Todos los países del mundo, tienen un modelo económico, al que siguen en su proceso de producción y de trabajo. Los modelos económicos son diversos, y responden fundamentalmente a la inteligencia y visión del desarrollo que sus líderes económicos posean.
En Nicaragua, el modelo económico con el que han desarrollado, sostenido y empobrecido a su población, ya no sirve, ya es obsoleto, esta fuera del tiempo y del adelanto regional y mundial.
Tradicionalmente hemos considerado que el modelo económico nicaragüense, tiene su mayor respaldo en los recursos naturales. No paga el agua, no paga por deponer los desechos de su producción, no es sostenible la permanencia de la fuerza de trabajo, la usa de manera temporal; no agrega valor a su producción, vende materias primas únicamente, los precios de sus productos son estimados en el exterior, su producción es dependiente de insumos agrícolas importados.
El estudioso economista Luis Gustavo Murillo Orozco, afirma: “Nicaragua ha replicado distintas formas de modelo económico, desde el agroexportador, pasando por el de sustitución de importaciones, profundizando el neoliberalismo, ensayando el llamado Socialismo del Siglo XXI hasta llegar a un modelo caracterizado por la alianza gobierno-gran capital que entró en crisis a partir de abril 2018”
En resumen, el modelo económico en que Nicaragua trabaja en los últimos cien años, es empobrecedor, desigual y excluyente. Y, uno se pregunta: ¿Por qué los empresarios y productores continúan con este modelo económico?
Sencillo, como el mismo es excluyente, los dueños de los medios de producción (tierra, maquinaria, haciendas, dinero) se enriquecen exponencialmente, mientras que los vendedores de fuerza de trabajo se empobrecen sostenidamente.
Lo grave ahora, es que este modelo económico ya no da para más. Ha concluido su tiempo, es arcaico, está fuera de tiempo y de competencia comercial. Con una actividad de producción dependiente, nada competitiva, y con un modo de producir vetusto y costoso, no va Nicaragua a salir de la pobreza, la dependencia y la miseria. Por el contrario, este modelo lo que produce es serias contradicciones en las relaciones sociales de producción, y los nicaragüenses no tendrán paz nunca, mientras no cambien su modelo económico.
Ya es hora, desde hace mucho tiempo ya era hora, de una reconversión productiva y del modelo económico. Propongo que el nuevo modelo debe considerar tres principios claves:
Primero, que deje en paz los recursos naturales y el ambiente.
Segundo, que promueva una cultura del ahorro nacional e individual.
Y tercero, que el 40 de sus inversiones sean en tecnología y en las ciencias electrónicas.
El autor es Sociólogo e Investigador Social.