Cada cabeza está poblada por ideas que tienen efectos, por eso hay que aprender a identificar las ideas buenas de las malas, las primeras son capaces de despojarnos de viejos paradigmas, de dotarnos de una identidad genuina y fundar proyectos de vida que se proyectan como un triunfo social cuando se multiplican. Las malas ideas pueden conducirnos al suicidio colectivo, a la creencia nociva de la polarización, a la pérdida de la confianza y a la bancarrota moral de todo un país.
Por eso, creo firmemente en una educación de calidad como antídoto para derrotar el totalitarismo, los prejuicios, supersticiones y afianzar la promoción del conocimiento que con reglas claras del juego se traducen en riqueza y prosperidad.
Es a través del debate de las ideas que se aprende a interiorizar la cultura del diálogo, el respeto por la diversidad y la tolerancia, en un entorno donde se garantiza los derechos individuales. Cuando perdemos esos valores incubamos el lenguaje de la violencia.
Hay escritores e intelectuales que sin hacer un solo disparo, sus ideas los convirtieron en criminales en serie, porque influenciaron la realización de las más temibles revoluciones, algunos con “buenas intenciones”, pero de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno.
Al respecto, el científico Richard Dawkins, en su libro El Gen Egoísta plantea lo que denomina su teoría “memética” que usa por su similitud fonética con la palabra “genes” y su parecido con la palabra “memoria” referente a imitación. El meme sería una “unidad de cultura” (una idea, creencia, patrón de comportamiento, etc.) que se “hospeda” en la mente de uno o más individuos y que puede reproducirse a sí mismo, saltando, por tanto, de mente a mente y transmitiéndose por generaciones.
Por eso es muy común ver en las redes sociales los famosos memes que viralizados traen sus dosis de contenido ideológico, puesto que la nuevas formas de influencia sobre el comportamiento humano tendrán su campo de batalla en el mercado de las ideas, serán ofertados en el mundo virtual que podrían materializarse en el mundo real.
Podemos reconocer cómo el “ADN viral” es el código genético del marketing, este se ha identificado como la característica fundamental de una idea que, como virus, puede ser compartida por un usuario y luego compartida sucesivamente por otros, hasta crear una tendencia o visibilidad colectiva.
Asimismo, cuando hay tensión social, según los expertos en seguridad, podría escalar a una “Guerra de Cuarta Generación”. Generalmente este tipo de conflicto se caracteriza por el uso de medios de comunicación masiva y los sofisticados recursos tecnológicos para influenciar la opinión pública.
Por lo tanto, las ideas son indispensables para establecer marcos de referencia que conllevan a la interpretación de una realidad y como resultado de la batalla de estas, las que se imponen podrían materializar sus aspiraciones en el futuro de una generación.
Por ende, han surgido con gran fuerza en el mercado de las ideas los influencers, twitstars, tiktokers y youtubers, que cada vez tienen mayor influencia en las nuevas generaciones y tratan de moldear e imponer nuevas tendencias políticas, estilos de vida, modas, filosofías, religiones, etc.
Esto abre una gran oportunidad para la cooperación social a través del networking, asimismo, es un desafío por el posible surgimiento de grupos extremistas de carácter político, religioso, cultural e incluso étnico, que podrían generar conflictos.
Bajo este escenario, es vital elevar los estándares educativos de una ciudadanía activa hacia una visión global y tecnológica que permita desarrollar un pensamiento analítico capaz de identificar los nuevos peligros de la libertad.
Porque la demagogia encontrará vehículos con mayor difusión que apelará a emociones y no a razones, la identidad virtual de los nuevos líderes podría ser más importante que el mensaje porque un emoticón dirá más que mil palabras.
Es por eso, que será vital apostar por ideas eficientes que pongan en marcha una cultura de libertad creciente en nuestras sociedades, donde será esencial la responsabilidad individual y la cooperación social para generar consenso no en beneficio de élites sino para fundar una sociedad de individuos libres y responsables, porque “la única forma de cambiar el curso de la sociedad será cambiando las ideas”. (Hayek).
El autor es escritor, académico y asesor empresarial.