No debemos olvidar el 12 de septiembre

El 14 de septiembre, como parte de nuestras fiestas patrias, conmemoramos la Batalla de San Jacinto, sin recordar que dos días antes en ese año de 1856 ocurrió un hecho trascendental para el curso de nuestra historia: La suscripción en León del “Pacto Providencial” entre Legitimistas y Democráticos que afianzó la unidad nacional para enfrentar al filibustero y juntos defender la soberanía, libertad e independencia patria.

Ambos acontecimientos fueron fundamentales para asegurar la victoria en la Guerra Nacional; si bien, por la tardanza en llegar las noticias, dada distancia entre León y la Hacienda San Jacinto, no podemos garantizar que la firma del convenio influyera directamente en el desarrollo de la batalla, los dos eventos reforzaron la conciencia nacional con la certeza de que unidos, olvidando las diferencias y horrores que ambos bandos se habían causado en la guerra civil iniciada en 1854, era posible derrotar al filibustero y expulsarlo del territorio nacional.

José Dolores Estrada, en San Jacinto, demostró que con arrojo, valor y disciplina era posible superar la ventaja tecnológica de los rifles y revólveres de los extranjeros que mancillaban el terreno patrio, comprobando que era factible derrotarlos militarmente, convicción reforzada con la noticia de la muerte de Byron Cole, quien había firmado el oprobioso contrato con Castellón para involucrarse en nuestros asuntos.

Máximo Jerez y Tomás Martínez, el 12 de septiembre, alentados por los gobiernos centroamericanos, escucharon el clamor nacional e hicieron honor a su compromiso patriótico superando el pasado en aras del interés superior de “salvar a la república”, garantizando la convivencia nacional y asegurando la democracia mediante la celebración de elecciones libres, solamente factibles tras la derrota de William Walker.

El 18 de julio de 1856 en Guatemala los países de la región firmaron un tratado de alianza, apoyando la causa democrática en Nicaragua para derrotar al tirano de entonces; en los años 80, frente a las nuevas amenazas contra la paz y la democracia originadas por el gobierno totalitario de Ortega, nuevamente Centroamérica y la comunidad internacional con los acuerdos de Esquipulas I y II fueron decisivos para devolver a Nicaragua al sendero de la democracia, en ambos casos, la historia demostró la importancia del apoyo externo para la causa democrática y que es indispensable el compromiso unitario y firme de los propios nicaragüenses, para que prospere, como la UNO en 1989.

La relevancia de estas remembranzas es el valor de sus enseñanzas para inspirar las soluciones requeridas en el presente; en el convenio del 12 de junio de 1857, concluida la Guerra Nacional y ante el riesgo de reeditar la guerra civil, Martínez y Jerez dejaron por escrito la lección, después de dar gracias a Dios porque Nicaragua todavía existía, establecieron el gobierno binario, conocido como Chachagüa, expresando la satisfacción de que sus hijos han podido aprovechar las dolorosas experiencias del pasado e invitando a los nicaragüenses a ser más celosos con su conservación y engrandecimiento.

Hoy, como ayer, las instituciones republicanas han sido demolidas, entonces la soberanía se entregó a intereses extranjeros, ahora a Wang Jing; todos los poderes están concentrados en una persona pretendiendo simular la existencia de un gobierno real, así como los gobiernos organizados por Walker sometidos plenamente a su voluntad absoluta, ejecutando y encarcelando a los patriotas y con elecciones directas en las que únicamente el dictador puede resultar electo.

Nuevamente la unidad es imperativa, ya no para la guerra sino para la lucha cívica frente al dictador, quien aviva las diferencias y exacerba los conflictos para asegurar la división y prolongar su abuso del poder. Unidad para exigir primero condiciones y luego elecciones, impulsando una reforma electoral integral y profunda que devuelva al ciudadano el derecho a elegir, sin presos políticos, sin suspensión de derechos constitucionales, sin paramilitares y en una casilla que represente el esfuerzo plural de unidad con una denominación común.

Nicaragua, como en 1856, demanda una Coalición Nacional incluyente, sincera y balanceada.

El autor es abogado. Miembro de la Coalición Nacional.

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