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Lionel Messi ha sido una novedad tan placentera, extendida y deslumbrante, que su huella permanecerá para siempre en la memoria, se vaya o se quede en Barcelona.
El futbol se ha convertido en un símbolo de nuestro tiempo. Ha traspasado los países y continentes, en gran parte gracias a su profusa difusión que ha acercado a la gente a los más distantes clubes.
Pero también gracias a Messi, cuya dinámica, versatilidad y elaboración futbolística, transportó a este deporte al universo de los sueños y lo ha sostenido ahí con una consistencia admirable.
Messi no es el futbol, pero el futbol no es igual sin Messi. Y eso lo sabrán pronto en Barcelona, donde los desaciertos de la directiva, han precipitado su salida hacia un destino aún no conocido.
Movido por un imponente espíritu competitivo, un tobillo eléctrico y una cintura de hule, Messi pulverizó el escepticismo relacionado con su físico y alcanzó la cima en la que se ha mantenido.
Y a través de un divertida pericia, su éxito ha sido inmenso, pero su influencia aún mayor, al extremo de provocar un punto de inflexión en la historia azulgrana por donde han pasado enormes figuras.
Messi es mucho más que 33 títulos, 633 goles y seis Balones de Oro. Hizo mejor al futbol con una mezcla de exquisitez y poderío, hasta alcanzar su canonización más allá de este deporte.
Un jugador con clase, ritmo, habilidad y potencia, que además actúa dentro y fuera del campo con naturalidad y coherencia, ajeno de toda vanidad y alarde, le hizo mucho bien al futbol.
Y sin embargo, desea irse del Barcelona porque necesita respirar nuevos aires, vivir otros ambientes competitivos y zafarse de un entorno afectado por una directiva errática en sus maniobras.
Ciertamente el Barcelona necesita renovarse, pero algunos pensábamos que Messi era parte de la solución y no del problema, como aparentemente ha sido visto por los directivos.
A Messi se le asocia con el Manchester City, donde podría reencontrarse con Pep Guardiola y jugar junto a Sergio Agüero; el Inter de Milán o la Juventus de Turín, pero aún no se sabe.
Lo cierto es que ha dicho que no desea continuar en el Barsa y todo indica que ya no hay marcha atrás, lo que deja un mal sabor de boca por la forma en que se da su salida.
Es claro que el deportes es sobre todo negocio y que ningún jugador está encima de la institución, pero a una figura del calibre de Messi no se le deja ir así. Había que hacer más para retenerlo.
Messi es la más genial aparición en el futbol desde los días de Maradona y quiérase o no, su nombre será pronunciado en línea seguida junto a Diego y Pelé, y cualquier otro astro del juego.
A lo mejor marcharse es lo que conviene más a Messi y también al Barcelona. Y aunque por ahora se vea como un final triste, a lo mejor con los años se convierte en un final perfecto.
Sigue a Edgard Rodríguez en Twitter: @EdgardR
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