisión, radio, redes sociales. Y con visión de futuro, los drones y otros dispositivos de la robótica para la vida productiva rural tendrán impacto social con técnicos y profesionales que hagan uso inteligente y ético de ellos para una transformación económica que no desplace, sino que integre a las personas.

El desarrollo de capacidades es también de valores ciudadanos, democráticos y ejercicio de derechos humanos.

Necesitamos técnicos y profesionales, ciertamente con alta productividad e innovadores; pero comprometidos con las libertades, respeto a la diversidad de pensamiento, con sentido crítico y criterio propio, colaboradores, solidarios y respetuosos de la dignidad de las personas.

Estas capacidades nos anclarán a un futuro sostenible para todos y todas. Por ello, urge elevar la inversión pública y privada en una educación que prepare para empleos y emprendimientos productivos, coordinando con los sectores económicos para garantizarlos. Esto apalancará la economía y al resto del sistema educativo. Impulsar las vocaciones, la formación y capacitación técnica y profesional de la población adolescente y joven, la cual cuenta con las energías y disposición para el trabajo, y son 1.7 millones de personas en franco crecimiento hasta el 2035. A esta oportunidad se llama bono demográfico y hay que aprovecharla, como lo han hecho naciones que hoy se consideran milagros.

Baste mencionar dos casos, Corea del Sur, quien hasta 1976 era más pobre que Nicaragua y Costa Rica, quien decidió hace 72 años abolir el ejército. Ambas naciones decidieron invertir seriamente en sus sistemas educativos como estrategia que las han llevado a superar significativamente la pobreza. En el ranking de desarrollo humano entre 187 países, Corea del Sur ocupa el lugar 22 y Costa Rica el 67; mientras Nicaragua la posición 126. El primer lugar del ranking lo ocupa Noruega, cuyo sistema educativo es de referencia mundial. Desarrollar estas capacidades compete no solo al sistema educativo formal (escuelas, colegios, institutos, centros tecnológicos y universidades), cuya inversión se debe elevar significativamente. También hay que involucrar a las instituciones públicas, privadas, mipymes, iglesias, organizaciones de sociedad civil, gremios y medios de comunicación social, en estrategias formativas y entrenadoras de recursos humanos con los perfiles requeridos por los sectores, para que estas organizaciones impacten con sus políticas y estrategias, de agroindustria, pesca, turismo o comercio, prevención de la violencia, participación ciudadana, promoción de la interculturalidad, derechos de la mujer, entre muchos. Es necesaria una dinámica educativa donde todas estas instituciones y organizaciones, comunidades y familias, coordinen y construyan procesos para desarrollar las capacidades que el país necesita.

Evidentemente, desarrollar capacidades técnicas y profesionales no debe esperar, como algunos piensan, a que haya crecimiento grande y un efecto derrame de la economía, ya que son estas capacidades las que garantizarán que el crecimiento se produzca, que sea sostenible, y desde un inicio se comparta entre grandes sectores. Es una inversión con impactos previsibles claros, que requiere coordinación, motivación y planes de mediano y largo plazo, lo cual solo es posible en un sistema democrático, con gran respeto a los derechos humanos, a la diversidad y alto sentido de nación para todas y todos.

El autor es especialista en Educación y Desarrollo Humano.

Opinión capacidades Derechos Humanos en Nicaragua archivo
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