El investigador político salvadoreño Luis Mario Rodríguez R., emplea el concepto de partidos políticos líquidos “entendiendo por tales aquellos que, al igual que la sociedad líquida de Bauman, carecen de valores sólidos y caminan al mismo ritmo con el que lo hacen los ciudadanos que no tienen tiempo de reflexionar”.
Rodríguez es director de Estudios Políticos de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (Fusades), un centro de estudios e investigaciones socio-económicas que equivale a la Fundación Nicaragüense de Desarrollo Económico y Social (Funides) de Nicaragua.
El concepto de “sociedad líquida” que menciona el investigador salvadoreño y lo aplica a los partidos políticos, fue creado por el sociólogo y filósofo polaco-británico Zygmunt Bauman (nació en Poznan, Polonia, el 19 de noviembre de 1925, falleció en Leeds, Inglaterra, el 9 de enero de 2017). Bauman desarrolló la tesis, que tuvo mucha aceptación en todas partes del mundo, de que la sociedad actual se encuentra en una situación fluida y volátil, sin valores demasiado sólidos como los de antaño, porque la incertidumbre causada por la vertiginosa rapidez de los cambios de todo orden ha debilitado notablemente los vínculos humanos. De manera que, aseguró el filósofo ya desaparecido, lo que antes eran nexos poderosos entre las personas ahora son lazos provisionales y frágiles.
La aplicación del concepto de Bauman a los partidos políticos que hace Rodríguez R. se refiere a los de El Salvador.
Sin embargo, se puede aplicar también a los partidos políticos de Nicaragua y en general a los de todas partes donde existe y funciona el sistema político partidista, ya sea de manera libre o restringida. Donde no puede tener aplicación es en los países de sistema político dictatorial, monopartidista o de partido único, como es el caso de Cuba, donde por fuerza de ley e inclusive por disposición constitucional, solo tiene derecho de existir el partido comunista que detenta el poder total, del Estado, del gobierno y de la sociedad en todos sus sectores y dimensiones.
El problema de los partidos que se han vuelto líquidos por el debilitamiento de sus principios ideológicos, valores éticos y compromisos con la sociedad y con los ciudadanos, y en algunos casos los han perdido del todo, es en países donde esas instituciones políticas son indispensables por ser intermediarias entre la voluntad de los ciudadanos manifestada electoralmente, y el poder del Estado. Y contribuyen a la formación y el ejercicio del poder político participando en las elecciones y demás mecanismos de consulta e involucramiento cívico, donde los hubiera.
A estos partidos, dice el investigador político salvadoreño, “les cuesta contrarrestar la construcción de un discurso que no aterriza porque persigue generar emociones y no atiende la razón. Este es un campo en el que los partidos deben capacitarse y aprovechar la inmediatez con la que la gente puede acceder en tiempo real a la información. No hacerlo significa perder la oportunidad de ejercer controles sociales sobre el gobierno y de estrechar la brecha con los futuros electores”.
Este enfoque es generoso con los partidos. Para otros analistas los partidos en general no solo se han vuelto líquidos, sino que ellos mismos se han liquidado con sus desaciertos, desvinculación con la gente y la corrupción.