La farsa electoral en Venezuela

La farsa electoral puesta en escena por la dictadura chavista de Venezuela el recién pasado domingo 6 de diciembre, es de interés para Nicaragua, donde hay una dictadura gemela de la venezolana y en noviembre del próximo año podría ocurrir algo igual o parecido.

En la farsa electoral del domingo pasado solo votó el 19.3 por ciento de los inscritos en el padrón electoral. Según dijo en su editorial de ayer el diario venezolano El Nacional, esta ha sido “la jornada electoral más desolada de la historia” en Venezuela.

Solo los fanáticos de la dictadura y algunos grupos políticos comprados por el régimen, o independientes que creen que es preferible tener algunos diputados en vez de ninguno, votaron en la gran farsa que fue repudiada por la comunidad democrática de las Américas y Europa.

Será difícil igualar en Nicaragua las atrocidades antidemocráticas que se cometieron en Venezuela, previo a la farsa electoral del 6 de diciembre, aunque toda dictadura de vocación totalitarista es capaz  de  cualquier barbaridad extrema.

Antes de la escuálida votación del 6 de diciembre, la dictadura de Venezuela intervino a los principales partidos de oposición y les impuso otros directivos. Aumentó en 60 por ciento la cantidad de diputados a elegir —pasando de 167 a 277— y asignó más escaños a las localidades donde el chavismo tiene más seguidores. Sustituyó el voto secreto con el de mano alzada en las comunidades indígenas. Intensificó el clima de terror contra la oposición y toda la población. Etc.

En esas condiciones ningún organismo ni personalidad de prestigio se prestó para avalar la farsa electoral, acudiendo como observadores. Ni la OEA, ni la Unión Europea y ni siquiera la ONU. Solo personajes carentes de prestigio y credibilidad, como el expresidente socialista español Rodríguez Zapatero, el expresidente socialista autoritario ecuatoriano Rafael Correa, un funcionario iraní y un montón de militantes de extrema izquierda llegaron a Caracas para “observar” la farsa.

Maduro cumplió su propósito de apoderarse formalmente de la Asamblea Nacional y ahora vendrá por la revancha contra los diputados que fueron elegidos democráticamente en 2016, los cuales no reconocieron legitimidad al gobierno del dictador y eligieron a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela,  simbólico pero legítimo. En todo caso, a partir de enero próximo cuando tomen posesión los nuevos diputados espurios de la dictadura se abrirá en ese país un nuevo período de lucha por la democracia.

Como hemos dicho, la farsa electoral del domingo 6 de diciembre en Venezuela se podrá repetir de manera igual o parecida en  Nicaragua el domingo 7 de noviembre de 2021, cuando se realizarán las próximas elecciones nacionales.

Ese fraude solo lo podrá impedir la suma de la agudización de la crisis socioeconómica, el  regreso masivo de la gente democrática a las calles y una presión internacional mucho más fuerte y eficaz, que obligue a Ortega a permitir elecciones libres, limpias y  debidamente observadas, como fue obligado en febrero de 1990.

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