Las mujeres se dedican a la elaboración de tortillas tostadas. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT

Las mujeres se dedican a la elaboración de tortillas tostadas. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT

Las mujeres de San Rafael del Sur que ahora hacen sus tortillas en ecofogones

Las jefas de 53 familias ahora trabajan con un sistema moderno, sostenible y que reduce su exposición al humo, gracias a un proyecto de Hábitat Nicaragua

Levantarse a las cuatro de la madrugada, bañarse y alistarse para iniciar una jornada de trabajo desde casa. Buscar los fósforos, acomodar el manojo de leña en un viejo cocinero improvisado — cuatro bloques formando un recuadro en el suelo — y poner unas bolsas plásticas para encender el fuego , unos cuatro bloques y en el suelo. Así iniciaba la jornada diaria de Blanca Córdobas, una joven de 27 años, delgada y de piel morena, quien se dedica a palmear tortillas y venderlas en el pueblo para ayudar con los gastos de los alimentos para su familia. Está casada y procreó junto a su esposo tres hijos: dos niñas y un varón, juntos viven en la comunidad rural Los Gutiérrez Norte, del Municipio de San Rafael del Sur ubicado a unos 50 kilómetros de Managua.

«Tenía un fueguito (cocinero) pero todo se salía el humo, me quemaba bastante, se me ahumaban los trastes, la ropa y yo, me ardían los ojos. Desde hace dos años los médicos me habían prohibido estar cerca del humo porque me causaba fuertes dolores en mis espaldas, me dijeron que se me estaban yendo a los pulmones», contó Córdobas a LA PRENSA. La situación que enfrentó por años esta mujer es muestra de la realidad en la que viven miles de mujeres en las zonas rurales del país, que se ven obligadas a poner en riesgo su salud a costa de generar ingresos para el sostén de sus familias.

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Nancy Arostegui, gerente de programas de Hábitat para la Humanidad Nicaragua, expone que en el país se estima que el 54.5 por ciento de la población habita en las zonas urbanas y el 45.4 por ciento en zonas rurales, citando las proyecciones de la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (FIDEG) para el 2020. «La proyección actual de población es que más de 1.2 millones de mujeres son del área rural», mencionó Arostegui.

Así como Blanca Córdoba, muchas utilizan fogones tradicionales ya sea para labores domésticas o como medio de trabajo propio, todas ellas están expuestas a diario y por años al efecto dañino del humo en sus pulmones. Es por ello que Hábitat Nicaragua desarrolló en San Rafael de Sur, municipio de Managua, el proyecto de diseño e instalación de ecofogones, un sistema moderno, sostenible y que reduce su exposición al humo.

Cocina saludable

La arquitecta de Hábitat Nicaragua, Alma Iris, destaca que las 53 mujeres que ahora cuentan con ecofogones tienen muchas ventajas. «Una de las principales es que reduce los problemas respiratorios y económicamente se reduce el consumo de leña en un 50 por ciento. La tortilla requiere entre 300 y 400 grados constantes, entonces para los ecofogones se requirió un sistema diferente de cámara de combustión que nos permite tener concentrado el calor. Se reduce el nivel de toxicidad que produce la quema de leña para las personas y el ambiente», señaló.

Los ecofogones son hechos con ladrillos especiales para hornos y fueron diseñados por Hábitat en conjunto con la Dirección de Fuentes de Energía Alternativa de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). Los ecofogones están valorados cada uno entre 300 y 350 dólares. Las beneficiarias también participaron en cursos de finanzas y un proceso educativo de viviendas saludables, que permite que las mujeres establezcan nuevas practicas de tanto de higiene y como mejor control de sus finanzas para medir sus ingresos.

Blanca Córdobas se dedica a la elaboración de tortillas tostadas. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT
Las mujeres se dedican a la elaboración de tortillas tostadas. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT

El marco del Día Internacional de las Mujeres Rurales, cada 15 de octubre, se reconoce el papel decisivo de las mujeres rurales en el desarrollo, la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza en todo el mundo.

Blanca Córdobas dice sentirse muy alegre y agradecida debido a que «ahora no me ahumo, gasto menos leña, es muy económico, es más fácil para cocer los frijoles, el maíz y echar las tortillas, antes hacia 40 y ahora con esto vendo mis 60 tortillas. Palmeaba menos y ahora más, no me agito tanto, no sale mucho humo, y si sale es por la chimenea», apuntó.

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Arostegui agregó que en la mayoría de comunidades rurales han observado que las mujeres trabajan por horas en espacios de cocina, pero que están en condiciones muy precarias y deterioradas. «La mayor parte del tiempo son hechas por ripios, techado o semiabierto, tienen fogones artesanales, a veces 4 piedras en el suelo y así pasan por horas preparando sus alimentos», detalló.

La venta de tortillas tostadas

Córdobas describió que en su comunidad la mayoría de las mujeres viudas y madres solteras sobreviven de la venta de las tradicionales tortillas tostadas. «Aquí es grande y bonito, la mayoría se dedica a palmear, para buscar el alimento del día, de eso se vive aquí, algunas que son madres solteras, que sus maridos no tienen trabajo por la situación (desempleo) entonces la venta se vuelven sus sustentos», explica.

Tortillas tostadas cuestan 4 córdobas y son elaboradas en comunidades rurales de San Rafael del Sur. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT
Tortillas tostadas cuestan 4 córdobas y son elaboradas en comunidades rurales de San Rafael del Sur. LA PRENSA / CORTESÍA HÁBITAT

Arostegui remarcó que esa realidad de cocinar en fogones improvisados se ve también en algunas las zonas urbanas en las ciudades. En Nicaragua el 90 por ciento de la población rural o de zonas periurbanas aún utiliza la leña como principal fuente de energía para cocinar.

«Las personas por un tema de costo de la cocina en el consumo de gas, mantiene el fogón de leña, entonces vemos en los barrios de Managua los camiones con los rifles de leñas, porque la gente consume leña. Además de la comida diaria, deben de usar esas cocinas para generar ingresos así que su exposición a estas condiciones es mayor», apuntó la gerente de Hábitat Nicaragua.

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