La celebración a la madre es una de las más antiguas de la humanidad. Se viene celebrando desde hace más de 3,000 años.
Se conoce que en la antigua Grecia se honraba a las madres con una celebración religiosa en honor a Rea, madre de Zeus y de los otros dioses primordiales del Olimpo. Por su lado, los antiguos romanos celebraban anualmente las Fiestas de la Hilaria (la alegría, el regocijo), en honor de Cibeles, a la que adoraban como diosa madre de la vida y la humanidad.
Con el advenimiento y expansión del cristianismo, la celebración de la madre en las figuras de las diosas paganas fue sustituida con la de la Virgen María, progenitora de Jesucristo considerada como Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre de todos los creyentes.
En Nicaragua, el reconocimiento a la madre es de siempre pero el Día de la Madre se estableció hace relativamente muy poco. Según una publicación de LA PRENSA del 30 de mayo de 2018, el Día de la Madre se estableció oficialmente en el año 1940, por decreto del entonces presidente Anastasio Somoza García, y fue ratificada en 1956.
El presidente Anastasio Somoza Debayle lo cambió al último domingo de mayo, pero en los años ochenta se restableció a la fecha original.
El Día de la Madre es sin duda la celebración personal, familiar y social de mayor carga sentimental, aquí y en todas partes del mundo. Y aunque algunos regímenes de corte totalitario, como el de Nicaragua en la actualidad, manipulan ideológicamente el Día de la Madre con fines políticos mezquinos, para la gente es su celebración propia e incorruptible.
En este día tan solemne se honra a todas y cada una de las madres nicaragüenses, de todos los estratos sociales. Pero es lógico que el énfasis del homenaje público se ponga en aquellas madres que debido a las circunstancias merecen un reconocimiento especial.
El año pasado honramos en esta sección editorial de LA PRENSA a “las madres heroicas”, apropiándonos de las palabras del sacerdote jesuita colombiano, Alfonso Llano Escobar, de que todas las madres son heroicas porque dan la vida, pero mucho más heroicas son “las que lloran la pérdida de sus hijos a manos inhumanas y asesinas”.
Reflexionamos entonces, que las palabras del padre Escobar parecían escritas para las madres de Nicaragua que perdieron a sus hijos, “a manos inhumanas y asesinas”, en la masacre perpetrada por la dictadura el 30 de mayo de 2018 y en toda la represión de la rebelión de abril y las protestas pacíficas que le siguieron.
Pero también honramos a las madres dolorosas, decimos ahora, que son todas las que perdieron a sus hijos en la represión y las que ahora los han perdido por la pandemia, cuya consecuencia mortal es aumentada por la negligencia criminal de la dictadura. Y dolorosas son, igualmente, las madres que por cualquier otra causa han perdido a sus hijos. A todas ellas, sin excepción, les rendimos en este Día de la Madre el homenaje de respeto, admiración y cariño que mucho se lo merecen.