La doctora Marcela Uhart recibió una llamada desde Bolivia que requería una respuesta urgente.
Se habían hallado monos muertos y todo indicaba que podía tratarse de fiebre amarilla.
Lo que sucedió en los cruciales días siguientes se convirtió en un ejemplo de qué pueden hacer los países no solo de América Latina sino a nivel global para protegerse de pandemias.
«Al final no hubo ningún caso humano de fiebre amarilla. Y todo esto lo logramos hacer en ocho días nada más«, señaló a BBC Mundo Uhart, veterinaria de vida silvestre y directora del programa latinoamericano del Instituto Una Salud de la Universidad de California-Davis.
La científica argentina es una de las autoras del reciente informe* de Naciones Unidas Medio Ambiente titulado «Escapando a la era de las pandemias».
El reporte advierte que las pandemias podrían ser cada vez más frecuentes y asegura que prevenirlas es «cien veces más barato que curarlas».
¿Qué pueden hacer los países para evitar megacrisis como la de la covid-19?
Marcela Uhart habló con BBC Mundo desde Argentina.
El informe asegura que es posible escapar a la era de las pandemias pero esto requiere un cambio de enfoque: pasar de la reacción a la prevención. ¿Qué significa esto?
Es el mensaje principal porque buscamos un mensaje esperanzador.
La realidad es que se esperan cada vez más eventos de pandemias y si no cambiamos lo que estamos haciendo ahora estos eventos van a seguir ocurriendo.
¿Por qué tenemos estas enfermedades emergentes recurrentes? Esto se relaciona de manera directa con las acciones humanas sobre el ambiente, la pérdida de biodiversidad, el cambio climático, la forma en que producimos alimentos, los cambios que hacemos en el uso de la tierra, la urbanización, todas las cosas que transforman esos ambientes naturales, generan desequilibrios y hacen que las personas tengamos cada vez más contacto con otras especies y los patógenos oportunidad para infectarnos.
El contacto con animales y la transmisión de patógenos, esto es importante aclararlo, ocurre muy frecuentemente. El tema es que el que un patógeno salte de especies y luego se haga transmisible entre personas es bastante raro y difícil y por eso solo lo logran algunos patógenos, como el SARS-CoV-2, causante del covid-19.
¿Podrías darnos algún ejemplo de ese derrame de patógenos a humanos?
El HIV SIDA es una de las pandemias más grandes que continúa con millones de personas afectadas y muertas.
Ese virus se originó de dos especies de primates no humanos a través del consumo de esos primates como alimento por personas y luego logró adaptarse y a partir de ahí surge el virus VIH humano.
Los virus de inmunodeficiencia en esas dos especies de primates en África serían los ancestros del que tenemos las personas.
El factor clave son las acciones e interacciones humanas que favorecen estos contactos y estos derrames de patógenos.
Es importante aclarar que ese evento de spillover o derrame puede ser único, y lo que sucede después es la adaptación de esos patógenos a transmitirse entre personas, con independencia de la especie animal que le dio origen.
El virus de influenza aviar H5N1 que mató tantas aves en el 2006-2007 mató personas también pero quedó ahí.
Había continuas reinfecciones de las gallinas a las personas, pero nunca se hizo transmisible entre personas.
Los eventos en los cuales un virus logra estas características de hacerse tan eficiente para transmitirse entre personas son raros.
¿Por qué el informe afirma que es cien veces más barato prevenir pandemias que intentar «curarlas»?
La idea es que si nosotros vamos a invertir millones de dólares en el desarrollo de vacunas en tiempo récord, con todo lo que eso implica en términos de riesgo, y estamos probando tratamientos a diestra y siniestra que no funcionan, más tenemos la economía parada, los chicos sin escuela…
O sea el costo actual y las proyecciones hacia adelante son incalculables.
