Guardé mi pluma los dos últimos años viendo acontecimientos que en mis 67 años nunca vi, se cumplieron los presagios de mi abuela: “hijo vos vas a ver cosas que mi generación ni siquiera nos imaginamos”. Ella nació en 1899. ¡Cuánta razón tenía!
La pandemia del Covid-19 es una seña de que el mundo no está preparado para lo que se avecina. El doctor Pablo Ramírez, experto en energía y clima de Greenpeace, concedió una entrevista al portal “Sin embargo”. Analizando esta entrevista y los conceptos vertidos por él, extraje que su preocupación es que “por la forma en que las organizaciones rectoras de la salud a nivel mundial y regional (OMS y OPS), así como los gobiernos han enfrentado la pandemia, el mundo no está preparado para enfrentar las crisis climatológicas catastróficas que se nos vienen en un futuro cercano, como el “Cisne Verde”. Este término fue usado primeramente por el BPI (Banco de Pagos Internacionales) para referirse a remuneraciones a eventos producidos por el Cambio Climático. Este término a su vez está relacionado a Cisne Negro, expresión que se usó en el 2008 para referirse a eventos que no estaban pronosticados y que habían impactado la economía mundial.
Muchos biólogos, virólogos y científicos de renombre internacional han afirmado que el Covid-19 está relacionado con el tráfico de especies y el uso indiscriminado de la fauna silvestre. La destrucción del hábitat natural y la invasión de los ecosistemas, hacen que las especies se desplacen, animales como el murciélago, las ratas, las serpientes, se ven obligados a permanecer en ciudades y sus periferias y esto aumenta la transmisión de enfermedades, tal como se cree con el Covid-19 y una especie de murciélago.
Para todos los profesionales ligados con la vida y el ambiente es sabido que el calentamiento global está derritiendo aceleradamente Groenlandia y que su rapidez supera en seis veces el derretimiento de la Antártida. Este paso del agua del estado sólido al líquido va a exponer a miles de microorganismos que llevan ahí millones de años enterrados y que desconocemos totalmente porque nunca se han estudiado. Con mucha seguridad se encontrarán hongos, bacterias, virus, rickettsias, etc. Cuando estos microorganismos se lleguen a liberar no tenemos ni la menor idea de lo que va a pasar, porque son microorganismos antiguos con los que nunca hemos convivido.
En la actualidad no está demostrado que el Covid-19 está relacionado con el Cambio Climático, pero sí nos demuestra que no estuvimos ni estamos preparados para esta situación que tarde o temprano tendremos que enfrentar, si no en esta generación dentro de dos o tres y debemos ser previsores.
Lo que viene después de la pandemia es algo que no se puede predecir, pero sí estoy seguro de que lo que viene va a afectar el clima de nuevo, los países y sus empresas van a querer recuperar el tiempo que dedicaron a combatir la pandemia, el regreso de la producción en todas sus facetas y el ánimo de estabilizar las economías con el aceleramiento de las jornadas laborales, conllevará a vaciar en la atmósfera cantidades alarmantes de gases contaminantes y esto traerá sin lugar a dudas mayores consecuencias en más y mayores desastres naturales, escasez de recursos hídricos, pérdidas de cosechas y enfermedades relacionadas con el cambio climático como el dengue, que también representan un riesgo para la humanidad.
Son alteraciones y modificaciones que no son reversibles y que pueden pasar y controlarse como el Covid-19. Estas alteraciones son más difíciles y peligrosas y la única arma que tenemos para contrarrestarlas es el Acuerdo de París y cumplir sus mandatos. Entre los más importantes está bajar la temperatura en 1.5 grados para llegar a la temperatura de la era preindustrial, es decir la temperatura a finales de 1800, la tendencia actual indica que a finales de siglo vamos a estar 4.5 grados arriba.
Si esto se cumple, se avecinaría un colapso ecológico, donde los daños serían catastróficos y lo peor, estos fenómenos se volverían periódicos donde usemos en solo día lo que el planeta tarda en regenerar dos o tres años.
La pandemia, dentro de todo lo malo, ha dado un respiro al planeta, pero nada en nuestra estructura social ha cambiado. Hagamos conciencia y tengámosle piedad a nuestra casa común, no soy alarmista, pero mi responsabilidad como profesional, padre y abuelo me mueven a dar una alerta en este mar embravecido, porque lo que se nos viene es serio y debemos estar preparados. No lloremos mañana, si no actuamos hoy ahí será el llanto y el crujir de dientes.
El autor es ingeniero.