En la tiranía Ortega Murillo no existe el espacio y el tiempo humano, únicamente el régimen de terror y de muerte. El calendario del nuevo año del orteguismo será apocalíptico. Contamos con Dios y la resistencia cívica y pacífica, y la comunidad internacional para detener y mitigar la masacre. El mundo civilizado solidario con la libertad y la democratización Azul y Blanco a partir de abril, ha condenado el genocidio de más de quinientas vidas, incluyendo jóvenes universitarios, infantes, miles de heridos, desaparecidos, encarcelados y presos políticos. La policía orteguista y los matones persiguen sin piedad a las familias, cacería que incluye a miembros de las iglesias cristianas, periodistas, profesionales, médicos, defensores de derechos humanos e intelectuales que han optado por el exilio.
“El oficio de pensar es de los más graves y peligrosos sobre la faz de la tierra, bajo la bóveda celeste”, escribió el poeta Rubén Darío, y así es en el desgobierno vil y despótico Ortega-Murillo, respaldado por matones que son expertos en crímenes de lesa humanidad. La orgía de sangre, las violaciones de los derechos humanos han sido documentados por la OEA, la ONU y otros organismos internacionales, expulsados por la dictadura.
La última reunión de la OEA, epílogo del 2018, cruento para Nicaragua, fue crucial para iniciar el proceso de la aplicación de la Carta Interamericana con todas las consecuencias al régimen criminal Ortega-Murillo. La presión interna e internacional y de la diáspora, ha dado sus frutos en la lucha de la justicia y la impunidad. El gobierno de los Estados Unidos ha declarado que Nicaragua en una amenaza para su seguridad y además se aprobó la Nica Act que sin duda socavará los cimientos de la brutal dictadura, condenada a desaparecer en el 2019.
Nicaragua no está sola. La crisis sociopolítica tiene una magnitud que ya no es posible revertirla. Solo hay una opción: el fin de la dictadura Ortega-Murillo. El terrorismo de Estado y la escalada de represión no lo podrá impedir. La represión de la dictadura, que solo es respaldada por Cuba, Venezuela y Bolivia, llegó en diciembre recién pasado, a su máxima expresión con la persecución de las instituciones de derechos humanos y de periodistas independientes que ahora están en el exilio.
La revolución cívica de abril de 2018 no admite negociación, únicamente la salida de los que han cometido crímenes de lesa humanidad que son acreedores a recibir la condena y aplicación de la ley universal.
La CIDH ha establecido con sus investigaciones que no hubo intento de golpe de Estado, sino una gran protesta popular y un levantamiento cívico por los largos años de represión constante. Se avizora un gobierno de transición en el exilio con reconocimiento internacional. El momento histórico llegó.
El autor es presidente del Movimiento Mundial Dariano.