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Ernesto Medina Sandino.

Ernesto Medina: «Estar jugando con la unidad y las esperanzas del pueblo es un crimen»

Asegura que Ortega se está preparando para cometer fraude electoral en las elecciones de 2021, hace un fuerte llamado a la Alianza Cívica y cuenta cómo le comunicaron que Rosario Murillo lo había vetado del primer diálogo nacional

Es un apasionado de la química y se le nota cuando habla y recuerda sus años de estudios en Alemania, donde se fue a vivir durante cinco años con su esposa Rosario Mendieta. Ahora repasa con detenimiento y detalles los problemas que ha visto dentro de la oposición y de la misma Alianza Cívica, a la que critica y señala de falta de transparencia y de sobrevalorarse.

Responderá sobre la posibilidad de lanzarse como candidato a unas elecciones; asegura que Ortega se está preparando para cometer fraude electoral en las elecciones de 2021 y cuenta cómo le comunicaron que Rosario Murillo lo había vetado del primer diálogo nacional.

A usted lo llamaron para que participara en el primer diálogo.

Sí, me llamó monseñor Álvarez. Me fui con el padre Idiáquez, el rector de la UCA. Cuando llegamos había un montón de gente, nos llevaron a un cuarto y al ratito llegó Telémaco Talavera. No sabía qué era esa cuestión. Monseñor Álvarez nos contó que el Gobierno les pidió que organizaran un diálogo nacional y nos dijeron que si queríamos participar en representación del sector universitario.

Y después a usted lo vetaron de ese diálogo.

Estábamos en una reunión y el padre Idiáquez recibe una llamada y yo noto que me quedaba viendo y me dio el teléfono. Era monseñor Álvarez, que me dijo que venía de una reunión y la palabra que él usó fue: “Venimos de una batalla campal con Rosario Murillo y ella nos dijo que usted no podía participar en el diálogo y que si usted participa el diálogo se termina”. Me pareció absurdo. Hablamos con el cardenal y nos dijo que comprendía el descontento, pero que esa decisión ya la habían tomado. Un conocido luego me dijo que había estado en una reunión de la Conferencia Episcopal, ahí surgió el tema de mi problema y pues ellos (los obispos) le explicaron que era una orden de la Chayo y que eso estaba complicando las cosas. Le pidieron a este empresario que hablara conmigo y que por favor no siguiera insistiendo para que el diálogo pudiera avanzar y yo le dije que sí, que era una locura que por mí se vaya Nicaragua al precipicio.

El tema de la unidad cada vez se mira más difícil.

Ha habido problemas desde siempre. Desde que la Alianza decide definir su naturaleza después del seudodiálogo y del fracaso del segundo diálogo. La Alianza éramos un grupo de gente al que nos llamaron los obispos, no sé con qué criterios nos seleccionaron, pero ni nos conocíamos ni habíamos trabajado juntos y entendíamos que nuestra misión era dialogar y servir como contraparte para buscar una salida. Cuando el diálogo fracasa, pensamos qué íbamos a hacer y ya desde antes se vino hablando de la idea de convertirnos en un grupo político. Desde ahí vinieron más dificultades porque nunca se definió exactamente bien cómo iba a funcionar eso con la estructura que tenemos, de sectores bien disímiles, sin tener una plataforma política y solo un objetivo común.

¿Cuál es el miedo de presentarse como un partido político?

Yo creo que es por el mismo resquemor. Sobre todo los jóvenes, no querían saber nada de partidos políticos y yo creo que también la mayoría menos joven, no simpatizábamos mucho con la idea de partido político. Sabíamos que tarde o temprano teníamos que ir al Consejo Supremo Electoral y se descartó, pero decidimos comenzar a trabajar y organizarnos.

Ahora que existe la Coalición Nacional, ¿cuál es el principal problema de ustedes?

El problema es el origen. Ese primer grupo unitario se terminó dividiendo en la Unidad Nacional Azul y Blanco, la Alianza Cívica, el FAD, los movimientos sociales, varias agrupaciones juveniles y no funcionó. No logramos ponernos de acuerdo y la Alianza decide salirse. Que cada quien vaya a su lado, que cada quien mantenga su identidad. Esa fue la primera vez que la Alianza se sale de un movimiento de unidad. Se siguió trabajando y se acordó formar la Coalición Nacional, que teníamos que ampliar el movimiento de unidad y para mí es un error que los dos movimientos que la fundamos todavía no nos habíamos puesto de acuerdo sobre qué realmente iba a ser la Coalición Nacional. Estábamos presionados por el tiempo, esto debió hacerse el año pasado y no se hizo, se puso una fecha para comienzos de este año.

¿En serio piensan que van a participar en unas elecciones?

Es un tema a discutir. A mí, en lo personal, creo que sí hay que participar. Todos estamos de acuerdo con que Ortega va a hacer elecciones a su gusto y, por mucho que negociemos reformas electorales, no va a aceptar los puntos que garanticen una elección medianamente libre y transparente.

