El fusilamiento del general Ponciano Corral

William Walker, el invasor norteamericano sureño esclavista, tomó Granada por sorpresa el 23 octubre de 1855, menos de un mes después ordena arrestar a quien indirectamente le dio la mano para llegar al poder y fusila nada menos que al jefe de las fuerzas armadas de los granadinos, general Ponciano Corral.

Dos meses y medio antes Walker había logrado la eliminación del general Trinidad Muñoz, quien no simpatizaba con la intromisión de filibusteros en Nicaragua.

El general Corral era el jefe del Ejército Legitimista granadino. El general Muñoz era el jefe del Ejército Democrático leonés.

O sea, en cinco meses Walker terminó con los dos jefes de los ejércitos nicaragüenses.

¿Cómo fue?

En un segundo ataque por el lado de Rivas, Walker y sus tropas hábilmente capturaron esta vez en el puerto de La Virgen uno de los vapores del lago, navegaron de noche y en la madrugada del 13 de octubre cayeron sorpresivamente sobre la adormilada ciudad de Granada.

Fue tal la sorpresa que las pocas tropas que la cuidaban tuvieron que rendirse.

El grueso de las tropas bajo el mando del general Ponciano Corral estaba en Rivas, departamento donde esperaban el ataque de Walker, quien vendría por mar con sus tropas desde León embarcadas en El Realejo.

Una vez Walker adentro de Granada y Corral sorprendido ya regresado desde Rivas, se estacionó en Nandaime para según él tratar de recuperar Granada. Pero al ver las desventajas más bien lo que hizo fue cabalgar hasta Managua y negociar con Walker.

El 29 de octubre entraba Corral con sus tropas en Granada, pero custodiado por los filibusteros.

Walker organizó a su gusto el nuevo gobierno: Patricio Rivas, presidente; William Walker, jefe del Ejército; Ponciano Corral, ministro de Guerra; Máximo Jerez, ministro de Relaciones Exteriores, etc.

El día siguiente Rivas y su gabinete tomaron posesión con la bendición del padre Agustín Vijil, quien preparó un Te Deum en la Iglesia.

Esto no gustó a Corral, quien el 1 de noviembre escribió una nota a sus aliados hondureños Guardiola y Xatruch.

La envió al coronel Tomas Martínez, jefe de la plaza de Managua, pero este entregó la nota misiva a Benito Lagos, un segoviano que la podría llevar cabalgando a “mata-caballo” hasta Honduras. Sin embargo, Lagos era un soldado resentido con los legitimistas y lo que hizo fue llevar la carta a Granada, al general José María Valle, quien se la entregó a Walker.

Este de inmediato ordenó arrestar al general Corral, le hicieron juicio militar sumario y lo sentenciaron a muerte por fusilamiento. La ejecución se llevó a efecto el 8 de noviembre de 1855, en la plaza frente al cuartel general de Walker
Irónicamente este mismo general José María Valle había sido factor clave en un crimen similar, es decir cuando envió a un soldado a asesinar por la espalda al otro jefe militar, el de los leoneses, el general Trinidad Muñoz, dos meses y medio atrás, el 18 de agosto de 1955 en El Sauce, departamento de León.

El general Corral fue llevado a la plaza frente a la iglesia de Granada. La madre e hijas de Corral rogaron en público clemencia a Walker, pero sus súplicas no fueron atendidas.

Corral pidió que sus verdugos no fueran del bando democrático de León, sino más bien soldados de Walker, y así fue.

El historiador Alejando Bolaños Geyer, en su libro William Walker, el Predestinado, páginas 115-119, escribe así:

“En los ojos del pueblo de Granada, Corral (mulato, hijo de esclava) era excelente persona. Pero en la corte no estaba el pueblo de Granada sino los norteamericanos esclavistas del ejército de Walker…

“Recibió los ruego de los extranjeros residentes en Granada; del clero; de los notables, del padre Vijil, de las hijas de la víctima y su mama Goyina, hincadas de rodillas con los brazos en los cielos implorando por la vida de Corral…

“Walker por fin ordenó posponer la ejecución hasta el mediodía a las 2PM, a cuya hora el 18 de noviembre de 1855 un pelotón de fusilamiento, al mando del cojo Charles H. Gilman, fusiló a Corral”.

(En la Biblioteca Virtual del expresidente de Nicaragua, don Enrique Bolaños, se puede ver un dibujo en el cual aparecen las hijas del general Corral arrodilladas en la plaza pública de Granada, rogando en vano a Walker no ejecutar a su padre).

El autor es historiador y miembro de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

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