La Comisión de Debates Presidenciales (CPD) está ultimando los detalles a pocas horas del debate previsto para el miércoles entre los candidatos a vicepresidente de Estados Unidos, el republicano Mike Pence y la demócrata Kamala Harris.
La salud o la economía son temas clave para abordar, pero el contagio por coronavirus del presidente Donald Trump ha provocado un sinfín de reacciones en ambos partidos y la seguridad cobró protagonismo esta vez. El viernes, tras conocer la condición médica del mandatario estadounidense, la campaña de Joe Biden presentó una queja formal para expresar su inquietud sobre “la salud y la seguridad” ante un posible distanciamiento social inadecuado.
Tras estudiar el documento presentado por los demócratas, el portavoz de la campaña de Trump, Tim Murtaugh, afirmó que su partido estaba dispuesto a aceptar que entre los dos ponentes hubiera más espacio.
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“Estamos abiertos a más espacios entre los candidatos”, manifestó.
Según recogieron algunos medios estadounidenses, la organización del debate en la Universidad de Utah en Salt Lake City aceptó, a última hora del lunes, la instalación de un plexiglás entre Pence y Harris como medida de protección por el coronavirus. La Voz de América se ha puesto en contacto con la CPD para confirmar esta medida, pero de momento no ha obtenido respuesta.
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Otra de las novedades será que entre los dos candidatos habrá una separación de 3,6 metros (12 pies), casi el doble de la cita anterior, que fue de dos metros.
Las estrictas medidas de seguridad seguirán vigentes en este encuentro de vicepresidentes. Como pasó en el primer debate en Cleveland, Ohio, todos los asistentes al recinto deberán someterse a una prueba de COVID-19 que deberá resultar negativo. Además, todo el mundo deberá llevar puesta su mascarilla o, de lo contrario, “será expulsada”, según reza la normativa vigente de la Comisión de Debates Presidenciales.
¿Cuáles son algunas de las expectativas de los hispanos?
Mientras tanto, seguidores y simpatizantes de ambos partidos confían que en este encuentro de vicepresidentes se aborden temas que “interesan a la gente”, más allá de las disputas dialécticas y las interrupciones que protagonizaron el primer debate entre Trump y Biden.
“Honestamente no creo que el debate vaya a hacer la diferencia con las personas que van a votar por Trump, porque ellos ya están decididos. Pero sí que va a haber una gran diferencia con esos votantes indecisos”, dijo Joel García, un cubanoamericano residente en el sur de la Florida que acudió al centro de Miami para apoyar a Joe Biden en un evento de campaña.
Para Denis Pérez Sevilla, un nicaragüense seguidor de Donald Trump desde hace cuatro años, “lo más importante es que haya trabajo” y, según dijo, el actual mandatario “ha demostrado” que es capaz de crear “miles de puestos de trabajo, a pesar de la crisis con el coronavirus”.
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“Que haya trabajo, como lo está garantizando el señor Trump, que ha creado miles de empleos. En cambio, los socialistas van a quitar los empleos”, comentaba al respecto.
Mariluz García, otra hispana de 54 años, confía “en que este próximo debate va a ser mejor que el anterior” y asegura que Mike Pence “no va a perder la oportunidad de mostrar cuál va a ser su programa de gobierno para los próximos cuatro años”.
“Va a ser mejor que el primero porque él va a recalcar todas las mentiras que dijo Biden y va a continuar exponiendo la verdad: que la economía es la mejor que tenemos”, decía.
Una idea que contrasta con la de Lisbeth Espinoza, una estadounidense de ascendencia cubana que defiende el programa demócrata. Según ella, la administración “quiere sacar a la gente del Obamacare” (Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible) y “no dar asilo político a los inmigrantes”, dos aspectos que considera “esenciales” para el avance del país.
“Creo que Kamala Harris va a tocar todos esos puntos para que la gente vea que los demócratas van a estar a disposición de todos”, finalizó lamentando la “profunda división que hay en el país”.