León, esa ciudad a veces controversial de nuestra historia, se llena de júbilo durante los meses de noviembre y diciembre.
Es el sonar en las calles de tambores, danzas con sus gigantonas, enanos cabezones y el viejo a tuto que con disfraces ridículos satirizan y divierten desde siglos atrás, a ricos y viejos, a pobres y jóvenes.
Son por sobre todo sus coplas que lanzan al aire poetas que como juglares recorren sus calles sacándonos risas y llenándonos de expectación cada vez que el tambor se calla y para de bailar la hermosa mujer con su acompañante que la corteja en medio de su imposibilidad clasista, para dejar al poeta improvisar bellas coplas donde los expectantes del baile se convierten en parte del espectáculo, igual a un teatro abierto de bailarines, músicos y observadores mezclándose todos igual al pintor de un cuadro majestuoso que combina sus colores para darle vida y arte a su obra.
Por lo general las coplas son versos cortos directos y de doble sentido que las hace cómicas, con rima asonante o consonante con un lenguaje coloquial que nos ayudan a conocer las costumbres y el modo de vivir de una región. Sus versos son redondillas o seguidillas dispuestos como cuartetas de romance o tirana.
Ellas aparecen por primera vez en el Siglo XII, pero es en el Siglo de Oro que se cultivan cayendo en desuso durante el Neoclasicismo y son rescatadas por el Romanticismo y por poetas modernistas como nuestro gran bardo Rubén
Darío:
Amor tu ventana enflora
Y tu amante esta mañana
Preludia por ti una diana
En la lira de la Aurora
(Canción; RD)
Esas noches leonesas se llenan de poesía que se rebalsan por todo el país. Y con poesía se llenan los corazones de todos aquellos que viven en el pueblo, a tal punto que muchos de esos niños que vagabundean por sus calles y mercados, hablan en coplas que llaman la atención del extranjero culto que visita la ciudad.
Es posible que Darío y otros poetas desde niños aprendieron de esas calles trovadoras, despertando en sus genes el amor por la poesía.
No podemos hablar de coplas sin mencionar las de Jorge Manrique quien las inmortaliza en el S XV. “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir. Allí van los señoríos derechos a se acabar e consumir”.
Que bien se las canta para aquellos que antes y ahora se creen invencibles y todopoderosos, que asesinan, mienten y se burlan de los pueblos indefensos que lo único que tienen son sus coplas de la calles rebosantes de amor, arte y de folclor.
El autor es médico.