Mientras que los costos de montar sistemas de salud fuertes, basados en la prevención, con bases de datos e información que se comunica alrededor del mundo y que permite que todo el mundo esté en alerta al mismo tiempo, todo eso se podría hacer con mucho menos costo.
Entonces es la forma inteligente y eficiente de actuar «antes» de que un patógeno o un brote se disemine globalmente y se torne pandémico.
Entre las recomendaciones para la prevención de pandemias el informe habla mucho del enfoque Una Salud, ¿en qué consiste?
Una Salud es explicar en palabras lo que debiera ser obvio, que nuestra salud está estrechamente conectada con la de los animales y la de los ambientes donde vivimos.
Entonces está mal que nosotros en los últimos tiempos hayamos dividido la salud en salud pública, salud de los animales de producción, salud de la fauna, porque en realidad como vemos con este ejemplo del covid, está todo unido.
Les voy a dar un ejemplo. El virus de fiebre amarilla es exótico para el continente americano, es de África y vino al continente americano con el tráfico de esclavos.
Como no es un virus nativo de las Américas, nuestras especies de primates no humanos son tremendamente susceptibles -especialmente los monos aulladores- porque no han evolucionado con ese virus a lo largo de toda su historia natural.
Entonces cuando hay brotes de fiebre amarilla en general los monos mueren en grandes cantidades.
Un sistema Una Salud que se usa mucho en Brasil es estar monitoreando a los monos, porque ni bien se detectan monos aulladores muertos, y además es bastante característica la forma en la que mueren abruptamente muchos monos, ya se puede sospechar que hay un problema de fiebre amarilla e inmediatamente se pueden tomar medidas preventivas con la población.
En el caso de fiebre amarilla hay vacuna, entonces es relativamente fácil y muy eficaz salir a hacer una vacunación preventiva y proteger a la población en ese lugar donde aparecen los monos enfermos.
Comentabas que un ejemplo exitoso de Una Salud se dio en Bolivia.
Nosotros estábamos trabajando en Bolivia en 2012 con el proyecto Predict, financiado por la agencia de desarrollo de Estados Unidos, que buscaba justamente descubrir virus con potencial pandémico.
Nosotros estábamos creando lo que se llama «capacidad de Una Salud» en Bolivia, fortaleciendo las capacidades de los profesionales e instituciones relacionados a la salud.
Una de las cosas que hicimos fue entrenar a la gente en algunos santuarios de vida silvestre, porque ellos reciben animales decomisados del tráfico, de los mercados.
Ellos estaban entonces prevenidos para vigilar si había mortalidad en los animales, y reportarlo rápidamente.
Y un santuario en el oeste del departamento de Santa Cruz detectó que había una mortalidad de monos silvestres que venían a visitar a los monos del santuario.
¿Qué acciones se tomaron?
Cuando ellos nos avisaron que había estos monos muertos, eran cinco o seis monos, nosotros les pedimos que juntaran algunos cadáveres y en unos días nuestros veterinarios especialistas hicieron las necropsias.
A todas luces era muy sugerente de fiebre amarilla, aunque nunca se había diagnosticado fiebre amarilla en primates en Bolivia hasta ese momento.
Con los laboratorios que habíamos preparado con este proyecto hicimos los análisis y vimos que en los monos muertos había virus de una familia que se llama flavivirus, que es donde están los virus de fiebre amarilla.
Incluso antes de confirmar que era efectivamente fiebre amarilla y no otro flavivirus, en el tiempo récord de siete días nosotros ya estábamos hablando con el Ministerio de Salud Pública de Bolivia y la Organización Panamericana de la Salud avisándoles de estas sospechas.
Y lo interesante de todo esto es que se analizó conjuntamente el riesgo y se hizo rápidamente una vacunación preventiva y un control de mosquitos en las comunidades vecinas que justamente habían pasado por un proceso muy grande de desforestación que es uno de los predisponentes a estos brotes.
