El presidente de la Asamblea Nacional de la dictadura, Gustavo Porras, ha sido el único oficial del régimen que ha hablado del tema electoral. En enero pasado, al inaugurar el período legislativo de 2020, Porras anunció que este año habrá reforma electoral, sin entrar en detalles de su posible contenido. Ahora, en la sesión especial que el parlamento orteguista celebró el 2 de septiembre, para condecorar a un sandinista de Estados Unidos (EE. UU.), Porras volvió a hablar del tema y dijo que se están preparando para la lucha electoral, con vistas a las elecciones nacionales que de acuerdo con la Constitución deben celebrarse a principios de noviembre de 2021.
Pero que los sandinistas se preparan para la lucha electoral no es noticia. Ellos siempre están en campaña electoral, lo cual es característico de todos los partidos y regímenes populistas y clientelistas, los cuales usan los recursos y los programas del Estado para hacer propaganda partidista y caudillista de manera permanente.
En todo caso, lo interesante de lo dicho por Porras el 2 de septiembre es que dejó claro que las elecciones de 2021 no serán competitivas, o sea para que los electores escojan libremente a quienes quieran que los gobiernen y representen, sino para que Ortega siga en el poder y para fortalecer lo que ellos llaman “revolución sandinista”.
“Nada nos puede detener… Estamos convencidos de que vamos a una lucha electoral de defensa de la revolución. No vamos a disputa (del poder por el voto), vamos a defender la revolución… a defender nuestras conquistas”, dijo el operador legislativo de Daniel Ortega y el Frente Sandinista.
Esto es un déjà vu, la expresión francesa que se refiere a la sensación de una experiencia por la que ya se pasó antes pero se presenta como nueva. Lo dicho por Porras este 2 de septiembre es lo mismo que decían los comandantes sandinistas después que tomaron el poder en julio de 1979. Quedan muchos nicaragüenses que pueden recordar las vociferaciones de los líderes sandinistas acerca de que el pueblo ya había votado en julio de 1979, y que les había dado el poder que jamás rifarían en elecciones libres, las que ellos llaman despectivamente “democrático-burguesas”.
En su libro de historia nacional, La lucha por el poder, el poder o la guerra, el expresidente Enrique Bolaños cita textualmente al general y comandante de la revolución sandinista Humberto Ortega, jefe del Ejército y miembro de la Dirección Nacional del FSLN, quien el 25 de agosto de 1981 expresó en un discurso: “no vamos a disputar el poder, no nos hemos comprometido con las elecciones que ellos piensan vamos a impulsar y nosotros nunca, ya lo dijimos en ciertas ocasiones a través de la Dirección Nacional, no vamos a ir a discutir el poder”.
Por la incapacidad de gobernar bien y por las presiones internas y externas, los sandinistas tuvieron que hacer un simulacro de elecciones en 1984. Pero como no les sirvieron para apuntalar su poder, tuvieron que hacer elecciones verdaderas en febrero de 1990, bajo la presión de la guerra y la comunidad internacional, creyendo que el pueblo estaba con ellos y que las iban a ganar, y las perdieron. Ahora, lo dicho por Porras revela que lo que el orteguismo se propone hacer en 2021 es otra farsa electoral como la de 1984.