En las ubérrimas tierras de San Rafael del Norte de Nicaragua, hay un templo dedicado al Dios de los cristianos y en una de sus paredes benditas aparece una pintura que los parroquianos sencillos llaman “La profecía”. Dicho cuadro es producto de la inspiración de un austríaco, Johan Fuchs Holl, que como muchos foráneos allá por los años 40 del siglo pasado, visitó nuestro país y se enamoró de él.
Johan nos dejó como legado de su bucólica aventura esa obra misteriosa que tituló “La Tentación” en la que aparece Satanás, el mandamás del infierno, tentando a Jesús de Nazareth en el Huerto de Getsemaní, pero que como expresamos anteriormente el pueblo en su innata sabiduría la ha bautizado como “La Profecía”.
El Satanás o Lucifer que pintó Fuchs hace 53 años, es tal como aparece reflejado en el lienzo la viva imagen del comandante Daniel Ortega, que para desgracia de muchos nicaragüenses hoy en compañía de su digna esposa, la Rosario Murillo, presiden los destinos de nuestra infortunada nación.
Le pregunté a un sanrafaelino, Marcos Sirias Lanuza, que me encontré en el parque de La Merced, lugar donde nos congregamos los nicaragüenses en el exilio en San José, sobre la razón por la que le habían cambiado el título al cuadro fatídico y esto me contestó:
“Porque para nosotros, además de que tiene un enorme parecido el diablo de la pintura con el comandante, lo que están haciendo los Ortega Murillo con Nicaragua solo puede ser obra de Satanás. Para no ir más lejos, después de todas las tropelías y atrocidades que han cometido en contra de nuestro pueblo, mire usted lo que están haciendo ahora con la pandemia del Covid-19 (coronavirus). Hacen todo lo contrario a lo que manda el sentido común y los organismos internacionales en materia de salud”.
Sea cierta o no la profecía, no podemos seguir siendo gobernados por una pareja de irresponsables que mandan al matadero —como si fuera ganado— a los más pobres de nuestra población, especialmente a los empleados públicos que los obligan a marchar con grave riesgo para su salud.
Está plenamente demostrado que lo único que le interesa a la familia Ortega-Murillo es seguir usurpando el poder, para seguir enriqueciéndose a costa del sacrificio y del sufrimiento de la gran mayoría de los nicaragüenses. Por lo que el Ejército y la Policía, también deben de aprovechar esta oportunidad que se les ofrece para reflexionar, poniéndose al lado del pueblo en sus justas demandas de justicia, progreso y libertad.
El autor es periodista y secretario general de la Asociación de Nicaragüenses en el Extranjero (ANE).