Celebrar el Corpus Christie es hacer comunión: Uniéndonos, lógicamente con el Cuerpo de Cristo, nuestra comida compartida: “El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (Jn. 6, 56). Pero quien se une a Cristo hecho pan, tiene que unirse a su Palabra y su mensaje, queriendo pensar y vivir según Él nos enseña.
En la Última Cena Jesús dice a sus discípulos: “El que crea en mí, hará también las obras que yo hago” (Jn. 14, 12)… “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”. (Jn. 14, 23). No es posible comulgar con el Cuerpo de Cristo sin estar en comunión con la Palabra de Cristo, con su mensaje, con su voluntad.
Por ello, no hay Eucaristía sin Palabra. Eucaristía sin Palabra no es la Cena del Señor. Comulgar con la Hostia Consagrada exige comulgar con la Palabra de Cristo que es la que orienta nuestra vida. Pero, además, quien comulga con el Cuerpo de Cristo y su Palabra, no tiene más remedio que estar en comunión con “todo el cuerpo de Cristo, es decir con todos los hermanos. Así se lo pedía Jesús al Padre en la Última Cena: “Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti… para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn. 17, 21).
Sin comunión con los hermanos no podemos comulgar con el Cuerpo de Cristo y su Palabra. Esto lo entendieron muy bien nuestras primeras comunidades cristianas, como nos lo dice el libro de los Hechos de los Apóstoles: “Asiduamente acudían a la fracción del pan, a la enseñanza de los Apóstoles… Todos los creyentes vivían unidos y ponían todo el común” (Hech. 2, 42-44).
Por tanto, no puede haber comunión con el Cuerpo de Cristo sin comunión con su mensaje y sin comunión con los hermanos.
La Eucaristía, pues, es una triple comunión: comunión con el Cuerpo de Cristo, comunión con su mensaje de salvación y comunión entre todos cuantos la celebramos.
En toda Eucaristía debe notarse que existe esa triple comunión entre quienes la celebran, si quiere ser memorial de la Cena del Señor.
Por eso nos dijo Jesús: “Si, cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano y entonces vuelve a presentar tu ofrenda”, (Mt. 5, 23-24).
Esto fue la Cena del Señor, una fiesta de Comunión con el Pan, con la Palabra de Jesús y con los hermanos y esto es lo que debe ser toda Eucaristía, si queremos que sea un memorial de la Cena del Señor.
El Señor te bendiga
El autor es sacerdote católico.