Y ADEMÁS
Mi nieto Alfredo Marcelo, de 14 años de edad y estudiante de segundo año de secundaria en un colegio católico, me preguntó que si sabía algo del mito de la caverna.
Le respondí que algo conocía de eso y entonces me pidió que le hablara un poco sobre el tema. —Es que el profesor de literatura nos dejó una prueba sobre el mito de la caverna—, me explicó el nieto.
Confieso que me llamó la atención la pregunta, porque ahora predominan las enseñanzas de los profesores globales, Google y Wikipedia, y mi nieto, como casi todos los chavalos de la actualidad, tiene un excelente dominio de la tecnología moderna de la comunicación. De cualquier manera, le hablé un poco —lo que él consideró suficiente— sobre el mito de la caverna y le confesé que me había motivado a escribir sobre el tema en esta columna.
En realidad nunca se me había ocurrido hacerlo, pues, aunque se le llama mito de la caverna, de Platón, no es propiamente un mito porque no se trata de una “narración maravillosa fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico”, y tampoco es un relato o historia ficticia, como son definidos los mitos en términos generales.
El mito de la caverna, según los filósofos y expertos literarios, es más bien una alegoría o ficción que envuelve una profunda y compleja reflexión filosófica de Platón sobre la relación de la ignorancia con la esclavitud, y de la educación, el conocimiento y la cultura con la libertad y el desarrollo pleno de la persona humana.
El mito de la caverna está en el Libro VII de La República que, según los entendidos, fue escrito por Platón alrededor del año 380 antes de Cristo. ¡Hace nada más y nada menos que 2400 años! y en la actualidad se sigue estudiando la obra de Platón, reconociendo su validez para escudriñar y entender la complicada naturaleza de la persona y la problemática humana. Y esto a pesar de que el estudio de la filosofía ha sido arrinconado por ser considerada por los nuevos “sabios” de la educación como una materia o disciplina obsoleta; y a los filósofos se les tiene como antigüedades de academias y bibliotecas. Pero nada más falso e injusto que eso.
El mito de la caverna es uno de los diálogos más célebres de la obra de Platón, en el cual su hermano Glaucón discute con Sócrates sobre la influencia o el rol del conocimiento, la educación y la cultura en la sociedad y en los individuos.
Sócrates pide a Glaucón que para entender el asunto imagine a un grupo de hombres que desde niños están prisioneros y encadenados en el fondo de una oscura caverna. Entre los presos y la pared hay un muro y al otro lado está encendido un fuego, el cual proyecta la sombra de diversos objetos que son llevados por otros hombres que pasan por detrás de la pared.
Los hombres prisioneros creen que las sombras que ven son la realidad, no se dan cuenta que son solo las apariencias. Pero uno de ellos logra romper sus cadenas y liberarse, sale a la superficie, ve lo que está más allá de la caverna y se deslumbra y es enceguecido por la intensa luz que alumbra la realidad. El hombre liberado puede ver el cielo, las estrellas, la luna, el sol que ilumina y da sentido a la vida más allá de las sombras de la oscura cueva.
El hombre regresa a la cueva para contarles a los prisioneros lo que ha visto, para iluminar su entendimiento con la información de lo que afuera existe realmente. Pero los presos se resisten a creerle, no admiten que haya algo distinto a las sombras que ven en su cautiverio, inclusive intentan hacerle daño porque les trata de enseñar que la realidad es distinta y puede ser liberadora para ellos. Platón dice que cuando los hombres están tan acostumbrados y resignados a su esclavitud, que es la ignorancia, incluso están dispuestos a matar a quien pretende liberarlos.
¿Y no eso, acaso, lo que pasó con el mismo Sócrates, condenado a muerte porque enseñaba a la juventud el conocimiento y la búsqueda de la verdad? (Y a Jesucristo, crucificado porque predicaba a la gente que el conocimiento de la verdad la haría libre).
Platón, mediante el mito de la caverna, enseña que el conocimiento de la verdad y la justicia, y su enseñanza por medio de la educación, la filosofía y la cultura, es un bien superior por cual se debe hacer cualquier sacrificio.
La caverna es la ignorancia, igual o peor que una cárcel, porque impide a las personas saber que hay un mundo luminoso más allá de la oscuridad de su falta de conocimiento. Y el prisionero liberado que sale a la superficie, ve la luz del sol y conoce la realidad, y regresa a la caverna para enseñarles la verdad a los prisioneros y ayudarles a liberarse, es el filósofo, el educador, el líder que desafía todos los riesgos, incluyendo la incomprensión de los mismos presos en su ignorancia, para hacer que brillen la verdad, la justicia y la libertad.