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El bayern le propinó la peor paliza en la historia de Europa al Barcelona. LAPRENSA/AFP

¡Humillación total! El Bayern de Múnich destroza a un Barcelona fantasmal

Un Barcelona de barniz ocultaba su esqueleto muerto, hasta que el huracán llamado Bayern de Múnich los desnudó. ¿Vieron lo que pasó? Aún los azulgranas no se dan cuenta. Fue tan grande el golpe, la humillación, que están atontados

Un Barcelona de barniz ocultaba su esqueleto muerto, hasta que el huracán llamado Bayern de Múnich los desnudó. ¿Vieron lo que pasó? Aún los azulgranas no se dan cuenta. Fue tan grande el golpe, la humillación, que están atontados.  Díganselos en secreto, susúrrenles a los oídos. Estaban muertos aunque aún caminaran. Un enorme equipo alemán encontró en la presión alta y constante, en la velocidad frenética y desequilibrante, la lumbrera para golear 8-2 a la tropa de Setién.

El Bayern no conoce primera, arrancó su motor en quinta, como de costumbre en Alemania: sin límite de velocidad. Su técnico Hans Flick apostó por adelantar las líneas, evitar la salida del Barcelona y atacar de forma directa, utilizando los costados para luego encontrar a Lewandowski. Al minuto 4 ya ganaba 1-0 por gol de Thomas Müller, tres minutos después, un desliz de Alaba provocó el autogol del empate. De repente, el Barsa atacó con Messi y Suárez en llegadas de peligro. Había un precio en la estrategia alemana, pero era un riesgo que valía la pena pagar, como el boxeador que le guste el choque, siempre recibe golpes, pero termina noqueando. Así fueron los teutones. Al 22′, Perisic anotó el segundo, al 27′ Gnabry y al 30′ Müller sumaba su doblete. Ter Stegen parecía estar en una prueba de tiro, recibiendo balas por doquier.

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Lo impresionante del Bayern es que supieron mantener el ritmo, esa adrenalina de presión y ataque constante durante la segunda parte. Descontó el Barsa con Luis Suárez y un desborde de Davis encontró a Kimmich para el quinto. La respuesta de Setién a la debacle fue la incorporación de Griezmann y Ansu Fati, pero un equipo acostumbrado a tener la pelota no puede hacer nada más que mirar al cielo y pedir clemencia cuando no la tiene. Más delantero al campo, sin embargo son nada si no existe nadie con la capacidad de distribuir balón.

En la recta final Flick apostó por Coutinho, quien llegó a terminar de incendiar a su exequipo. Asistió en el sexto gol a Lewandowski y se encargó él mismo del séptimo y octavo. Este encuentro fue el epílogo del derrumbe de una estructura, empezando por sus dirigentes, las elecciones del banquillo y las decisiones de Setién. La única columna que sostenía a los culés era Messi, y el argentino no es Atlas con la capacidad de sostener el mundo en su espalda. Cuando el árbitro le puso fin a la humillación, de ese barniz inicial solo quedaba el olor, a muerto. El Bayern avanzó a semifinales de la Champions League.

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