A juzgar por los comentarios en los medios de comunicación y las redes sociales, ha causado mucha inconformidad la decisión del régimen de Daniel Ortega de cobrar en dólar los servicios migratorios nacionales.
Economistas independientes y dirigentes empresariales, consideran que esta es una muestra de la “voraz recaudación” del gobierno para hacer frente a sus desmedidas necesidades de financiamiento, cuando la economía nacional está en depresión y avanza a la depresión, y el gobierno carece de financiamiento externo.
En realidad, la economía de Nicaragua está dolarizada de hecho desde 1993, cuando se comenzó a poner en práctica el sistema de deslizamiento cambiario mediante el cual los precios se calculan en dólar, pero las transacciones se hacen en córdoba que es la moneda nacional. Con este sistema el córdoba se devalúa de manera lenta pero inexorable, en perjuicio de los consumidores y sobre todo de los trabajadores asalariados, que en su gran mayoría son pagados en córdoba sin mantenimiento de valor.
Al aprobarse en la Asamblea Nacional de la dictadura la ley para cobrar en moneda de Estados Unidos (EE. UU.) los servicios migratorios nicaragüenses, el martes 4 de agosto, los diputados del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) trataron de oponerse. Pero sus débiles voces críticas y de protesta fueron sofocadas sin contemplaciones por la poderosa e implacable aplanadora sandinista. El jefe de bancada de dicho partido, diputado Maximino Rodríguez, lo único que pudo hacer fue ironizar diciendo que “si el presidente de los pobres (en alusión a Daniel Ortega) quiere cobrar en dólares, estoy seguro de que a la clase trabajadora le encantaría que le paguen (sus salarios) en dólares”.
En realidad, Daniel Ortega en sus discursos no deja de atacar con virulencia a EE. UU., al que califica como una malvada potencia imperialista que según el dictador agrede al pueblo nicaragüense. Pero al mismo tiempo Ortega le rinde culto al dólar, la moneda estadounidense, como a un becerro de oro, y ni siquiera se esfuerza por disimularlo.
Lo cierto es que nunca como durante la primera dictadura sandinista, en los años ochenta del siglo pasado, y ahora con la nueva dictadura sandinista en su versión orteguista, el córdoba como moneda nacional ha sido tan devaluado y menospreciado por los codiciosos gobernantes.
Cabe recordar —como una reminiscencia histórica— que el córdoba fue establecido como moneda nacional el 20 de marzo de 1912, durante el gobierno del presidente conservador Adolfo Díaz, mediante un decreto de la Asamblea Nacional Constituyente que funcionaba en ese tiempo.
Conforme a aquel Decreto se emitieron monedas de diez, cinco, uno y medio córdoba, así como de diez, cinco, uno y medio centavo. El cambio oficial era de un córdoba por dólar estadounidense y se habló entonces de acuñar monedas de córdoba en oro, pero la idea fue desestimada por temor a que fueran fundidas para hacer alhajas. De manera que finalmente solo se acuñaron monedas de córdoba en plata.
En cuanto al apego de Ortega al dólar de EE. UU., algunos dicen que es una contradicción con su discurso socialista.
Pero no hay ninguna contradicción. El socialismo real, ahora castrochavista u orteguista, es una impúdica bandera de sus líderes para enriquecerse al amparo del poder absolutista.