Cuando se pide justicia con insistencia, se consigue aquello que se anhela. Jesús enseña con parábolas como la de la “viuda” que insistentemente pide justicia hasta que la consigue (Lc. 18, 1-5), que va de la mano de aquella otra, del “amigo inoportuno” que a medianoche va a su amigo a pedirle unos panes y no cesa en su petición hasta que el amigo se los da (Lc. 11, 5-8).
Las dos parábolas las dijo Jesús con la misma intención: “Les propuso esta parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc. 18, 1). “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá” (Lc. 11, 9). San Pablo exhortaba: “Oren constantemente” (1 Tes. 5, 17).
La gran enseñanza de las dos parábolas es, por tanto: Constancia y perseverancia en todo. Por supuesto, también en la oración. Dos valores humanos y cristianamente necesarios, si queremos conseguir algo en la vida. La viuda del evangelio consiguió que se le hiciera justicia con su capacidad incansable de lucha (Lc. 18, 4-5). El amigo logró que su amigo le diera los panes que necesitaba por su incansable petición (Lc. 11, 7-8).
Los grandes científicos llegaron a descubrir cosas insospechadas en beneficio de la humanidad gracias a su tesón y perseverancia a pesar de los muchos fracasos que sufrieron. Así les ocurrió a Edison, Julio Verne, Pasteur, Einstein… Y es que el éxito en la vida consiste en seguir siempre para adelante. Los únicos que llegan a la meta son los que sudan y echan siempre para adelante, a pesar, muchas veces, del cansancio. La historia de la humanidad no la hacen quienes se dan por vencidos, derrotados o tiran la toalla ante la primera dificultad. Solo la gente con constancia y tesón consigue aquello que se propone.
Hoy da la impresión, por lo difícil que se está poniendo la vida en todos los sentidos, que se está respirando un cierto ambiente de desánimo: Hay muchas voces que dejaron de gritar porque creen que ya sus gritos no se escuchan. Hay mucha gente desanimada y, sobre todo en la juventud porque creen que sus puertas se les están cerrando. Hay mucha gente que se siente sin fuerzas y fácilmente tira la toalla porque se siente agotada. Hay mucha gente que ha dejado de luchar y ha perdido la esperanza hasta en el mismo Dios.
Pero, como dice la Madre Teresa de Calcuta: “Me puedo caer, me puedo herir, puedo quebrarme, pero con eso no desaparecerá mi fuerza de voluntad”.
Dios, muerto Moisés, le dice a Josué: “Sé fuerte y valiente… No tengas miedo ni te acobardes, porque Yahvé, tu Dios, estará contigo adonde quiera que vayas” (Jos. 1, 6.9).
Dios nunca nos dirá “no me molestes”, como el amigo del amigo inoportuno (Lc. 11, 7), sino todo lo contrario: “Pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se les abrirá (Lc. 11, 9).
El autor es sacerdote católico.