Licaón y el hombre lobo para el hombre

Licaón fue rey de los pelasgos, un pueblo primitivo antecesor de los helenos que tiempo después serían llamados griegos (gracoi) por los romanos. Arcas, nieto de Licaón, reinó también a los pelasgos y por su nombre llamó Arcadia al país.

De Licaón se dice que impulsó el progreso de su pueblo pero conservó algunas costumbres brutales, como los sacrificios humanos en rituales religiosos. Licaón introdujo el culto a Zeus y le hizo construir un templo en el monte Liceo, donde mandaba a hacer sacrificios humanos para adorar al supremo dios del Olimpo, creyendo tal vez que se lo agradecería y sería por eso más benefactor con él y con su pueblo.

Pero Zeus repudiaba los sacrificios humanos y cuando le informaron que estos se practicaban en su templo del monte Liceo, bajó a la tierra para comprobarlo. Se vistió como un peregrino y se presentó en el palacio de Licaón, quien quiso honrarlo ofreciéndole un banquete en el cual se le sirvió una comida preparada a base de carne humana mezclada con la de animales. Tal vez Licaón creía que con esa comida iba a quedar bien con su huésped.

Pero Zeus se enfureció al darse cuenta de que Licaón le había dado a comer carne humana y para castigarlo lo convirtió en un lobo, destruyendo además su palacio con un rayo, como solía manifestarse cuando estaba enojado.

Para muchos tal habría sido el origen de la leyenda del hombre lobo, también llamado licántropo, que se encuentra en diversas culturas del mundo.

Mucho tiempo después de lo ocurrido a Licaón, el filósofo Platón —quien vivió del año 428 al 347 antes de Cristo— aprovechó esa leyenda o mito para explicar en su obra la República la tesis de que los hombres que oprimen cruelmente a los demás, son lobos para los otros hombres. “Quien ha probado carne humana mezclada con la de otras víctimas necesariamente se convierte en lobo”, sentenció Platón.

Con perdón de las y los lectores, vale la pena citar aquí un poco más extensamente lo que dice Platón al respecto, considerando que se relaciona con la situación actual de Nicaragua:

“¿Y cuál es el principio de la transformación del jefe en tirano?”, pregunta Platón dialogando con Sócrates y otros amigos. Y continúa: “¿No es claro que empieza cuando comienza el jefe a hacer aquello de la fábula que se cuenta acerca del templo de Zeus Liceo en Arcadia? ¿Qué fábula? —le pregunta uno de los contertulios y nuestro filósofo responde—: La de que el que gusta comer una entraña humana desmenuzada entre las de otras víctimas, ese fatalmente ha de convertirse en lobo… Y así, cuando el jefe del pueblo, contando con una multitud totalmente dócil, no perdona la sangre de su raza, sino que… se mancha, destruyendo sus vidas y gustando de la sangre de sus hermanos con su boca y lengua impuras, y destierra y mata mientras hace al mismo tiempo insinuaciones sobre rebajas de deudas y repartos de tierras, ¿no es fatal destino para tal sujeto el perecer a manos de sus enemigos o hacerse tirano y convertirse de hombre en lobo?”.

Pienso que fue con base en esas reflexiones de Platón que el famoso filósofo inglés del siglo XVIII, Thomas Hobbes, escribió en su libro El Leviatán que “el hombre es un lobo para el hombre”. Según el filósofo e historiador costarricense Ever Arrieta, Hobbes utiliza esa frase célebre (que no es original de él) “para referirse a que el estado natural del hombre lo lleva a una lucha continua contra su prójimo”.

“La frase de Hobbes, en ese sentido —precisa Arrieta— se convierte en la metáfora del animal salvaje que el hombre lleva por dentro, siendo capaz de realizar grandes atrocidades y barbaridades contra elementos de su propia especie”. O sea que, como dice Platón en la República, se trata del hombre que al convertirse en tirano se vuelve un lobo para los demás hombres y, hablando metafóricamente, se alimenta con su carne y sangre.

Tal vez valga la pena reflexionar acerca de esto, a la luz de lo que ha ocurrido y sigue ocurriendo en Nicaragua, sobre todo a partir de abril de 2018. ¡Cuánta vigencia y actualidad sigue teniendo el pensamiento de Platón, igual que las enseñanzas de los demás sabios pensadores de la antigua Grecia!

Es preciso aclarar, sin embargo, que la frase hecha de que “el hombre es lobo para el hombre”, quien la dijo originalmente fue el comediógrafo latino Plauto (259-184 a. C.), en su obra Asinaria (la Comedia de los Asnos).

Seguramente Plauto conocía lo dicho por Platón en la República y le sirvió para acuñar la frase, pues cuando él nació hacía ya 88 años que el gran filósofo griego había fallecido.

Opinión sacrificios humanos Zeus archivo
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