La fiebre amarilla no se transmite de manera directa, no es como el coronavirus, sino que para transmitirse requiere como vectores a los mosquitos.
De hecho los monos no son reservorio porque se mueren, entonces en general el virus se mantiene en las poblaciones de mosquitos y así infecta a las personas o a los animales.
¿Alguna persona resultó infectada?
Al final no hubo ningún caso humano de fiebre amarilla. Entonces se logró la prevención cien por cien, y lo interesante fue que todo esto lo logramos hacer en ocho días desde que descubrimos los monos hasta que se implementaron las acciones.
Y lo digo para una audiencia latina que entiende…esto pasó en el fin de semana de Semana Santa cuando como ustedes saben, todo se frena.
Pero en esa ocasión se movilizó todo, se hizo todo el esfuerzo y no hubo que lamentar le pérdida de vidas humanas.
Eso fue como una prueba de concepto, qué sucede si uno trabaja coordinadamente y tiene a la gente en el campo mirando y detectando a los monos, y un laboratorio preparado, y un ministerio que está sobre aviso y que está dispuesto a intervenir rápidamente.
¿Qué tan generalizado está el enfoque Una Salud en los países latinoamericanos?
Los países latinoamericanos en general están empezando a pensar en esto, pero no hemos resuelto todavía el tema de los compartimientos estancos.
Seguimos pensando por un lado en salud pública, en salud de los animales de producción por otro lado, y en la salud de la fauna por otro.
Falta mucho para cambiar una mentalidad y forma de trabajar de muchos años y yo hago énfasis en la necesidad de modificar esto desde la formación académica de los profesionales, esto debería ser parte de la educación en todas las ramas de la salud.
Pero la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Salud Animal, la FAO, vienen pregonando hace años el tema de Una Salud.
Tenemos que comprender que trabajar desconectadamente no funciona, y creo que de las pocas cosas positivas que vamos a sacar del covid es darnos cuenta de esto.
El informe propone impuestos a la producción agropecuaria y otras actividades de «alto riesgo pandémico». ¿Cuál es el problema con la ganadería?
Es importante entender que esto se refiere a la producción de proteína animal en general, no sólo a la ganadería. En ese sentido, hay varias cosas asociadas a los riesgos que se mencionan en el reporte.
Una es que en la medida que uno avance en la ganadería, por ejemplo, en los sistemas tradicionales extensivos que son propios de Latinoamérica, Argentina, Uruguay, Brasil, uno desforesta.
La desforestación en Argentina y en Brasil para la producción de carne o de soja no es ningún secreto, de hecho es uno de los mayores problemas ambientales que tenemos.
La realidad es que en la medida que nosotros queramos aumentar nuestra capacidad de producción ganadera vamos a tener que ir hacia lugares donde hoy no estamos haciéndolo.
Muchos de esos lugares son humedales, áreas de bosques naturales. Para poner vacas ahí la practica tradicional en la mayoría de los casos es «desmonto y pongo la vaca».
Cuando yo desmonto quito el ambiente natural y la estructura de ese ecosistema que está funcionando. Ahí viven animales silvestres, mosquitos, todas la biodiversidad en equilibrio natural y cuando yo rompo ese equilibrio natural quedan las especies que se adaptan y a las que les va mejor en ambientes modificados.
Justamente algunos reservorios o vectores de enfermedades se adaptan muy bien al disturbio y ahí es donde hay problema.
De hecho hay estudios que muestran que en áreas desforestadas hay 300 veces más riesgo de malaria que en áreas con bosque intacto.
¿Por qué aumenta la transmisión de malaria en áreas desforestadas?
Eso es porque le damos las condiciones ideales al mosquito Anopheles que transmite la malaria.
Nosotros sacamos el monte, la cobertura vegetal, cuando llueve el suelo se encharca, entra la luz solar porque no hay bosque, calienta el agua dentro de los charcos y ahí se reproduce el mosquito.