PJChC y el Ejército

El 2 de septiembre de cada año se conmemora oficialmente el Día del Ejército Popular Sandinista (EPS), que ahora se llama Ejército de Nicaragua. Esta celebración fue establecida en septiembre de 1982 por el Consejo de Estado y la Junta de Gobierno de la primera dictadura del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

En los primeros años del gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro, el Ejército dejó de llamarse Popular Sandinista y pasó a ser de Nicaragua. Así fue establecido en la Constitución Política de la República mediante la reforma constitucional de 1995.

El investigador estadounidense J. Mark Rhuhl, señala en su libro Ejércitos y democracia en Centroamérica: una reforma incompleta, que el gobierno de doña Violeta “aceptó al EPS y la jerarquía militar existente como la única fuerza armada legal, a cambio del acuerdo de los militares de reducir su tamaño y transformarse en un ejército profesional apartidista legalmente subordinado a la autoridad civil. Cesó el adoctrinamiento político dentro del EPS y los miembros de las fuerzas armadas, incluyendo al General Ortega renunciaron todos a las posiciones que tenían en el Frente Sandinista”.

El proceso de institucionalización democrática del Ejército continuó desarrollándose exitosamente, aunque no exento de dificultades, durante los gobiernos de Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños. Hasta que Daniel Ortega recuperó el poder en enero de 2007 y comenzó a instalar su nueva dictadura, así como a revertir el proceso democrático también en el Ejército de Nicaragua y en la Policía Nacional.

Ortega no se atrevió —o mejor dicho, no se ha atrevido— a renombrar oficialmente al Ejército como Popular Sandinista. Pero así es que lo ve la población y quedó demostrado cuando la rebelión democrática de abril de 2018 y la sangrienta represión desatada por la dictadura. El Ejército no participó de manera abierta y directa en aquella represión, pero se cuadró sumisamente ante los dictadores, en vez de ponerse del lado del pueblo y ayudar a resolver la crisis sin más derramamiento de sangre de hermanos nicaragüenses.

Sin embargo, el Ejército de Nicaragua aún podría desempeñar un rol positivo para la recuperación de la democracia y de su propia institucionalidad. Al respecto vale recordar la posición aleccionadora del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal ante la Guardia Nacional, que era el Ejército de Nicaragua en tiempos del somocismo.

“Si el Ejército, liberado de la férula somocista que lo ha sometido como a todos los nicaragüenses, fuera verdadero garante de un proceso electoral digno, dentro del cual tuvieran iguales oportunidades todos, subsistiría en la historia, como una institución no solo permanente sino prestigiada y querida por el pueblo”. Esto lo escribió el doctor Chamorro en el editorial de LA PRENSA del 16 de noviembre de 1966, titulado “El Ejército y Las Milicias”.

Si el Ejército, dijo también el doctor Chamorro Cardenal, “evitara ser fuente de poder político, y quisiera únicamente representar el papel de juez serio y brazo respetuoso del poder civil, se ganaría la buena voluntad de quienes desean una Nicaragua tranquila, en donde se trabaje para el posible mejoramiento económico y social de los más desheredados”.

Vale la pena reflexionar sobre estos conceptos magistrales del Mártir de las Libertades Públicas, considerar su validez y oportunidad en las actuales circunstancias históricas. Y ojalá que también reflexionaran sobre esto, los militares que no quisieran pasar a la historia odiados por el pueblo, como le ocurrió a la Guardia Nacional de los tiempos de los Somoza.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí