Al término de la sobria ceremonia de ayer en la cripta de la basílica donde se encuentra el sepulcro de San Francisco de Asís, el papa argentino dio las gracias a los traductores del texto, escrito originalmente en español, pero con el título en italiano (idioma en el que se mantendrá invariable en la traducción de la encíclica en todas las lenguas).
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Antes de llegar a Asís, fuera de programa, el papa visitó el monasterio de la monjas clarisas, en Spello, y luego la basílica de Santa Clara, para orar en la tumba de la primera discípula de San Francisco, fundadora de la orden y la primera y única mujer en escribir una regla de vida religiosa.
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Un gesto que resulta una suerte de respuesta a las críticas al título de la encíclica por parte de un grupo de teólogas que acusaron al papa de dejar de lado a más de la mitad de los miembros de la iglesia católica, es decir a las mujeres, las «hermanas».
Redacción interrumpida por la irrupción de la pandemia
La tercera encíclica del papa, que toma el título de una frase de San Francisco de Asís, explica que cuando estaba redactando esta carta, «irrumpió de manera inesperada la pandemia de COVID-19 que dejó al descubierto nuestras falsas seguridades».
Este documento, explica el papa, es una respuesta «para quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones».
Y cuando se habla de la pandemia, Francisco señala que «más allá de las diversas respuestas que dieron los distintos países, se evidenció la incapacidad de actuar conjuntamente».
El papa explica que «el dolor, la incertidumbre, el temor y la conciencia de los propios límites que despertó la pandemia, hacen resonar el llamamiento a repensar nuestros estilos de vida, nuestras relaciones, la organización de nuestras sociedades y sobre todo el sentido de nuestra existencia».
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«Ojalá no nos olvidemos de los ancianos que murieron por falta de respiradores, en parte como resultado de sistemas de salud desmantelados año tras año. Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros», añade.

Contra «el dogma de fe neoliberal» del mercado
Francisco destaca además que «la crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia», pero que «no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo». «El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal», agrega.
«Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico «derrame» o «goteo» -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales», asegura.
Francisco aboga entonces por «volver a llevar la dignidad humana al centro y que sobre ese pilar se construyan las estructuras sociales alternativas que necesitamos».
lgc (efe/afp)