Ante la indolencia del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo frente a la pandemia del coronavirus, que está en la fase de rápido ascenso y mayor expansión, 34 asociaciones de médicos nicaragüenses han llamado a toda la población a ponerse en cuarentena voluntaria.
Recomiendan que esta medida de urgencia sea por tres o cuatro semanas; y llaman también a la empresa privada a cesar sus actividades y cerrar los negocios en ese mismo período. Esto es indispensable, dicen las asociaciones de médicos nicaragüenses, para reducir el impacto del contagio en la población y evitar consecuencias más catastróficas.
Los médicos advierten de manera clara y enfática, que habrá mayor pérdida de vidas humanas “si de parte de las autoridades correspondientes se continúa negando la situación y no se toman con urgencia medidas de lucha antiepidémica y a gran escala, para intentar contener el avance de la pandemia”.
Pero Ortega y Murillo no tienen sensibilidad humana ni responsabilidad política para oír y atender este sensato llamado de los médicos. No les interesa escucharlo, pues lo que han hecho hasta ahora ha sido lo contrario: ayudar irresponsablemente a la expansión de la pandemia, entre otras cosas con la promoción de actividades políticas y sociales masivas.
Analistas que fueron miembros del Frente Sandinista y ahora son disidentes, y dicen conocer bien la mentalidad y modo de actuar de Daniel Ortega porque durante mucho tiempo estuvieron a su lado y compartieron su ideología y sus prácticas políticas, aseguran que su actitud ante la pandemia es deliberada, que se debe a fríos cálculos estratégicos. De esta manera Ortega supuestamente pretende facilitar su objetivo primordial, que es retener el poder político al costo que sea, como se lo recomendaba el siniestro Tomás Borge.
Se trataría, en este caso, de la aplicación de una vieja regla política de la extrema izquierda, de que cuanto peor vayan las cosas para el país y la gente, mejor para la causa revolucionaria.
El origen de esta máxima política extremista está en la obra ¿Qué hacer? de un eminente revolucionario ruso del siglo XIX llamado Nikolai Chernichevsky, escrita y publicada en el año de 1863. De ella tomaría Vladímir Ilich Lenin algunas ideas fundamentales y hasta el título de su folleto clásico sobre la organización y estrategia del partido bolchevique (comunista), que escribió a principios del año 1902 y tituló igualmente: ¿Qué hacer?
En la actualidad, “revolucionarios” como Daniel Ortega al parecer entienden y aplican aquella vieja tesis extremista de origen ruso, en el sentido contrario. No como que las condiciones miserables de vida impulsan a la gente a la rebelión, sino que, al permanecer sometida y en pobreza extrema, es incapaz de reconocer sus derechos y luchar por ellos, conformándose con sobrevivir de las dádivas de “los de arriba”, sin conciencia ni ánimo para alzarse contra sus opresores.