Beneficios y costos potenciales del menor deslizamiento

La tasa de deslizamiento (depreciación) del córdoba frente al dólar se mantuvo en 5 por ciento desde febrero del 2004 hasta octubre del 2019, cuando el BCN la redujo al 3 por ciento.

La semana antepasada el BCN la bajó aún más, al 2 por ciento.

Estas reducciones tienen beneficios y costos potenciales que hay que considerar y contrapesar. 

Por una parte, pueden contribuir a bajar la inflación interna ya que, en una economía muy ligada al dólar y con una gran dependencia del exterior como la nuestra, la tasa de deslizamiento le pone, por así decirlo, un piso a la misma. En los últimos diez y siete años solo hemos tenido cuatro con inflación menor al deslizamiento.

Asimismo, son consistentes con nuestra competitividad externa ya que en los últimos siete años el diferencial entre nuestra inflación y la de los EE. UU. estuvo por debajo del deslizamiento anterior. Según las proyecciones, el diferencial estaría cercano al 2 por ciento el próximo año, suponiendo que el impacto de los recientes huracanes en los precios es menor.

Por otra parte, sin embargo, las reducciones nos acercan a un tipo de cambio fijo, lo que disminuye aún más la flexibilidad de nuestra economía para lidiar con choques externos e internos.

Comparado con un régimen de cambio flexible que los amortigua, el impacto negativo en la actividad económica y el empleo de choques adversos (por ejemplo, caída en los precios de las exportaciones y conflictos políticos) es más fuerte bajo un tipo de cambio fijo, y el impacto de choques positivos (por ejemplo, fuertes entradas de capital y alzas en los precios de las exportaciones) más inflacionario.

Bajo este prisma, pareciera que la decisión del BCN es precipitada dados los riesgos e incertidumbre que nos amenazan por la represión y la situación y perspectivas políticas, y el Covid19. Situaciones como estas llaman a mayor y no menor flexibilidad cambiaria.

Digo pareciera ya que el BCN no ha explicado claramente la lógica y objetivos que motivaron las reducciones en la tasa de deslizamiento. Sus notas de prensa anunciándolas dejan mucho que desear y generan especulación. Por ejemplo, algunos analistas sugieren que tienen objetivos fiscales.

Ambas notas se refieren a la estabilidad macroeconómica, lo que hay que reconocer como un logro del Gobierno y del BCN, pero esta era sólida antes. También mencionan el “superávit en la cuenta corriente de la balanza de pagos”. Pero este es transitorio y refleja la debilidad y no la fortaleza de la economía como pretende el BCN.  En los últimos cincuenta y nueve años solo hemos tenido superávits en la cuenta corriente en cuatro años. En 1972 por el aumento en los precios y volumen de las exportaciones y en 1979, 2019, y 2020 por el desplome de la economía. ¿Será entonces que el BCN cree que la economía no se recuperará y que el superávit será permanente?

Las notas también mencionan que las medidas “ayudarán a recomponer el gasto agregado” pero yo al menos no entiendo qué significa esto, y que van a “mejorar el poder adquisitivo de los salarios”. Pero esto último depende de la inflación y de la política salarial.

En fin, corresponde al BCN explicar claramente los objetivos de estas reducciones y por qué se tomaron en un ambiente de gran incertidumbre interna (lo que omiten sus notas de prensa).

La suerte está echada, por lo que la reducción en el deslizamiento tiene que ser exitosa por el bien de los nicaragüenses. En este sentido, el BCN debería enfatizar que la mayor rigidez del tipo de cambio requiere aún mayor disciplina fiscal y monetaria, y continua flexibilidad en la tasa de interés y el mercado laboral. De lo contrario, no sería sostenible.

El autor es bachiller del Colegio Centro América

Opinión BCN Córdoba dólar tasa de deslizamiento archivo
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