Me refiero a algunas apreciaciones vertidas en un correo recibido recién, que por la preocupación que ahí se plantea, debo aclarar ciertas cosas: Empecemos con los censos en Nicaragua:
1906 501,000 habitantes
1920 634,000
1940 830,000
1950 1,000,000
1995 4,300,000
2005 5,100,000
Cuando se inició el siglo XX la población de Nicaragua era de 501,000 habitantes (números redondos), según el primer censo nacional realizado en el país en 1906, durante el régimen de Zelaya.
Para cuando yo nací en 1935 era de aproximadamente 700,000 habitantes. Hay que notar que han sido censos con muchas imperfecciones y carencias técnicas. La población podría ser mayor.
El salto entre 1950 y 1995 se debe a algunas mejoras en la salud y la educación, en hospitales y vías de comunicación, que han elevado la expectativa de vida. Entre 1906 y 2005, cien años, hay un incremento poblacional de diez veces. Una estimación para 2020 podría llegar a algo como 6,250,000 habitantes. Hay que tomar en cuenta las migraciones del campo a las ciudades del país y del país a otros países. En 2015 debió levantarse un nuevo censo. Por razones políticas electoreras el régimen no tiene la voluntad de llevarlo a cabo. De hecho, no ha realizado ni uno.
En cuanto a la población mundial se estima actualmente en 7,500,000,000 habitantes planetarios. El déficit alimentario corresponde a 1,500,000,000 aproximadamente, según las agencias internacionales. Esto refleja la enorme desigualdad y marginación en el mundo que sufre una población en centros periféricos miserables, incluyendo migrantes y refugiados, donde grandes masas no producen nada ni mejoran sus condiciones.
No creo que sea la solución esperar que mueran millones de personas por guerras y desastres naturales, en los que detrás de tales eventos están la codicia y el desprecio a la vida que los poderosos no quieren ver, sostenidos por las armas de destrucción masiva. Por el contrario, debemos tener confianza en las cosas buenas que la ciencia y la tecnología alcanzarán en el próximo futuro para paliar las necesidades humanas y exterminar las pandemias en todo el planeta, sus causas y sus efectos más perniciosos. Y por supuesto, la resiliencia del espíritu humano para soportar, continuar hacia adelante y llegar a la meta.
A mí me parece muy injusto por varias razones hacer recaer la carga de la deforestación y el calentamiento en los más pobres y desprotegidos del planeta. Al igual que la destrucción de la naturaleza abandonada y desprotegida, también esos seres humanos sufren por la falta de protección de los gobiernos incapaces y de la sociedad para la que son solamente parias, los desheredados del mundo sin esperanza.
¿Por qué no llevar al tapete el despiadado despale de los bosques y la explotación irracional de los mares por la acción deliberada y agresiva de los gobiernos populistas y los emporios transnacionales? Ellos son los únicos que se benefician en grande con los recursos que pertenecen a todos los seres humanos de esta Tierra tan frágil que es nuestra casa común.
Esos expoliadores usufructúan un grandioso negocio que conduce al despotismo, la corrupción, la desigualdad y el crimen. Sobre este brutal panorama hay que pensar en voz alta y a voz en grito denunciarlo enfáticamente.
Aquí en Nicaragua medra un organismo nacional, el Marena, que no sirve para nada, solo come presupuesto. Pero tampoco el Ejército que hace millones con el despale y la pesca ilegal, haciéndose de la vista gorda, cuando entre sus deberes está el de cuidar eficientemente las áreas protegidas como Bosawas, Indio-Maíz, Chacocente, Tiscapa, Mombacho, Apoyo, Cosigüina, Solentiname, Laguna de Masaya, Cañón de Somoto, Apanás, Dipilto y Jalapa, Kilambé, Musún, Wawashang, Punta Gorda, Laguna de Perlas, llanos de Karawala, Cayos Miskitos, humedales y serranías, y todo un largo etcétera.
Y una verdad absoluta como que mañana saldrá nuestro Sol: El nivel de los océanos va en aumento. Como se habla de una subida medida en centímetros, a nadie se le ocurre pensar lo que eso significa en términos de horas, días, meses y años, no desde ahora.
Similar es el caso de nuestra Luna, que se retira o se aleja de la Tierra en cuestión de milímetros, pero se retira inexorablemente.