En el mes de la Patria

En el mes de septiembre se conmemoran en Nicaragua varias efemérides y otros acontecimientos señeros que han quedado perpetuados en la memoria nacional.

Entre los acontecimientos históricos de septiembre destacan la Independencia Nacional del 15 de septiembre de 1821; el Pacto Providencial adoptado el 12 de septiembre de 1856 por los partidos políticos de Nicaragua, para combatir juntos y derrotar a las fuerzas armadas filibusteras encabezadas por William Walker; y la icónica Batalla de San Jacinto del 14 de septiembre de 1856, que según reflexiona el historiador Humberto Belli en su libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019—, aunque fue una batalla secundaria “su impacto psicológico fue enorme, causó desconcierto entre los filibusteros y tuvo un efecto electrizante en levantar la moral de las tropas aliadas”.

Esos hechos históricos junto con los valores culturales son símbolos de la identidad nacional de los nicaragüenses, están por encima de las diferencias étnicas, económicas y sociales y por lo tanto deberían ser sus nexos de entendimiento y unión. Las Fiestas Patrias deberían ser el punto central de convergencia de todos los nicaragüenses, pero en la realidad no es así, y en la actualidad menos que en cualquier otro momento histórico de la nación, en particular desde los años ochenta del siglo pasado.

Los nicaragüenses están actualmente separados por una muralla de intolerancia y odio de unos a otros, que haciendo honor a la verdad histórica ha sido levantado por quienes detentan el poder y para defenderlo a sangre y fuego perpetraron una espantosa matanza humana en 2018. Para ellos, los verdaderos nicaragüenses son solo quienes los sostienen en el poder político y los aclaman.

En 1989, cuando el país estaba siendo devorado por una sangrienta guerra civil en la que corría a raudales la sangre de hermanos, los nicaragüenses estaban divididos en dos partes casi exactamente iguales. Así lo anotó Antonio Lacayo en su libro La difícil transición nicaragüense, basado en datos de una encuesta seria confiable hecha por una firma costarricense. La mitad de los nicaragüenses se declaraba sandinista y odiaba a quienes no lo eran, pero la otra mitad los rechazaba de manera categórica. De hecho lo que había en Nicaragua no era una comunidad nacional, sino dos conglomerados humanos hostiles que se odiaban a muerte.

Doña Violeta Barrios de Chamorro promovió pacientemente la reconciliación nacional y tuvo que vencer enconadas resistencias, pero al final logró un gran avance en el entendimiento de las dos Nicaragua que encontro al asumir la presidencia de la república en abril de 1990.

Lamentablemente, poderosas camarillas políticas corruptas, ambiciosas y excluyentes, descarrilaron el tren de la reconciliación nacional y la transición democrática. De manera que ahora los nicaragüenses están casi como al principio, solo que con la esperanza de que al salir de la dictadura actual podrán ser de nuevo una sola nación, celebrar unidos las Fiestas Patrias y usar la Bandera Nacional como símbolo de fraternidad y de unión, no como un arma de lucha de unos contra los otros.

Editorial Batalla de San Jacinto william walker archivo
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