¿Entonces para qué participar?

Primero, porque Ortega las va a hacer. Él sabe que su sobrevivencia depende también de elecciones. Él las va a hacer y para ganarlas a como sea. El problema de no participar es que si nosotros o quien sea llama a la abstención, él va a mostrar los resultados que ya sabemos y la comunidad internacional, dependiendo de lo descarado que sea la cosa, va a subir el volumen o lo va a bajar, va a protestar o patalear, pero al final va a terminar aceptando y reconociendo el resultado. Eso es lo que quiere Ortega, un nuevo periodo con cierto reconocimiento, si no participamos se la ponemos fácil.

¿Ortega se está preparando para robarse las elecciones de 2021?

Obviamente. Ortega primero necesita elecciones para legitimarse, pero sabe que la única manera de ganar unas elecciones es robándoselas. Lo que tenemos que estar haciendo es estar listos para denunciar el robo, para que la gente, en mi opinión, participe y le demuestra a Ortega que por mucho que ya tenga sus resultados antes de que se llenen las urnas, no queremos saber nada de él y que tendría que irse y, segundo, que vamos a tener argumentos para poder presionar. ¿Qué va a pasar? Es bien difícil. Lo estamos viendo en Bielorrusia que fue un robo descarado, pero la comunidad internacional está vacilante con qué hacer. Estados Unidos dice que no reconoce a (Aleksandr) Lukashenko, pero este ya está instalado. Dependerá de qué tanto estemos dispuestos a defender nuestro voto. Se necesita un tejido sólido, fiscales que no se vendan y gente dispuesta a arriesgarse.

Para tener eso necesitan organizarse, pero parece que son incapaces de ponerse de acuerdo.

Es el problema que tenemos, que en cosas más sencillas no nos ponemos de acuerdo.

La gente como que echa en falta un liderazgo claro. Habla de ir a elecciones, pero no hay candidato.

Yo diría que es la nueva cultura que nació a partir de abril, los anticuerpos que hay al caudillismo. Cualquiera que aparece perfilándose como candidato ya es sospechoso de caudillo, ya lo comienzan a ver mal y a atacar. Algunas figuras nosotros mismos las hemos anulado y las hemos asustado, u otras que no se atreven y piensan que para qué proponerse si los van a terminar crucificando. La gente rechaza al caudillo, pero, por otro lado, sigue haciendo falta.

¿Qué piensa del liderazgo actual?

Esto está como está porque el liderazgo que hay ahorita es muy débil y no ha sido capaz de plantarse y decir: “Miren señores, aquí no podemos seguir perdiendo el tiempo en cuestiones que sí son importantes», pero no es lo que la gente quiere ni lo que tenemos que hacer para que esta cuestión se mueva. Creo que tiene que resolverse ese problema de liderazgo que sí es real, y el liderazgo actual creo que ha sido torpe. Viendo lo que está pasando, no han hecho lo que tienen que hacer para buscar soluciones. Más bien estamos buscando siempre lo fácil y decir: “Me voy porque no me gusta”.

¿Usted se postularía para una candidatura?

¿Yo? No, yo ya no.

No es la primera vez que alguien dice que usted podría ser un buen candidato.

No, no. Mirá, siempre mi papel en Nicaragua lo vi en la educación. Tengo ideas para el sistema educativo, me considero un educador antes que otra cosa. Y para serte más franco, viendo lo que está pasando en estos días, he decidido lanzarme abiertamente a decir lo que pienso. Alertar del peligro de otra división más que venga desde la Alianza Cívica, porque creo que eso le va a hacer daño a la Alianza y va a ser muy negativo para el esfuerzo de unidad.

Si hay algo que me tranquiliza en la vida es que yo nunca me he quedado callado. Cuando veo algo que no me gusta expreso mi opinión, aunque sé que hay gente que no le gusta, como está pasando ahorita. Tampoco me gusta que me miren cara de imbécil. Siento que, por mi formación, experiencia, tengo una capacidad de análisis para ver. Yo con Ortega no tengo nada personal, pero si hay algo que rechazo de Ortega es que piense que yo soy estúpido. De que me va a vender unas barbaridades, ya no se diga de la señora (Rosario Murillo). Cuando yo la oigo, lo que siento es que si me está viendo la cara esta señora, seguro que está viendo a un pelele o a un estúpido y yo no soy eso.

Descartada la posibilidad.

Lo que está pasando en estos días me demuestra que no estoy hecho para la política. No aguanto la hipocresía. Estoy viendo a compañeros que estimo y aprecio mucho que están cayendo en eso y que supuestamente son el estandarte de la nueva Nicaragua y lo triste es que si querés tener éxito en la política tenés que llegar a esto. Si intento mantener una postura como esta de ahorita, no tengo futuro, todo mundo me va a caer encima. A mis hermanos de lucha no les gusta que les diga que la gente está esperando transparencia, que los vean a la cara y les digan lo que piensan. En cambio, están diciendo cosas que no tienen nada que ver con la realidad y ocultando las verdaderas razones de lo que están queriendo hacer.

