Bayardo Dávila no necesitó de la sabermetría o la statcast para medir su grandeza, porque la suya iba más allá de los números, estaba a la vista. Dávila es uno de los más herméticos y espectaculares defensores en la historia de nuestro beisbol, que además lo complementó con ser el único short stop de nuestra historia con una carrera de más de 100 jonrones, para ser elegido sin discusión al salón de la Fama del Deporte Nicaragüense.
Solo era cuestión de tiempo el llamado. Dávila es un auténtico inmortal. Su guante es de lo más seguro que se ha visto y aunque no era el más veloz, lo compensaba con su instinto para reaccionar a cada batazo y un gran sentido de la ubicación que se lo daba el estudio del juego.
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Indudablemente tenía un talento natural, pero hasta el más grande necesita pulimento y el granadino confesó que en la mayor parte de su carrera entrenó dos veces al día y tomaba prácticas extras, especialmente para recoger roletazos. Solo así se explica como era capaz de tantas acrobacias en el campo corto y de la forma en la que muchas veces tiró a la inicial sin ver.
“Entrenaba en dos turnos. En ese tiempo así eran las prácticas de los equipos. Primero íbamos de 8 a 12 de la mañana y después de almuerzo de 2 a 5 por la tarde. Luego me quedaba recibiendo de 150 a 200 roletazos”, explica Bayardo, como reflejo de que el trabajo duro y el talento son una combinación infalible para el éxito.
Dávila era tan diverso y espectacular que cada fanático puede tener su propio recuerdo especial del hombre al que llamaban el Ministro de Defensa.
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No comenzó en el short
Dávila debutó en el beisbol nacional a los 18 años de edad, en 1986 con los Tiburones de Granada, aprovechando la regla de los jugadores menores exigidos en el line-up. Entonces, era utilizado como jardinero izquierdo, porque el veterano Róger Acevedo era el dueño de las paradas cortas.
Un día, Acevedo de lesionó y entonces Dávila preguntó al legendario mánager Heberto Portobanco si podía darle la oportunidad en el short stop. Heberto dijo que sí y el resto es historia: una carrera con una defensa impenetrable y líder históricos entre los short-stops en los campeonatos nacionales de Nicaragua con 115 jonrones y segundo en hits en 1,381.
Sin embargo, para alcanzar la cúspide, Bayardo tuvo un largo recorrido. Todo comenzó jugando descalzo en las ligas infantiles. No tenía zapatos deportivos y no se podía dar el lujo de arruinar los de diario. Sus primeros spikes los obtuvo cuando debutó con los Tiburones en el 86 y tan solo tres años después, ya tocaba las puertas de la Selección Nacional y en 1990 saltó a otro nivel al brillar en el Mundial de Edmonton, con 56 batazos a su zona y ningún error, para ayudar a Nicaragua a conquistar el segundo lugar,
“Cuando iba a la Selección me preparaba, pasaba tomando rolas todo el día, me decía a mi mismo que si no bateo, entonces tenía que defender, pero también pegaba mis batazos. Era oportuno en momentos cumbres, como que me inspiraba”, valora Dávila, quien en efecto no era un out fácil y solía ser un noveno bate sobre cumplidor.
Cifras de respeto
De alguna forma sacó provecho de la era del bate de aluminio para construir sus cifras, sin embargo todos utilizaron los fierros y el granadino reunió mejores cifras que el resto en igualdad de oportunidades.
Entre 1993 y 1998 tuvo cinco temporadas de 10 o más jonrones, incluyendo 15 en 1993. Y es que de chavalo, su ídolo era el jonronero Ernesto López. “Quería ser como él y por eso también jugaba en los jardines”, confesó Dávila, cuyo promedio de bateo más alto fue de .361 en 1998 y de por vida registró un porcentaje de .270.
“No me molesta que digan que no fui un buen bateador, porque las estadísticas hablan por si solas. Creo que era un bateador silencioso”, dice Dávila, quien es comparado con Everth Cabrera, Rigo Mena, César Jarquín y Edgard López para el título de mejor short stop en la historia de Nicaragua.
El consejo a Everth Cabrera
“Everth es otro nivel. Creo que guante en mano estamos ‘tanacatana’ y lo respeto mucho. Hizo un buen trabajo en Grandes Ligas. Cuando Cabrera estaba en la MLB, me le acerqué y le pedí permiso para hablar con él, y le pregunté si jugaba con las señas del cátcher, el conteo, las características del lanzador, o sea de las cosas que a mi me ayudaron mucho. Él me escuchó y cuando lo volví a ver me dijo que lo puso en práctica y que le sirvieron mis consejos. Fue algo bonito para mí”, cuenta el granadino.
Dávila no tuvo la oportunidad de una firma profesional, aunque una vez se le vinculó a los Dodgers. “Cada año con la Selección íbamos de gira a Estados Unidos para juegos de fogueo contra la selección universitaria estadounidense y en uno de los viajes yo tenía un desgarre en la espalda y como Carlos García -presidente de la Feniba de entonces- era amigo de Peter O’Malley, que era dueño de los Dodgers, entonces me llevaron a Vero Beach para que me revisaran los médicos del equipo. Estuve como una semana ahí y en el último día para comprobar que estaba bien, me pusieron un uniforme de los Dodgers y me dieron rolings, entonces los periodistas nicas que andaban ahí lo asociaron como que me estaban haciendo una prueba, pero en realidad nunca hubo una intensión de firma”, revela el mago.
El campocorto atesora en su memoria momentos como su participación en los Juegos Olímpicos de Atlanta en 1996. “Fue lo máximo”, dice. Así como su brillante juego defensivo en el Mundial de Edmonton, un jonrón frente al cubano Oswaldo Fernández en el Mundial Nica de 1994 y las victorias en las series finales del 2005 con el Bóer y 2007 con Granada, en la cual estaba abajo 3-0 y de forma espectacular ganaron los últimos cuatro partidos y arrebataron la corona.
“Me metía en la mente jugar como si fuera mi último partido, independientemente del uniforme. Mi mentalidad era darlo todo. Siempre trataba de hacer lo mejor en el terreno de juego”, fue el lema de Dávila y el cual lo llevó a alcanzar una indiscutible grandeza.
Buenas cifras
Bayardo Dávila será recordado por su juego defensivo de otro planeta, pero es también justo reconocer su aporte ofensivo, que lo ponen entre los mejores en los campeonatos nacionales de beisbol.
Líder entre los short-stops en jonrones (115) y juegos (1491).
Segundo en hits (1381) y tercero en anotadas (670), empujadas (639), dobles (209) y bases por bolas (373).
Tuvo promedio vitalicio de .270 desde su debut en 1986 hasta su retiro en 2010.
Alcanzó jugar dos temporadas en la Liga Profesional, pero ya en el cierre de su carrera, y vistió el uniforme de la Selección de 1989 a 1998.