Discusiones y opciones en la oposición

En la oposición nicaragüense, tanto la organizada como la dispersa, en el interior del país y la diáspora, hay un intenso debate permanente, a ratos inclusive áspero, alrededor de cómo derrotar a la dictadura y construir un nuevo sistema de vida y de gobierno en el país, que para casi todos los opositores tiene que ser la democracia.

Por su parte, los escasos analistas y comentaristas al servicio de la dictadura se alegran por las contradicciones que hay en la oposición, que a ellos les parecen pleitos de personas y grupos irreconciliables que nunca se entenderán.

Es comprensible que crean y digan eso. Los dictadores y sus secuaces no pueden entender que las discusiones son normales y necesarias entre las personas y movimientos democráticos. Que la discusión es el procedimiento infalible para resolver las contradicciones entre quienes piensan libremente, para ponerse de acuerdo en los complicados temas de la estrategia y la táctica, para adoptar los mejores planteamientos programáticos y tener una clara visión del país después de la calamidad nacional del régimen Ortega-Murillo.

Toda dictadura —pero sobre todo una de orientación totalitaria, como la de Nicaragua—, impone a los suyos el pensamiento único, no permite que nadie piense de manera independiente y diferente, mucho menos que exprese sus propios criterios.

La democracia, en cambio, tanto en su forma de gobierno como en la de organización política, funciona a base del pensamiento libre, la libertad de expresión y la confrontación sin restricciones de las ideas y propuestas diferentes.

Solo aquellos temas de la lucha que por conveniencia táctica y estratégica no deben ser conocidos por los cuerpos de seguridad de la dictadura, se deben de manejar con reserva. Éstos, en silencio tienen que ser, indicó José Martí cuando andaba en campaña contra la dominación española en Cuba.

De manera que mientras en los medios de la dictadura se regocijan por las discusiones y contradicciones en el seno de la oposición, ésta más bien las promueve, porque la lucha por la democracia se libra con talante y procedimientos democráticos. Esto es lógico y comprensible para personas de mente sana. Si el objetivo de la oposición es poner fin a una dictadura para construir o reconstruir la democracia, los problemas de la organización, la lucha y las opciones para alcanzar esos fines se tienen que discutir tanto y tan abiertamente como sea necesario.

En cuanto a las opciones de la oposición, la más importante a nuestro juicio es la electoral, que presupone la lucha por previas reformas electorales sustantivas, incluyendo cambios en el Consejo Supremo Electoral. Eso es indispensable para que las próximas elecciones puedan ser auténticas, o sea libres, transparentes, honestas y observadas por los organismos internacionales pertinentes.

Creemos que la opción principal es la electoral, porque le ahorraría más costos humanos y materiales al pueblo, y porque es la más viable, habida cuenta de que es respaldada por la comunidad democrática internacional, en particular la OEA, la Unión Europea y los Estados Unidos (EE.UU.).

Pero también está la opción que plantean algunos sectores de la oposición, sobre todo en la diáspora, de que no se puede ni se debe hablar de participar en elecciones con Daniel Ortega y Rosario Murillo en el poder; y que lo primordial es constituir un gobierno provisional que sea el eje motivador de toda la movilización nacional e internacional para sacar a la dictadura del poder.

Se trata de una posición respetable. Es de gente demócrata respetar las opiniones y propuestas de los demás, aunque no se esté de acuerdo con ellas. Además, es una riqueza de la oposición tener distintas opciones y que se discutan de manera amplia y abierta. Al final serán los ciudadanos y la práctica los que den la razón a quienes la tienen.

Editorial Crisis en Nicaragua oposición archivo
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