Ahora que recién ha pasado por Nicaragua y el norte de América Central el huracán Eta, dejando a su paso una estela de muerte y destrucción, se me ocurre escribir sobre Tifón, la divinidad que en la primitiva mitología griega personificaba a esos terribles fenómenos naturales que llamamos huracanes.
En nuestro lenguaje actual, tifón es el mismo fenómeno natural que en América Central y el Caribe llamamos huracán o ciclón. En esta parte del mundo se le llama huracán porque ese era el nombre del dios del fuego, del viento y de las tormentas de los antiguos mayas. Y en el Atlántico Sur y Asia el mismo fenómeno de la naturaleza es llamado tifón, este por el nombre de una primitiva divinidad monstruosa de los antiguos griegos.
Robert Graves dice, citando a Hesíodo, que Tifón era “el monstruo más grande que jamás haya existido”. Y dice que nació de Gea (la Madre Tierra), y Tártaro, el tercero de los dioses primordiales. El Tártaro era una divinidad que representaba a un profundo abismo localizado en el inframundo y a donde, según la narrativa de Platón, iban las almas de las personas al morir para ser juzgadas y premiadas o castigadas, según hubiera sido su conducta y sus acciones en vida.
Lucía Liñares dice en sus notas explicativas de una edición española de la Teogonía, de Hesíodo, que Tifón era un monstruo de cien cabezas de serpiente y mirada de fuego. Y el mismo Hesíodo en la obra mencionada explica que de Tifón viene “el poder húmedo de los vientos que tienen origen en los dioses”. Dice que son de gran ayuda para los mortales, pero “cuando los vientos de Tifón se sueltan, veloces soplan sobre el mar, se lanzan con malvada tempestad y son una gran calamidad para los mortales”. Sin duda que Hesíodo se refiere a huracanes como el Eta y el Mitch, y tifones como el terrible Haiyán que en 2013 causó la muerte de más de 10 mil personas a su paso por Filipinas.
“Aquí y allá soplan (los vientos de Tifón) y dispersan las naves, a los navegantes matan; contra el mal no llega a haber ayuda para los hombres que con ellos se encuentra en el ponto (el mar). Ellos a su vez, sobre la infinita tierra florida destruyen las obras amables de los hombres nacidos sobre el suelo, llenándolas de polvo y de arduo tumulto”.
Es una poética descripción de los huracanes y tifones escrita por Hesíodo hace unos tres mil años, a mediados del siglo VIII antes de Cristo.
El mitólogo Robert Graves dice que Tifón era tan poderoso que cuando corrió hacia el Olimpo para castigar a los dioses porque habían sometido a los titanes y los encadenaron en la profundidad de la tierra, todas las divinidades olímpicas huyeron a Egipto. Y allí, para ocultarse se convirtieron en animales: Zeus en macho cabrío, Apolo en cuervo, Dioniso en cabra, Hera en una vaca blanca, Artemisa en gato, Afrodita en pez, Ares en oso, Hermes en ibis, etc. “Solo Atenea se mantuvo en su puesto —relata Graves— y se mofó de la cobardía de Zeus, hasta que este, reasumiendo su verdadera forma, lanzó contra Tifón un rayo seguido de un golpe con la misma hoz de pedernal que le había servido para castrar a su padre, Urano”.
Después de una batalla realmente titánica, Zeus fue vencido por Tifón y encerrado en una remota cueva, donde era vigilado por Delfine, una monstruosa hembra que tenía cola de serpiente. Pero Zeus fue liberado por los dioses Hermes y Pan, que cogieron valor y acudieron en su ayuda.
Zeus fue en busca de Tifón para tratar de someterlo y poner fin a la amenaza que representaba para dioses y mortales. Lo encontró y fue aquella la pelea más terrible hasta entonces conocida. Tifón removía grandes montañas y las arrojaba contra Zeus, para aplastarlo, pero este respondía con su poderoso rayo que las desbarataba en el aire.
Huyendo de Zeus, Tifón llegó hasta Sicilia, donde se libró la gran batalla final. Exhausto, Tifón sentía que ya no podía seguir en la lucha. Entonces Zeus arrancó el monte Etna, lo estrelló en el enorme cuerpo de su enemigo y lo aplastó, hudiéndole después en la profundidad de la tierra. Desde entonces el Etna hace erupción y vomita fuego y piedras ardientes de vez en cuando. Y siguen también, los vientos de Tifón, soplando sobre mares y tierras, causando grandes desgracias a la gente que sigue siendo impotente ante las fuerzas descontroladas de la Naturaleza.
Tifón tuvo una compañera, Equidna, con la que procreó poderosos monstruos. Pero esto es para la siguiente historia.