Recientemente vi una entrevista hecha al doctor Roberto Courtney, director ejecutivo de Ética y Transparencia, en las que explicaba acertadamente por qué Daniel Ortega accedería a realizar reformas que permitieran unas elecciones libres, pero que el único diálogo aceptado por Daniel sería en la Asamblea Nacional, porque es la que tendría que aprobar dichas reformas. Además, explicaba la necesidad de que la Concertación Nacional participara mediante los diputados opositores de los partidos opositores.
La presión internacional que tiene Daniel Ortega es muy fuerte y afecta los intereses económicos de él y su familia, su seguridad y su futuro. El Gobierno de EE. UU. le ha ofrecido una escalera de
plata para que pueda bajarse y obtener un “aterrizaje suave”, algo que muchos sabemos pero pocos lo dicen. Así, los nicaragüenses obtendremos una solución pacífica electoral, recuperando la
libertad y la democracia, que no será perfecta, pero que con un nuevo presidente y una Asamblea Nacional de mayoría democrática, podrá ir mejorándose y realizando los cambios necesarios.
Daniel, como sabe que no tiene la mayoría, tratará de dividir a la oposición y, si es posible, lograr que un sector importante no participe y llame a la abstención. Lo peor que puede pasarnos es tener elecciones libres, observadas por todo el mundo, y que legalmente las gane. Daniel Ortega tiene una base que lo respalda, sólida y más grande de lo que se cree, aunque no sea mayoritaria.
Daniel no puede dejar de realizar elecciones libres y negociar los términos con la oposición, porque si no las realiza o no negocia los términos con la oposición o la oposición no participa, esas
elecciones no tendrían legitimidad para ser reconocidas por el mundo, y si las sanciones que ha recibido le han afectado, lo que vendría después sería mucho más fuerte para él, su familia y
quienes lo están apoyando.
Es necesaria la unidad entre la UNAB y la Alianza con los partidos políticos, el Movimiento Campesino (que mantiene un pie dentro y otro fuera) y otros grupos desperdigados. Con partidos
políticos me refiero a los que no están en la UNAB ni en la Alianza; partidos extraparlamentarios como CxL (miembro de la Alianza pero que no lo toman en cuenta), Partido de Restauración
Democrática (que tiene cierta base evangélica), y los partidos parlamentarios que se han opuesto a las iniciativas de ley de Daniel Ortega: el PLC, con 14 diputados; el Partido Conservador (que
debería regresar a su escaño) y Yatama, con un diputado cada uno. Descarto al PLI, Alianza Liberal y APRE porque se han sumado a la bancada sandinista.
Daniel no va a negociar fuera de la Asamblea Nacional. Si la UNAB y la Alianza desean participar e influir en las negociaciones sobre las reformas electorales, lo más acertado es integrarse en una
Concertación Nacional con toda la oposición, incluyendo a los partidos, como les ha pedido la comunidad internacional. De esa manera, los 16 diputados opositores llevarían y defenderían en la
Asamblea Nacional, no sus propias propuestas, sino las propuestas aprobadas por la Concertación Nacional.
Si el PLC, PC y Yatama no se integraran en la Concertación Nacional y negociaran las reformas sin participación del resto de la oposición, el mundo no les reconocería legitimidad. Y si acuden a las
elecciones fuera de la Concertación Nacional, tampoco les reconocerían legitimidad.
Pero esas elecciones tampoco le servirían a Daniel, pues tendría que gobernar un nuevo período con inmensas presiones, incalculables, y un país más empobrecido y tenso “como olla de presión”.
Un escenario muy malo, con su “aterrizaje suave” perdido. Obtendría una victoria pírrica.
Para la UNAB y la Alianza tampoco sería nada bueno; provocarían una gran abstención, pero sería una derrota política no haber sido capaces de aglutinar a toda la oposición y haber desaprovechado la oportunidad de lograr el cambio pacífico mediante un proceso electoral libre, con tantos esfuerzos desperdiciados. El pueblo y la comunidad internacional de un modo u otro les
pasarían la cuenta. Es decir, la UNAB y la Alianza, por una parte, y los partidos políticos y resto de organizaciones opositoras, por la otra, se necesitan mutuamente, ¡de forma apremiante e
imperativa!
El autor es abogado y comentarista político.
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com