¿El principal problema de la oposición es la misma oposición?

Ahorita sí. Daniel Ortega está tranquilo y haciendo cosas que en cualquier otro país serían inimaginables. Que un gobierno esté pensando en leyes como las que están en el tapete ahorita en Nicaragua, solamente son posibles para un régimen que tiene claro a dónde quiere llegar y que se la están poniendo fácil. Él sabe los conflictos que tenemos y se está despachando hermoso porque sabe que no va a tener ninguna oposición.

¿Cuáles otros errores está cometiendo la oposición?

Primero, menospreciar a Ortega y, segundo, sobrevalorar a algunos de los liderazgos de la oposición.

Viendo las cosas, así todo invita a la desesperanza.

Lo que está ocurriendo en estos días a mí me ha movido el piso. Yo considero que soy un optimista irremediable. Ayer tuve una reunión con grupos que algunos no sabían que existían en los territorios. Querían que les diera una visión del problema que tenemos. Ellos se sienten parte de la Alianza, había gente de 11 departamentos del país y más de 50 personas, y todos los que hablaron dijeron que la Alianza no se puede salir de la Coalición Nacional y que no pueden fallarle a Nicaragua.

Parece que el ciudadano de a pie tiene más claras las cosas que los que dicen liderar.

Desgraciadamente así es. En el acto de 15 de septiembre, donde no estuvo presente la Alianza y que era un acto de la Coalición, yo dije que iba a ir y sabía que si me daban la palabra yo iba a decir lo que dije. Después de eso, mucha gente me ha llamado felicitándome, pero para mí lo más importante es que me lo dijeran mis hijos, que estaban orgullosos de mí. Ahora cualquiera me puede decir lo que quiera, tratar de descalificarme, decirme que me equivoqué o que soy un traidor.

¿Qué ocurre con el partido político Ciudadanos por la Libertad, que no quiere entrar a la Coalición?

No los conozco en detalle. He oído declaraciones de su presidenta y creo que es un partido que se sobrevalora, que cree que tiene un valor más allá de lo que realmente representa y está cometiendo el error de actuar con base a concepciones de mucho prejuicio y de pensar que en su grupo están los que no tienen ninguna falta, que son puros, y eso no es cierto. En todos lados hay personas que tienen responsabilidad con lo que está pasando ahora. Creo que no han sido claros con el pueblo de Nicaragua. Quizás el mayor reclamo que les haría es que están engañando a la población y que hasta ahora no han hecho una propuesta clara de qué ofrecen al pueblo.

¿Y sus reclamos a la Alianza Cívica?

A la Alianza le ha faltado transparencia, humildad y también se ha sobrevalorado y en estos momentos de crisis tampoco ha sido lo suficientemente clara, como para decir que si no está contenta con la Coalición Nacional como vehículo para la unidad cuál es la alternativa. Sigo esperando que se me explique.

¿Qué siente al pensar que Ortega puede reelegirse en 2021?

Mi gran temor es que viendo y conociendo a Ortega, es fácil adivinar el futuro de Nicaragua por culpa de nosotros, por no ser capaces de ponernos de acuerdo. El futuro lo podés ver en países como Corea del Norte, la misma Cuba, ahorita en Bielorrusia, el régimen de Hitler que lo he estudiado, Franco en España y eso es lo que nos espera. O te callás o te mato. Estas leyes son tremendas, pero Ortega no se va a contentar con eso. Lo que quiere es eternizarse en el poder sin ningún tipo de ruido. Lo hicieron en el pasado, lo de mandar a campos de concentración o cadena perpetua a todos los opositores políticos, miembros de las iglesias, minorías incómodas, lo hizo Franco, Hitler, Stalin y lo está haciendo Ortega. Lo siguiente es el paredón y desaparecerte. Teniendo la legitimación de una elección, no le importará lo que diga la comunidad internacional. Estar jugando a como estamos jugando ahorita con la unidad y con las esperanzas del pueblo es un crimen.


Plano personal

Ernesto Medina Sandino es el cuarto hijo de una familia de trece.

Su padre es contador, su madre maestra de primaria. Ambos viven.

En 1974 se graduó en León en Química. Ese año obtuvo una beca para estudiar un posgrado en Alemania. Vivió casi seis años en Alemania, los que considera los mejores años de su vida.

Regresó a Nicaragua en los años 80 para comenzar como profesor en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Se encontró con laboratorios vacíos y destruidos por la guerra.

Tiene 46 años de casado con Rosario Mendieta, tienen dos hijos.

Se fue con su familia en 1991 a vivir a Suecia, donde trabajó en un instituto de investigación.

Se considera uno de los últimos “dinosaurios de la química”, ya que sus estudios fueron antes de que la computación se extendiera.

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