En el mes patrio, ¡hagamos Patria!

Los tiempos en que septiembre era un mes de celebraciones, en donde se rendía homenaje a nuestros héroes independentistas quedaron atrás.

Hoy en día no creo que a nuestros niños y jóvenes les quede claro ¿qué exactamente se está celebrando? Si son una serie de actos para resaltar la imagen de la familia gobernante o la celebración de un año más de nuestra independencia de España.

Aquellos tiempos en que septiembre era en realidad el mes de la patria, quedaron atrás. Todavía recuerdo mis levantadas a las cinco de la mañana para prepararme y estar muy temprano en el punto de reunión, según el colegio de cada quien. Los desfiles de las diferentes bandas de los colegios, sus palillonas y los equipos de gimnastas rítmicas arrancaban aplausos de los que se congregaban en la plaza y sus alrededores, era en verdad una fiesta de la que participaba toda la familia. Las bandas del Colegio Pedagógico, del Primero de Febrero, el Ramírez Goyena y la Academia Militar se disputaban el premio a la mejor banda, en gimnasia rítmica, perdónenme que se me salga lo febrerista, pero nuestro colegio no tenía quien se les parara a nuestras muchachas de la gimnasia rítmica.

Por el contrario, hoy en día, son muy pocos los colegios que continúan inculcando en nuestros jóvenes que ser patriota significa honrar los ideales democráticos sobre los que fue fundado nuestro país, y exigir que nuestros oficiales electos hagan lo mismo respetando y obedeciendo nuestras leyes y honrando la bandera y resto de símbolos patrios.

Todo lo contrario de lo que recetan a nuestros hijos actualmente, en que la competencia por cuál director de colegio es el más subordinado parece ser el común denominador. El culto a la pareja gobernante ha alcanzado tal degradación, que no es raro ver niños desfilando vestidos con los colores del partido de gobierno, no hay colegio que desfile sin llevar por lo menos una docena de banderas rojinegra y las fotos gigantes del comandante y la compañera preceden a la de nuestros héroes.

Mientras todo esto sucede la lucha sin cuartel entre los grupos opositores al gobierno se encuentra al rojo vivo, tratando de convencernos que cada uno de ellos es la mejor opción para representarnos. El colmo de la majadería política es que hay un grupo que su única preocupación es cómo hacer para desconocer a su líder, en un momento en que puntea en todas las encuestas de opinión como el mejor candidato a la presidencia. Si encuentran un ejemplo de inverosimilitud política mayor, por favor compártanla.

Volviendo al título de este artículo, ¿cómo le hacemos? Para que nuestros políticos entiendan que ya tenemos suficientes aspirantes a líderes, que lo que necesitamos son patriotas que prediquen con el ejemplo. Y no me estoy refiriendo a patriotas como Andrés Castro, Rafaela Herrera, José Dolores Estrada o Rigoberto López Pérez. El patriotismo al que aspiramos es más simple, menos dramático. Lo que pido es que el que arengue, predique con el ejemplo, que no pida sacrificios o acciones que no es capaz de llevar a cabo. No creo equivocarme si afirmo que la mayor prueba de patriotismo por parte de nuestros políticos, sería que hicieran lo posible por ponerse de acuerdo en las exigencias mínimas a la dictadura para poder participar en las próximas elecciones presidenciales. Estas exigencias mínimas tienen que ir acompañadas del compromiso de no prestarse a validar otra farsa electoral, participando de una elección en donde no haya libertad de movilización, una observación internacional creíble y por supuesto previa excarcelación de nuestros presos políticos, por mencionar algunas.

Cuando hayan forzado al gobierno a dar esas elecciones, entonces pueden comenzar a pensar en los puestos de elección popular y no va a hacer falta que se peleen por quién es más o mejor dirigente, porque el pueblo en su sabiduría ya los habrá identificado.

El autor es comentarista político.

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